La familia Gómez-Mangione es conocida no sólo en el mundo del vino sino también en el del AOVE, a lo largo de su cautelosa expansión, desde que en 2014 adquirieron la Finca Bolandín, se puede decir que convierte en oro todo lo que toca. Primero recuperaron y pusieron en valor este viñedo navarro de 136 ha fundando como Pago de Cirsus, ese mismo año incorporaron Bodegas Zifar en la Ribera del Duero y cuatro años después adquirieron Bodegas Irache, una de las más antiguas y emblemáticas de Navarra. En 2021 se lanzaron también a producir AOVE en la acreditada Hacienda Queiles ubicada entre Tudela y Tarazona. Sus artífices, el matrimonio formado por Alejandro y Letizia, ambos ingenieros de profesión, tiene un único objetivo, aprovechar al máximo y de manera sostenible lo que les da la tierra para elaborar vinos y AOVEs de la máxima calidad.
La bodega circular
En Pago de Cirsus todo se aprovecha para mantener la tierra sana y en las mejores condiciones. Cuentan con una represa de 300 millones de litros para almacenar agua y utilizarla en los meses de verano, un sistema de riego por goteo que controla el estrés hídrico monitoreando el clima y analizando todos los datos en tiempo real en cada parcela. Han desarrollado además un sistema de compostaje regenerativo donde incluyen los restos de la poda de la vid, de la jardinería, paja de cereales y estiércoles procedentes de explotaciones cercanas para utilizarlo como fertilizante orgánico en el viñedo.
La esencia del Pago
Este Cuvée Especial es una de las referencias más representativas de la bodega, elaborado con cabernet sauvignon y syrah, cada variedad fue recogida en su momento óptimo que suele ser principios de octubre para la última y final de ese mismo mes para la primera. La vendimia manual en cajas de 15 kg se realiza durante la noche o en las primeras horas de la mañana con el fin de preservar la frescura y calidad de la uva. La fermentación se desarrolla en tinas de roble francés mientras que la crianza, durante 14 meses, se lleva a cabo en barricas, también de roble francés. El resultado es un vino profundamente estructurado, elegante y equilibrado, máxima expresión de la finca de la que proviene, que refleja el concepto de Vino de Pago; origen único, control total de todos los procesos y una identidad definida por su propio viñedo. Se trata de un vino que, guardado en óptimas condiciones, puede disfrutarse hasta 2034.