Viaje a Dresde

Monumental y Barroca

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Autor: Serafín Quero
Fecha Publicación Revista: 01 de junio de 2015
Fecha Publicación Web: 14 de agosto de 2015

El primer documento que menciona Dresde está fechado el 31 de marzo de 1206. Desde entonces, la ciudad se fue labrando una historia artística y cultural, que culminó en el siglo XVIII bajo la augusta sombra del legendario Augusto el Fuerte (1670-1733) que convirtió Dresde en referencia obligada de la historia política y cultural de Alemania. Impulsó la construcción de la Dresde monumental y barroca, colmada de residencias y castillos que jalonan el río Elba, flanqueado de verdes y anchas orillas.

Una de las hijas de Augusto el Fuerte, María Amalia de Sajonia, se casó con Carlos III. En Nápoles reinó con su marido y cuando se trasladaron a Madrid para convertirse en Reyes de España y de las Indias, al morir sin sucesión Fernando VI, introdujo en España la costumbre de poner el belén por Navidad.

Causa asombro contemplar un centro urbano tan rico en monumentos barrocos, cargados de historia. Un centro histórico que fue obra de los arquitectos Permoser, Popelmann y Semper. El Taschengbergerpalais, residencia de la condesa Cosel, la más célebre de las amantes de Augusto el Fuerte, actual hotel Kempinski; el Zwinger, con sus pabellones, jardines y colecciones de porcelana de Meissen; la suntuosidad de la Semperoper, la Hofkirche, catedral católica, la fabulosa colección de joyas y piedras preciosas de la Grünes Gewölbe, el Fürstenzug -friso de 25.000 azulejos de porcelana de Meissen que representa la dinastía de los Wettin que reinó hasta el siglo XX-, todos ellos conforman la Theaterplatz, a orillas del río.

La escalinata que hay frente a la catedral da acceso a la Brühlsche Terrase, desde la que se divisa un hermoso panorama del Elba y sus castillos. Los edificios que hay enfrente son la sede del gobierno. Muy cerca de la Brühlsche Terrase se alza majestuosa la Frauenkirche, iglesia protestante y símbolo de la ciudad de Dresde. 

Destruida por el bombardeo de los aliados el 13 de febrero de 1945, ha sido reconstruida, utilizándose las piedras antiguas, de color negro, que salpican la fachada. Aquel bombardeo destruyó por completo el centro de la ciudad, reduciéndola a cenizas y escombros. Más de 25.000 habitantes murieron bajo las bombas.

La reconstrucción de la Frauenkirche empezó en enero de 1993 y terminó en el 2005. La cruz que corona la iglesia es obra de Alan Smith, forjador londinense e hijo de un piloto inglés que participó en el bombardeo, se llama Versöhnungskreuz o cruz de la reconciliación. Algo lejos del centro, merecen también una visita la Pfunds Molkerei, original tienda de productos lácteos, adornada con azulejos pintados a mano, así como el Blaues Wunder o Milagro azul, puente de hierro con una bella panorámica de las laderas del río.

Otra interesante opción para conocer la ciudad fuera del circuito turístico es coger el autobús nº 61 en Wasaplatz en dirección Fersehenturm y bajarse en Schillerplatz. En Dresde abundan los museos, entre los que destacan la Gemälde Galerie, situada en el Zwinger, con cuadros como la Madonna de Rafael, pintura flamenca y española, el Albertinum, que expone pintura moderna y contemporánea, y las Staatliche Kunstsammlungen Dresden o Colecciones de Arte Estatales de Dresde.

No sólo Dresde impresiona por su belleza, sino que en los alrededores hay lugares que merecen una visita, por ejemplo Meissen, capital del vino sajón y de su famosa porcelana, así como la Säschische Sweiz, llamada Suiza sajona, espectacular paraje de rocas y bosques que se asoman al Elba que discurre a sus pies.

Comer sin horario

Por cuanto a la comida se refiere, la gastronomía en Dresde no difiere mucho de lo que en Alemania se come. En Alemania no hay horarios para comer, cada uno come donde puede y como puede. Los alemanes comen de pie, sentados, por la calle, en el tranvía, en la clase y a cualquier hora. Por ello, no se extrañe si los ve por la calle con un plátano o una pizza en la mano. Los restaurantes están abiertos desde las once de la mañana a once de la noche.

Los ingredientes básicos de la comida alemana son el cerdo, la patata y la sauerkraut o col agria, y los platos más populares son el Schnitzel o escalope, el Eisbein o codillo, y las salchichas. Curiosamente las salchichas no suelen figurar en la carta de los restaurantes, se comen en la calle, dentro de un bollito, aderezadas con mostaza o ketchup, siempre hay que hacer cola. Se acompañan con cerveza. No obstante, Alemania tiene también sus santuarios de cocina creativa y de vanguardia, piénsese que en Alemania hay más restaurantes con estrellas Michelín que en España.

