En ruta por la Rioja Alta

Vuelta al origen

De tanto en tanto conviene volver al origen y contemplar el camino andado desde otra perspectiva. En lo tocante al vino y al enoturismo ese lugar es la Rioja Alta, una zona situada al noroeste de La Rioja, comprendida entre los municipios de Cenicero y Sajazarra.

Foto: Juanjo Isidro
Foto: Juanjo Isidro

Por Óscar Checa

Publicación Revista: 25/01/2014

Revista nº: 430

Publicación Web: 14/12/2015

De vez en cuando conviene volver al origen y contemplar el camino andado desde otra perspectiva. En lo tocante al vino y al enoturismo ese lugar es La Rioja Alta, una zona situada al noroeste de La Rioja, comprendida entre los municipios de Cenicero y Sajazarra. Atravesada de punta a punta por el río Ebro, fue siempre un auténtico cruce de caminos, un territorio fronterizo y de conquista. Todo ello modeló su personalidad, que quedaría definida más tarde con la implantación de una nueva forma de entender el vino, su elaboración y su universo. Las enormes extensiones de viñedo que hoy podemos observar son la parte más evidente de que esta tierra tiene mucho del espíritu de un producto que ya los griegos consideraban la bebida de los dioses.

Qué visitar

Haro

Cualquier ruta turística en esta zona que tenga como guía el mundo del vino pasa inexorablemente por Haro. La capital de la comarca se conoce también como “capital del Rioja”, un apelativo que comenzó a usarse a finales del siglo XIX, a partir de la celebración de la Exposición Vinícola Regional de Haro. Años antes, comerciantes y bodegueros franceses habían llegado hasta aquí buscando tierras para elaborar vino de calidad, pues la filoxera había diezmado el viñedo galo. Se instalaron en el barrio de la Estación, a pie mismo de las vías que comunicaban la ciudad con el puerto bilbaíno. Desde entonces, es la zona bodeguera por excelencia; aquí se encuentran entre otras, CVNE, Muga, López de Heredia, Roda, Bodegas Bilbaínas…

Pero Haro, la primera ciudad de La Rioja donde se instaló la luz eléctrica, también merece ser recorrida por otros puntos. En un paseo por sus calles encontraremos palacios renacentistas y barrocos, atractivos edificios decimonónicos y los restos de la muralla del siglo XII restaurados recientemente y transformados en el Museo del Torreón. Este espacio alberga una colección de arte contemporáneo de autores riojanos además de acoger las propuestas que ofrecen las generaciones más jóvenes en exposiciones temporales.

Briones

Este pueblo de silueta alargada esconde algunos de los atractivos más curiosos de la comarca, como la Botica de Rabal, una antigua farmacia del siglo XIX conservada tal como era en esa época con sus morteros, matraces, embudos, bañeras de ojos, balanzas de precisión etc. Justo enfrente, en la casa palacio que hoy alberga el ayuntamiento, está instalada la Casa Encantada, un museo donde se recrean costumbres de siglos pasados a través de los espacios, utensilios y objetos que se podían encontrar en una casa típica riojana. Y también en Briones se encuentra el Museo de la Cultura del Vino Dinastía Vivanco, del que hablaremos más adelante.

Sajazarra

Su patrimonio histórico-artístico es uno de los más interesantes de esta zona. Conserva el trazado medieval de sus calles y parte de la muralla de los siglos XII y XIII pero, entre todo, destaca su castillo, considerado como una de las fortalezas más bellas de La Rioja. A mediados de agosto podemos disfrutar aquí del Festival de Música Antigua, un encuentro que destaca por la calidad de su programación y los músicos de reconocido prestigio nacional e internacional que acuden al mismo.

Dónde dormir

Hotel Los Agustinos

San Agustín, 2. Haro. Alojamiento desde 65 €. 

Fundado como convento a finales del siglo XIV, a lo largo del tiempo, el edificio que ahora alberga el hotel de cuatro estrellas ha sido también una guarnición militar, un hospital, una cárcel y una escuela. Siete siglos de historia en un nuevo marco moderno y muy cuidado. Aquí se celebra el Carnaval del Vino de Haro.

