Fundada en 1986 en la localidad de
Quintanilla de Onésimo, una de las
más apreciadas de la Denominación
de Origen por la calidad de sus suelos
y viñedos, destacó desde su origen
por el inconformismo y la exigencia
que respiraban sus vinos. Esta bodega redefinió la forma de elaborar
bajo nuevas premisas y, sin obviar el
respeto por las raíces, se destaca por
sus vinos innovadores y contemporáneos. Definen las bases de su filosofía
en tres aspectos; el espíritu pionero,
el respeto por el entorno y la marcada elegancia de sus tierras cuyos
viñedos están situados en una de las
zonas más privilegiadas de la región.
Tecnología punta
El edificio de la bodega es una moderna instalación rodeada de viñedos
cuya arquitectura de ladrillo, teja,
madera y cristal encaja en el paisaje.
Con dos naves de elaboración, cuenta con visor óptico para la selección
de uva y la nueva tecnología que
ayuda en la elaboración conocida
como air mixing, que se basa en la
inyección, durante la maceración,
de pequeñas impulsiones de aire
comprimido de forma combinada,
secuencial y modulada impidiendo
la formación y compactación del
sombrero de pieles desde el inicio, lo
que permite controlar el proceso de forma más precisa y contribuye a la
calidad del resultado final.
Esencia de la Ribera
Al igual que para el resto de sus
vinos, se realizó un exhaustivo
control en campo, con muestreos
semanales y seguimiento de maduración de la uva para recogerla en el
momento óptimo. Para el crianza, la
enóloga Noelia Mena eligió viñedos
de tempranillo con una edad de 20
años situados en distintas zonas
de la DO a una altitud de 900 m y
procedentes de una amplia diversidad de suelos. La fermentación se
realizó a temperatura controlada
y para el envejecimiento se utilizó
barrica de roble francés y americano durante 12 meses más un mínimo de otros 12 de maduración en
botella antes de salir al mercado. Con
respecto al reserva, los viñedos seleccionados tienen una edad de más
de 60 años y están dotados de gran
concentración en suelos diversos,
arenosos y calcáreos. En esta ocasión
se utilizó tanto tempranillo como
cabernet sauvignon, que pasó por un
proceso de doble selección, despalillado y estrujado, y una maceración
prolongada durante 30 días. Para el
envejecimiento reposó en barricas de
roble durante 18 meses y prosiguió
su afinado en botella otros 36 meses
más. El resultado son dos vinos bien
estructurados que, en el caso del
crianza se caracteriza por ser sabroso y amable, mientras que el reserva
es redondo, sedoso y complejo.