Viaje Jamaica

A ritmo de reggae

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Autor: Alfredo García Reyes
Autor Imágenes: Alfredo García Reyes
Fecha Publicación Revista: 01 de mayo de 2015
Fecha Publicación Web: 01 de agosto de 2017
Revista nº 469

Cierto que la lengua común es el inglés. Y eso es todo. Si Jamaica tiene similitud con algún continente, no es con Europa o América, sino con África. Y no es sólo por el color de la piel de la mayoría de sus habitantes -cerca de tres millones-. Es más bien una percepción intangible, aunque evidente, basada en la forma de relacionarse de los propios jamaicanos entre ellos mismos y con los turistas; en su forma de vida, en su manera de vestir y moverse, en su gastronomía, incluso en muchas de sus prácticas espirituales. Hay una razón para esto. Como es sabido, el Caribe concentra buena parte de la población de origen africano que habita en América.

Descendientes de aquellos esclavos que fueron arrancados de sus tierras durante el periodo de la colonización europea. Ellos trajeron consigo sus costumbres, sus ritmos y ritos ancestrales. Resulta admirable cómo el folklore de esos pueblos africanos se perpetuó en esta zona del Caribe, pese a la evidente represión de las autoridades coloniales, casi siempre sincretizándose con otras creencias y usos culturales. Algo que en Jamaica resulta muy evidente.

Quizás ayuda la fisonomía de la isla. De sus escasos 11.000 km2, más del 30 por ciento está cubierto por tupidas selvas que ocultan, en parte, su corazón montañoso. También influye el clima, tórrido durante casi todo el año, determinante absoluto del ritmo pausado con que se mueve la mayor parte del país. Y, desde luego, esta forma de entender la vida, una delicia para turistas en busca del relax más absoluto.

Muchos de los que vienen aquí de vacaciones huyen del bullicio de Kingstown, la capital, y se refugian en la zona Norte, sobre todo en torno a Montego Bay, que concentra varios resorts, ribereños a playas auténticamente paradisíacas, donde impera el tópico caribeño: finas arenas blancas, cocoteros, hamacas y unas cálidas aguas de un verde entre pálido y esmeralda.

Es el caso de Half Moon Resort, una suerte de “ciudad de vacaciones” a escala y gran nivel, con habitaciones de hotel decoradas siguiendo los patrones del estilo colonial pero, sobre todo, con villas con jardín y piscina servidas por mayordomos y cocineras particulares, donde es fácil sentirse un privilegiado.

Este resort se encuentra muy próximo a la ciudad y también a varios malls y outlets de marcas de moda, complementos y objetos de decoración. Porque Jamaica es también un buen lugar donde ir de compras y proveerse de prendas de conocidas firmas internacionales a precios mucho más ventajosos que en otros lugares del planeta. Desde luego, una opción recomendable para una mañana o una tarde durante las vacaciones. Por ejemplo en The Shoppes at Rose Hall.

En cuanto a Montego Bay, como tal, es una pequeña urbe donde se arraciman, a veces sin solución de continuidad, edificios administrativos y de oficinas, con pequeñas y rudimentarias casas de colores y huellas de su pasado en forma de palacios, casonas e iglesias. Es el caso del Museo de la Ciudad, que ocupa hoy un edificio decimonónico, construido en estilo colonial, o el de la sorprendente iglesia anglicana de St. James, cuyo interior está decorado con un fino trabajo de ebanistería en caoba. Los constructores de esta iglesia sabían bien lo que hacían, colocándola al fondo de un tranquilo jardín donde parece que el tiempo se detuvo hace siglos.

En Montego Bay también merece la pena pasear por los improvisados mercados callejeros diarios, mezclarse con sus gentes, hablar con ellas. Por ejemplo, con los rastafaris, ataviados con sus voluminosos y característicos gorros de lana a franjas de colores que ocultan en parte sus enormes rastas.

