Viñas del Vero se fundó en 1986 con
dos propósitos claros; elaborar vinos
de calidad con personalidad pirenaica
e impulsar la joven DO Somontano,
creada en 1984. La bodega toma su
nombre de uno de los principales ríos
que recorren la comarca, el Vero,
famoso por sus barrancos, cañones
y gargantas en un paraje de gran
belleza natural marcado por tierras
onduladas, que acogen diversidad de
suelos y variedades de uva.
Con tiento
Con 515 hectáreas en propiedad,
comenzaron a replantar las variedades tradicionales de la región –tempranillo, moristel, garnacha –tinta y blanca– y macabeo– junto a otras de
distintas procedencias –chardonnay,
gewürztraminer, cabernet sauvignon, merlot y pinot noir– que se
adaptan convenientemente a estos
suelos. Apenas un año después de
su fundación adquirieron la finca San
Marcos para construir la nueva bodega que cuenta en la actualidad con
varios edificios. El destinado a oficinas y enoturismo, que data de 1910,
es parte de la historia de Somontano.
En 1992 y 2001 se construyeron sendos edificios de elaboración mientras
que la embotelladora llegó en 1999
logrando otro de sus objetivos principales, controlar desde el viñedo,
la selección en vendimia, la crianza, hasta el embotellado. En 2008 la bodega pasó a formar parte de la Familia de
Vinos González Byass.
Con calma
José Ferrer, enólogo y director, eligió
para la elaboración de este vino los
mejores viñedos propios –plantados
en la década de los 90– ubicados en
tres zonas distantes y, por lo tanto,
suelos de composiciones diferentes. La
vendimia se realizó de forma manual
y selectiva con el fin de obtener únicamente aquellos racimos totalmente
sanos y homogéneos con el punto de
madurez perseguido. Tras proceder al
despalillado en la bodega, las uvas son
refrigeradas y maceran con sus hollejos
durante tres días para, posteriormente,
llevar a cabo fermentaciones suaves y lentas, con el objetivo de extraer el
máximo potencial posible. Cada varietal
se vinifica por separado, sometidos a
varios trasiegos que buscan la limpidez
natural del vino y son, posteriormente,
llevados a barricas, también por separado pues cada uno necesita un tiempo
de crianza diferente. Finalmente, se
decide el ensamblaje definitivo tras una
selección de cada una de las barricas.
El resultado es un vino complejo y elegante, sabroso y largo, que evolucionará positivamente tanto en la copa como
en la botella pues, guardado en óptimas
condiciones, el tiempo seguirá aportando matices hasta 2036.