Viaje Berlín

Un nuevo esplandor

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Autor: Enrique Domínguez Uceta
Fecha Publicación Revista: 28 de septiembre de 2012
Fecha Publicación Web: 05 de enero de 2016
Revista nº 438

Berlín no es Alemania. Tiene entidad y personalidad propia y supone un estado de ánimo especialmente abierto y tolerante, con un estilo de vida informal y placentero. Su historia reciente como ciudad alternativa, antes y después de la caída del muro en 1989, ha ido tomando un camino de alta calidad de vida, acorde con la capitalidad del estado más potente de la Unión Europea, sin perder el toque cosmopolita que atesoró a lo largo de las décadas siguientes a la guerra fría.

Hoy supone el escenario más vital y acogedor del continente, una ciudad fácil de vivir y con mil sabores. Si hace unos años Berlín acogía a los movimientos contraculturales, pacifistas y ecologistas, hoy ha aumentado su clase media, y ha mejorado las infraestructuras, la calidad urbana y el nivel económico. En la capital se han asentado las nuevas empresas de diseño y nuevas tecnologías, de manera que en estos momentos es la ciudad de la moda, del arte y de las tendencias, con influencia en todo el mundo, de la misma manera que sucedió en Nueva York hace tres décadas.

Los bombardeos del final de la II Guerra Mundial y el reparto de la ciudad entre los aliados y los comunistas durante más de cuarenta años, dejaron el Berlín de la reunificación con grandes zonas vacías y un patrimonio en ruinas. Berlín Oeste apenas poseía monumentos y museos de importancia, las principales joyas culturales habían permanecido en Berlín Este, alejadas de las miradas de los viajeros occidentales. Pasados veintitrés años desde la caída del muro, ha renacido de sus cenizas, construyendo los vacíos urbanos, y ha vuelto a integrar sus dos mitades. Hoy se presenta como una ciudad excitante, donde la historia y la vanguardia se dan la mano.

Ciudad efervescente

El Berlín del pasado, el de la capital de Prusia y de los felices años veinte, se puede contemplar en el barrio central de Mitte, que acoge la incomparable Isla de los Museos, donde se acumulan colecciones formidables de arte y de arqueología en el Pergamón Museum, en el Altes Museum proyectado por el arquitecto Karl Friedrich Schinkel, y en el Neues Museum, que acaba de reabrir sus puertas con las valiosas colecciones de arte egipcio y el busto de Nefertiti. A su lado, la gran catedral barroca mantiene una íntegra espectacularidad, conviviendo con la arquitectura efímera de la Humboldt Box, que muestra el proyecto de reconstrucción del desaparecido Palacio Real de los Hohenzollern, símbolo del imperio prusiano y del futuro Humboldt Forum.

Desde la Isla de los Museos se puede recorrer Unter der Linden, la principal calle de la ciudad, que conduce hasta la Puerta de Brandenburgo. La gigantesca avenida acoge edificios monumentales, la Neue Wache de Schinkel y la Universidad Humboldt con la Bebelplatz, antes de llegar al cruce de la Friedrichstrasse.

Esta calle es el gran eje comercial, con el edificio Galeries Lafayette del arquitecto francés Jean Nouvel como emblema de modernidad. A su espalda se encuentra la plaza más perfecta de Berlín, Gendarmenmarkt, con el edificio neoclásico de la Konzerthaus, también del arquitecto Schinkel, situado entre las catedrales francesa y alemana.

Unter den Linden se abre en la Pariserplatz ante la Puerta de Brandenburgo, que estuvo aislada por el muro, y fue símbolo de la división del país. En su entorno se encuentran el gran parque berlinés del Tiergarten y los principales edificios políticos, presididos por el Reichstag, el recuperado Parlamento alemán coronado por la cúpula de cristal de Norman Foster. A su lado, los nuevos ministerios y la residencia del Primer Ministro a orillas del río Spree, que merece un paseo en barco y una visita a su playa fluvial. Cerca del costado sur de la Puerta de Brandenburgo se extiende el opresivo Monumento al Holocausto del arquitecto norteamericano Peter Eisenman.

