José Miguel Arambarri, empresario riojano, recuperó en 1999 la variedad moscatel de grano menudo que había desaparecido con la filoxera, sentando así las bases de Castillo de Maetierra y Maetierra Dominium, las dos bodegas que dieron lugar a este singular y atrevido grupo vitivinícola. Pronto llegaría la colección de vinos de Hacienda López de Haro, también en La Rioja, y el principio de su expansión. Sus hijos, Ricardo y José Miguel, concibieron una forma diferente de moverse y crecer en el mundo del vino, buscando nuevas zonas, nuevos viñedos, pero con el objetivo de elaborar unos vinos singulares, más frescos, modernos y actuales, con el sello personal del grupo bajo la dirección técnica de Raúl Acha. Bardos en Ribera del Duero, Aroa en Navarra, Matsu en Toro y luego vendrían otros muchos proyectos. Ahora tienen más de 300 hectáreas de viñedos propios, cultivan 38 varie tales distintos, elaboran más de 35 vinos diferentes y exportan a más de 60 países.
Matsu
Su filosofía, de mínima intervención y respeto por los ciclos naturales la bodega, pone a las personas en el centro del proyecto, los viticultores profundamente vinculados a la tierra que han heredado el conocimiento y la sabiduría transmitidos de generación en generación, cuyo esfuerzo y respeto resumen la esencia de Matsu; esperar en japonés– al curso natural de la vida, a la madurez del viñedo y al momento justo para disfrutar el vino. La etiqueta de cada uno de sus vinos es un adelanto de su contenido; El Pícaro, es fuerte y valiente, descarado e incontrolable; El Recio equilibra el vigor de la juventud con la experiencia de la madurez; El Viejo es la plenitud y la sabiduría y La Jefa representa el vigor, la paciencia y la tenacidad de las mujeres que siempre se han dedicado al campo pero muy pocas veces han recibido el reconocimiento que merecen. Dentro de poco se unirá a la colección un blanco joven, La Moza.
El Recio
Este monovarietal de tinta de Toro proviene del fruto de viñedos viejos, algunos con más de 90 años de edad, cultivados todos de forma natural. Tras la vendimia manual y fermentación espontánea en depósitos de hormigón con levaduras autóctonas, para la crianza se eligieron barricas de roble francés y del este de segundo uso, donde reposó durante 12 meses, para luego, fieles a su filosofía, pasar por una clarificación poco agresiva y un filtrado suave. El resultado es un vino equilibrado y complejo, potente pero fresco y elegante, donde los aromas de la barrica no esconden la frescura de la fruta. Matsu El Recio, guardado en óptimas condiciones, evolucionará favorablemente hasta 2034.