Hoy los rastafaris son una de las estampas más peculiares de Jamaica, pero conviene no quedarse en la mera imagen y profundizar en su filosofía vital, para comprender este movimiento espiritual: pese a que la religión mayoritaria de Jamaica sea el cristianismo (anglicano), lo cierto es que el rastafarismo tiene una gran implantación.

Este auténtico sincretismo bebe de otras manifestaciones espirituales africanas, pero también del judaísmo y el cristianismo, incluso del animismo. El movimiento está inspirado por Marcus Garvey, un periodista y activista jamaicano, que fundó la Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro (UNIA).

Los rastafaris creen en el uso sacramental de la ganja (marihuana), planta que, según ellos, el dios Jah envía para dar salud a todas las naciones del planeta. Se esté o no de acuerdo con esto, lo cierto es que los seguidores de este movimiento no se toman nada a la ligera el consumo de esa sustancia.

Del mar a la mesa

Más allá de cuestiones etnográficas, Montego Bay ofrece también numerosas opciones para conocer la gastronomía jamaicana (o jamaiquina). Los pescados y mariscos (fundamentalmente crustáceos, como la langosta) imperan en la carta de sus encantadores restaurantes. A falta del sabor intenso y las consistentes carnes que caracterizan las especies marinas de aguas más frías, aquí se usa (y abusa) de los picantes, sobre todo ajos, pimientas, cebollas, jengibre, ajís e incluso curry.

Así ocurre con el “plato nacional”, el akí con bacalao, cuyos orígenes se hunden en los tiempos en que los pescadores de Terranova intercambiaban ese pescado, previamente salado, con el ron producido por la población local.

Para compensar la intensidad del picante, estos ingredientes se suelen acompañar con patatas, cocinadas de las más diversas maneras, arroz, mandioca, maíz, coco y el “pan de Jamaica”, el plátano verde frito o asado. Un buen lugar para degustar algunos de estos platos es el restaurante House Boat, situado al fondo de la bahía de Montego y uno de los locales con más personalidad de la zona.

Porque se trata de una auténtica casa flotante de madera, a la que se accede a través de un breve recorrido en un transbordador manual. La decoración es sencilla, pero auténtica, y el entorno resulta muy agradable, sobre todo por la noche, cuando baja un poco el calor imperante el resto del día.

Pero, quizás, el más reconocible de los platos de ese país caribeño sea el jerk: carne de pollo o cerdo adobado (clara influencia de la presencia española en la isla durante casi dos siglos), cocinado sobre planchas metálicas bajo las que arde la madera, y con un delicioso resultado, a caballo entre lo asado y lo ahumado. Se suele tomar acompañado de arroz blanco y mazorcas de maíz, también asado sobre las mismas planchas de jerk.

Una buena recomendación donde disfrutarlo es el restaurante Scotchies, muy próximo a Montego Bay. Su terraza está amenizada por los casi omnipresentes acordes del reggae de Bob Marley. Un agradable local donde apetece prolongar la sobremesa durante horas y horas, sobre todo si es en torno a una copa de ron caribeño mezclado con Ting de lima, el más popular refresco local. Porque, sin duda, el ron es uno de los principales emblemas de la isla. La mejor referencia es la marca Appleton Estate, con más de 250 años de exitosa historia.

Resulta muy interesante la visita a su fábrica, en Nassau Valley (a unas dos horas y media en coche desde Montego Bay). Y lo es no solo por la posibilidad de degustar las distintas etiquetas de la marca, sino por conocer in situ el curioso proceso de destilación, envejecimiento en barricas de roble, ensamblaje y embotellado. Como los buenos vinos, estos rones tienen una acusada personalidad, diferente según las etiquetas (algunas de más de 50 años) y el buen hacer de la “master blended” Joy Spence. El hecho de que sea una mujer quien se encargue de los ensamblajes es un valor añadido a la indiscutible calidad de los rones producidos por la marca.

Adentrarse en la naturaleza

La visita a la fábrica de Appleton Estate se completa con una excursión por el valle donde se sitúa, para conocer las kilométricas plantaciones de caña de azúcar. Un recorrido, impactante desde el punto de vista paisajístico, que añade otra nota verde a la visita a este sorprendente país.

