Distintos por naturaleza, así reza el lema de esta singular cooperativa fundada en Miedes, en 1962 y que reúne el saber hacer de 185 viticultores. Con la mirada puesta tanto en el futuro como en la exportación –sus vinos se disfrutan en 40 países– decidieron unir fuerzas y mejorar sus procesos para, juntos, extraer el alma de cada viñedo. Cuentan con más de 1.000 ha, 350 de ellas en cultivo ecológico, la mayoría garnacha tinta, aunque también cultivan moristel, syrah, tempranillo, macabeo, garnacha blanca y otras minoritarias.
Elaboraciones micro
Para respetar el carácter único de cada viñedo y de cada viticultor, sus instalaciones, ubicadas en la localidad de Miedes con una arquitectura acorde a la zona, se han ido renovando con los tiempos. Salas de depósitos de acero inoxidable y cemento, pero también salas de micro vinificaciones en madera, sala de vinificación de ecológicos y una sala Atelier –para elaboraciones más personales– con depósitos de menor tamaño como ánforas, damajuanas, tinajas, fudres y clayver –gres porcelánico–, además de mesa de selección y embotelladora. El atelier es, de hecho, la última reforma de la bodega, un espacio creativo, para que los enólogos, dirigidos por Juan Vicente Alcañiz, tengan las herramientas para dar forma a vinos parcelarios, auténticos y de terroir. En la vendimia, utilizan el sistema de pirámide de calidad al estilo de Borgoña, clasificando los viñedos de mayor a menor calidad según su ubicación, suelo y microclima específico, y recogiendo cada una en su momento exacto para dar el tratamiento específico requerido.
Un vino singular
Clos Baltasar nace de la necesidad de elaborar un vino único que exprese la personalidad de las parcelas más singulares de la bodega, reuniendo los mejores viñedos de cada añada en una producción limitada. Son viñas singulares ubicadas en lugares recónditos que absorben su entorno: fauna y flora salvajes. Con una edad media de 75 años, las vides seleccionadas se encuentran a una altura de 900 m en suelos de pizarra roja rodeados por vegetación de monte. Se elabora principalmente con la variedad reina de la zona, la garnacha tinta, con pequeños aportes de otras variedades autóctonas y poco conocidas, la moristel, Miguel de Arco y algo de bobal. Se eligió despalillar el 25% de la uva mientras que en el 75 restante se utilizaron los racimos completos para fermentar a baja temperatura en tinas de madera y depósitos de cemento. Para la crianza se combinaron huevos Nomblot –depósitos de hormigón con forma ovoide que facilita el movimiento constante del vino y permite una ligera micro oxigenación en busca de resultados más grasos y redondos– y fudres de roble francés. En sus propias palabras “es el reflejo de la evolución de la bodega, elaborado con las mejores uvas que pueden variar cada añada, por lo que ha evolucionado al igual que nuestro estilo; ahora se muestra floral, continental, mineral, fresco y sabroso”. Es un vino que, guardado en óptimas condiciones, puede disfrutarse hasta 2031.