Viajes

En estado puro

Mantiene el encanto de todo territorio inexplorado, pero ahora esta comarca malagueña reclama más que nunca ser descubierta. Su paisaje envolvente, la tradición de su gastronomía y la calidad de su producto son razones para visitarla.

Saudade invernal

Edificios notables, plazas abiertas y estrechas callejuelas convergen en los alrededores de uno de los castillos, una gran torre en realidad, más notables y mejor conservados de Europa. Chaves, en su contexto medieval, evoca añoranza.

El éxito del absurdo

La ciudad es una enorme y brillante isla de luz en medio de los desérticos parajes del suroeste americano, que atrae con su oferta de juego, fiestas, espectáculos, restaurantes y tiendas, y donde es difícil distinguir el día de la noche pues sus famosos casinos abren las veinticuatro horas del día. ¡Hasta el aeropuerto tiene máquinas tragaperras en la sala de equipajes!

Ciudad entre canales

Es una de las ciudades más diversas de Europa porque buena parte de su población procede de otros países. Esto se traduce en una riquísima culinaria que atrae sabores de los cinco continentes. Y entre plato y plato, ¿qué tal una visita a algunos de sus museos?

El Petit Principado

Se puede ir en verano, claro está. Y, desde luego, merece mucho la pena hacerlo. Pero el invierno, sin duda, es la mejor estación del año en Andorra, el momento en el que se concentran mayores atractivos, entre los que la nieve es el principal.

El futuro hospedaje en el París de ayer

Ya no se va al hotel para encerrarse en la habitación sino para encontrar gente y compartir desde una clase de yoga hasta una película. Por lo menos en el MOB, el nuevo hotel concebido en París por Cyril Aouizerate, comerciante filósofo y viceversa.

Vino, sal y conservas

En la capital portuguesa se hace muy buen vino. Merece la pena perderse entre los viñedos y bodegas de la región que rodean Lisboa. Allí se producen vinos con una gran calidad y notas muy frutales, aromáticas y salinas.

La región del agua

Comparte con la provincia de Huesca las máximas alturas de esa cordillera, paisajes de impacto, espacios naturales, encantadoras localidades con casas de piedra y tejados de pizarra, una gastronomía auténtica y contundente y agua, mucha agua: la que regalan las propias montañas.

Por la rivera croata

La ciudad de Dubrovnik, Patrimonio de la Humanidad, vive un nuevo esplendor, completamente curada de las heridas de la guerra. Ha recuperado sus monumentos y sus calles son un gran espacio gastronómico al aire libre: pescados y mariscos del Adriático y carnes y vinos de las islas y tierras vecinas.