Para continuar se puede realizar una exploración por la esencia más pura de Jamaica. Se trata de un recorrido por el río Martha Brae, sobre rústicas balsas confeccionadas a base de troncos ensamblados. La ruta comienza muy cerca de la localidades de Falmouth, Ocho Ríos y la propio Montego Bay y permite conocer, en una refrescante y tranquilísima ruta de algo menos de cinco kilómetros, parte de la naturaleza selvática de la isla.

Como despedida, nada como un atardecer frente al mar. Para amantes de la tranquilidad, podría ser en alguna de las calas o playas de la zona Noroeste de la isla. Pero mi propuesta es sentarse en alguna de las mesas de la terraza del local Margaritaville, en Montego Bay, mientras uno se deja llevar por la embriaguez de un ron con Ting y el ritmo cadencioso de la música local, sobre todo si es, de nuevo, la de Bob Marley. Algo, por otro lado, nada infrecuente en Jamaica, donde el rey del reggae nunca ha muerto.

 

Guía práctica

 

Cómo llegar

Los principales aeropuertos internacionales de Jamaica son los de Kingstown y Montego Bay. A ellos llegan los vuelos de American Airlines, desde Miami, y British Airways, desde Londres. Una vez allí, para moverse por la isla, lo ideal es alquilar un coche, mejor con conductor (se conduce por la izquierda).

 

Dónde comer

Scotchies

Montego Bay

Aquí el jerk es la estrella. Este plato de carne adobada y asada, según una técnica muy particular, es una auténtica delicia que merece la pena degustar, al menos una vez, en la visita a Jamaica. El local es también un animado cóctel-bar en el que la música caribeña suena en todo momento.

The House Boat

Montego Bay

Cocina algo más refinada que el anterior y con presentaciones muy apetitosas. Como restaurante “marítimo” que es, las delicias del Caribe acaparan buena parte de la carta. Pero también incluyen algunas carnes, verduras, ensaladas y frutas no menos suculentas.

Margaritaville

Montego Bay, Ocho Ríos, Negril

Los locales de esta empresa son un mix entre restaurante, bar y disco. Lugares muy animados donde degustar, aparte de cócteles a base del ron local Appleton Estate, algunos platos de la gastronomía jamaicana y, para quienes quieran escapar un poco de los picantes, de la cocina internacional.

Dónde dormir

Half Moon Resort

Montego Bay

Complejo formado por un hotel con 197 habitaciones, suites y cottages y 31 villas. Éstas resultan ideales si se viaja en familia o en un grupo, pues la privacidad está garantizada. Está situado frente a varias playas de inconfundible fisonomía caribeña y dotado con varios restaurantes, zonas deportivas e, incluso, un delfinario. Desde 405 euros, habitación doble con desayuno.

Round Hill Hotel & Villas

Montego Bay

Lujoso y con mucho estilo, este resort está conformado por 36 habitaciones con vistas al océano y 27 villas privadas, aparte de varios restaurantes, piscinas y un muy bien surtido spa. Es uno de los clásicos de la isla pues, aunque reformado, abrió en 1953 y por él han pasado numerosas personalidades internacionales. Desde 445 euros, habitación doble con desayuno.

Iberostar Grand Hotel Rose Hall

Rose Hall. Montego Bay

Este resort está concebido como un hotel palaciego de estilo colonial, en el que se combinan desde decoraciones clásicas hasta detalles de vanguardia. En total, 293 “grand suites” con vistas al mar o a los jardines y dos suites presidenciales. También cuatro restaurantes de cocina internacional (sobre todo mediterránea) y local, aparte de enormes jardines, piscinas, spa & wellness y mall propio para Shopping de grandes marcas. Desde 3.000 euros, una semana de alojamiento en suite doble, en régimen de todo incluido.

Más información:

Turismo de Jamaica

Ron Appleton Estate

 

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