En Dresde abundan los restaurantes de todo tipo en los que prácticamente está representada toda la gastronomía mundial, hay más restaurante extranjeros que alemanes. La cocina innovadora la hallamos en los restaurantes que ostentan una estrella Michelin: Caroussel, Bean&Beluga y Elements.

Caroussel está integrado en el elegante hotel de cinco estrellas Büllow Palais, que dirige con acierto su director Ralf Kutzner. La suave luz del restaurante genera un ambiente cálido y agradable. El servicio destaca por su atención y profesionalidad. En su decoración destaca la porcelana de Meissen.

El jefe de cocina es Benjamin Biedlingmaier, de 28 años, que, a pesar de su juventud, acumula una dilatada experiencia en prestigiosos restaurante alemanes. Tiene como lema es el respeto al producto, sin condiciones. Elabora creaciones como el San Pedro con morro de cerdo y rábano, el bogavante con calabaza y cítricos o la esencia de faisán, membrillo y nabo. La vajilla es de porcelana de Meissen, y la carta de vinos muy amplia y selecta.

En el hotel Büllow también puede comerse en el Bistro del Lobby a precios muy razonables. Interesante es también Bean&beluga, donde Stefan Hermann elabora excelentes platos como el pichón con cantarelas y aceitunas. La cocina alemana la encontramos en Pulverturm, a unos metros de la Frauenkirche, de obligada visita por la original decoración. Lo integran diversas salas, donde los alemanes cantan y están en su salsa.

A la entrada impresiona el cochinillo que da vueltas en el asador. Es de los pocos restaurantes, en cuya carta figuran las salchichas. Un buen Eisbein (codillo) puede comerse en Schillergarten (Schillerplatz 9, schillergarten.de), a orillas del Elba. Cocina imaginativa e internacional la ofrece Stresa (Augsburgerstr., 58).

Si se prefiere pescado, se puede ir a Kastenmeiers, de elegante y original decoración, cercano a la Frauenkirche, (Tzschirnerplatz 3-5), (kastenmeiers.de). Junto a la Frauenkirche abundan los restaurantes, también las salchichas en una de las calles adyacentes. Si viaja en Navidad, no deje de probar el Christstollen, enjundioso pastel navideño.

La oferta hotelera es igualmente amplia. Baste citar el elegante hotel Büllow Palais. Sus habitaciones, de suaves y cálidos colores, y lujosa decoración, cuentan con mobiliario de época. Tiene un lounge para fumadores. Otro establecimiento distinguido es el Eckberg Schloss, hotel restaurante, situado en las laderas del Elba con preciosos jardines y vistas sobre el río y la ciudad.

En el corazón de la ciudad está Swissotel, recientemente inaugurado, Motel One es práctico y funcional, situado en el centro, así como el hotel Pullmann, cercano a la estación, (Pragerst. 2,c, pullmanhotels.com).

Dresde, largamente atravesada por el Elba, con la nostalgia y belleza de ese recodo del río que inmortalizó Canaletto o su paisaje envuelto en la mágica bruma del pintor Caspar David Friedrich. No se equivocó el gran humanista Herder, cuando la llamó Elbflorenz o Florencia del Elba, porque en ella se funden historia, naturaleza y arte, formando esa tríada armoniosa que no sólo cautivó a Erich Kästener, nacido en Dresde, sino que sigue embrujando a todo el que la visita.

 

Guía práctica

Cómo llegar

Lufthansa y Air Berlin vuelan diariamente a Dresde desde varias ciudades españolas.

Dónde comer

Caroussel

Königstr. 16. Hotel Büllow Palais

Cocina creativa: además de la carta ofrece dos menús: uno de 6 platos, 105 € y 8 platos, 145 €.

Alte Meister

Theaterplatz, 1

Buena cocina alemana e internacional. Precio aprox: 35-40 €.

Pulverturm

An der Frauenkirche, 2

Cocina alemana y diversión asegurada. Precios: 25-30 €.

Dónde dormir

Hotel Büllow Palais

Königstr. 14

Hotel elegante. Habitaciones lujosas y cálidas. Precio habitación doble: desde 145 €

Eckberg Schloss

Bautznerstr. 134

Castillo de estilo Tudor, con magnificas vistas sobre la ciudad. Precio habitación doble: desde 225

Swissotel

Schlossstr. 16

De diseño cálido y moderno. Precio habitación doble: desde 105 €

Motel One

Postplatz, 5

Moderno y funcional. Situado en el centro. Precio habitación doble: desde 69 €

 

 

 

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