La nueva capital de Europa

Desde la caída del muro, Berlín acometió un ambicioso plan de redefinición urbana que incluía el trabajo de los mejores arquitectos internacionales. El emblema imprescindible del Berlín moderno es el área de la reedificada Potsdamer Platz, donde el Sony Center, del arquitecto alemán Helmut Jahn, aparece rodeado por obras de Renzo Piano, de Arata Isozaki, de Richard Rogers y de nuestro Rafael Moneo, autor del Hotel Hyatt. Sus nuevos edificios son vecinos de la Neue Nationalgalerie de Mies van der Rohe y la sede la Filarmónica de Berlín de Hans Scharoun, obras maestras de la arquitectura del siglo XX. No muy lejos merece ser visitado el fascinante Museo Judío diseñado por Daniel Libeskind.

Berlín es una ciudad policéntrica en torno al Mitte. Hay que visitar Kurfürstendamm, la gran calle comercial que representaba lo mejor del Berlín Occidental, y Alexanderplatz, que fue el centro del Berlín Oriental, a la sombra de la enorme Torre de la Televisión, y hoy presenta una nueva vitalidad. Los desplazamientos son sencillos, ya que cuenta con una excelente red de metro (U-Bahn) y trenes urbanos (S-Bahn) que llevan a todas partes de manera rápida, segura y cómoda. Los taxis son baratos en una ciudad con escaso tráfico rodado, en la que alquilar una bicicleta puede ser una idea excelente.

Algunas estaciones de metro se han convertido en centros de animación, como sucede en Hackescher Markt, frente al extremo norte de la Isla de los Museos. Rodeada por una zona de restaurantes populares en torno a la plaza del mercado, es un buen lugar para probar el plato más berlinés, la currywurst, la salchicha aderezada con curry que se encuentra en puestos y restaurantes por toda la ciudad. Desde Hackescher Markt se accede a los Hackesche Höfe, una secuencia de patios que aparecen llenos de tiendas de capricho en ropa y complementos.

Siguiendo la calle Oranienburger se llega al mítico centro de artistas alternativos Tacheles, cerrado recientemente, rodeado por las galerías de arte de la Auguststrasse, emblema de la importancia de la capital en el mercado de arte europeo. Muchos patios de la zona son accesibles al público, y forman con las calles un laberinto rebosante de cafés, talleres, tiendas de diseño, y buena parte de los locales gastronómicos más atractivos de la ciudad.

Cocina cosmopolita con raíces

En la confluencia de Friedrichstrasse con Oranienburger y Torstrasse se encuentran restaurantes muy recomendables, como Rutz, un vanguardista defensor de la cocina alemana tradicional, que combina bar de vinos en la parte baja y un excelente restaurante gastronómico en la planta alta, donde se ofrecen las inspiraciones de Marco Müller.

En Pantry desarrollan un concepto muy berlinés de alta calidad y confort informal, con cocina fresca de influencia californiana. En Mani reúnen en un local encantador una modernidad procedente del diseño alemán de entreguerras con los sabores del oriente mediterráneo. Y quien quiera conocer el discreto local de moda al que acuden los famosos, debe visitar el casi secreto The Grand, más selecto que el populoso Grill Royal. Todos comparten el espíritu de multiculturalidad, calidad y creatividad que exhibe la ciudad.

Berlín se ha convertido ya en la capital gourmet de Alemania, rebasando ampliamente a Munich y Hamburgo. La guía Michelin de este año ha otorgado dieciséis estrellas a los restaurantes berlineses. Una nueva oleada de cocineros ha llegado en los últimos años para ir definiendo un perfil gastronómico propio. Sin duda los tres templos de la mejor cocina son el Fischers Fritz en el hotel The Regent, donde Christian Lohse hace maravillas con los pescados y mariscos; el Lorenz Adlon Esszimmer del hotel Adlon, escenario del sólido talento de Hendrik Otto desde 2010; y Reinstoff, acaso el más creativo por ofrecer el espectacular minimalismo de Daniel Achilles, también reciente, desde 2009.

Hasta un total de trece restaurantes ocupan el podio de las estrellas en la capital. El último en incorporarse a los mejores ha sido Horváth del chef Sebastian Frank, cuya naturalidad perfeccionista responde al espíritu de la capital alemana. Del máximo interés son en estos momentos los restaurantes Tim Raue, que apuesta por una personal cocina de fusión oriental; Margaux, con su pasión vegetariana que le lleva a cultivar sus propios huertos; o Quadriga, donde Sebastian Wölz logra la excelencia a través del control de la calidad y pureza de cada producto que llega a la mesa.

Escaparates gastronómicos

Para compras y placeres directos es imprescindible visitar el espacio gourmet de los almacenes KaDeWe, los mayores de Europa. La planta sexta es un espectáculo en sí misma que ofrece los mejores productos del mundo y dispone de mostradores de degustación de champagne, ostras, caviar, productos alemanes y repostería.

La séptima planta semeja un invernadero con vistas sobre Berlín y acoge el restaurante Le Buffet, de cocina de mercado. Sólo Galeries Lafayette se atreven a competir, con su amplia oferta de productos franceses y degustaciones de ostras y champagne.

Quien tenga interés en conocer los secretos culinarios de Berlín puede utilizar los servicios de la agencia Berlinagenten que organiza tours gastronómicos a medida, y puede adaptar los recorridos a los gustos e intereses de cada cliente.

Su oferta de realizar una cena de cuatro platos en cuatro restaurantes diferentes es muy tentadora. Otras rutas berlinesas llevan a las galerías de arte, a las mejores tiendas o la diversión nocturna, un campo en el que destaca con docenas de frenéticas discotecas abiertas mucho después de que amanezca.

Si las ciudades atraen por su historia y sus monumentos, realmente nos fascinan cuando percibimos en ellas una especial tensión hacia el futuro y la efervescencia de una vida cultural intensa con un alto nivel de riesgo y experimentación.

Berlín es el mejor ejemplo de esta fascinación que la ha convertido en el destino más interesante y emergente en el continente europeo. Una visita imprescindible.

Guía práctica

Cómo llegar

Existen numerosos vuelos entre las principales ciudades españolas y la capital alemana. Iberia, Lufthansa, Swiss, KLM, Easy Jet, Air Berlin, disponen de todo tipo de precios, desde 40 € por trayecto, con tarifas normales en torno a 165 € i/v.

Dónde comer

Lorenz Adlon Esszimmer

Unter den Linden, 77

Cocina clásica europea, servicio proverbial y vistas sobre la Puerta de Brandenburgo.

Reinstoff

Schlegelstrasse, 26

Creatividad en platos donde el contraste de sabores y texturas logran la excelencia.

Fischers Fritz

Charlottenstrasse, 49

Uno de los grandes, especializado en pescados y mariscos.

Rutz

Chausseestrasse, 8

Trabaja de manera innovadora sobre la base de la cocina alemana tradicional.

Pantry

Friedrichstrasse, 120

Las propuestas de Jarno Huhn aportan un toque de frescura hispano-californiana.

Mani

Torstrasse, 136

Fusión, elegante e informal, entre Tel Aviv y París en el barrio de los artistas.

Dónde dormir

Hotel Adlon Kempinski

Unter den Linden, 77

Insuperable opción de calidad y lujo. Desde 207 €.

Abion Villa

Alt-Moabit, 99

Cerca de la estación central. Moderno, lujoso y funcional, bien comunicado. Desde 161 €.

Meliá Berlín

Friedrichstrasse ,103

Excelentes habitaciones, servicio y restauración. Desde 78,32 €.

Hotel Amano

Auguststrasse, 43

Alta calidad a precios asequibles. Desde 75,60 €.

Más información

Berlinagenten

Organizan tours que integran galerías de arte, tiendas más selectas e itinerarios gastronómicos de todo tipo.

 

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