Hotel Villa de Ábalos

Plaza Fermín Gurbindo, 2. Ábalos. Desde 79,48 € (Hab. Doble AD)

José Luis y Merche han hecho de este pequeño palacete un lugar ideal para disfrutar de una estancia teniendo como guía el mundo del vino. Además del encanto de la piedra y la forja y la comodidad de las habitaciones, ofrece interesantes actividades enoturísticas. Y no hay que irse sin probar Empatía, el vino que ellos mismos elaboran.

Hotel Señorío de Briñas

Travesía de la calle Real, 3. Briñas. Desde 95 € (AD + visita bodega)

Otro ejemplo de los pequeños palacios de la zona convertido en hotel. Ha dividido sus habitaciones según criterios estéticos, y así ofrece unas de corte más clásico, con la esencia del antiguo edificio, y otras más vanguardistas, que combinan vigas de madera y piedra con colores fuertes y llamativos. En la parte que ocupaba la bodega, ahora se puede disfrutar de un jacuzzi y tratamientos de vinoterapia.

Hotel Villa Sonsierra

Zumalacárregui, 29. San Vicente de la Sonsierra. Desde 65 €  (AD) 

Trece atractivas y amplias habitaciones decoradas de manera diferente, encontramos este establecimiento en uno de los pueblos con más ejemplos de edificios de interés patrimonial y recursos naturales de la comarca.

Finca de Los Arandinos

Carretera LR-137, km. 4,6. Entrena. A partir de 120 € (AD para 2 personas) 

Se encuentra en la comarca vecina, justo en el límite con la zona de Rioja Alta, pero no podíamos dejar de reseñar este nuevo hotel de diseño que es el primer proyecto enoturístico de La Rioja que integra hotel, bodega, restaurante y spa. Un espacio de vanguardia con diseños de David Delfín.

Dónde comer

Las Duelas

De la Vega, 31-33. Haro.

El chef Juan Nales Rückauer ha elaborado una carta en la que conviven de manera armoniosa platos tradicionales y otros de corte más actual, donde tanto las raíces como las nuevas tendencias permiten apreciar la materia prima riojana. Una búsqueda depurada para aportar nuevos matices y texturas a sabores conocidos.

La Cueva de Doña Isabela

Travesía de los Jardines, 15. Casalarreina.

Dicen en este restaurante que su cocina es una cocina de intangibles, aludiendo al hecho de que crea sensaciones, que reinterpreta recuerdos, que dialoga con el comensal y le invita a viajar con los sentidos. Todo ello lo consiguen con una propuesta respetuosa con los sabores propios de la tierra riojana, que huye de la excentricidad pero sin renunciar a la innovación técnica.

Casa Toni

Zumalacárregui, 27. San Vicente de la Sonsierra. 

Cocina creativa y cocina tradicional conviven en un espacio moderno donde el diseño es parte esencial. Dos maneras de entender el arte de los fogones que se complementan y a las que Jesús y Mariola dan el mismo peso e importancia. Presentaciones excelentes y sabores delicados. Extensa carta de vinos que resalta las elaboraciones locales pero no olvida otras regiones españolas y del mundo.

Casa Marisa

Las Cuevas, 19. San Asensio. 

Restaurante de corte vanguardista, como el hotel con el que forma un tandem, situado en pleno barrio bodeguero. Propuesta gastronómica bastante moderna pero llena de guiños a los platos caseros y tradicionales, como por ejemplo, los patorrillos a la riojana o las pochas con almejas.

La Vieja Bodega

Avenida de La Rioja, 17. Casalarreina.   

Madera, piedra y barro cocido, junto a una cuidada iluminación hacen de los salones de este restaurante un lugar muy acogedor donde se puede disfrutar la gastronomía riojana interpretada bajo el prisma más actual. Su calao (bodega excavada en la piedra) guarda excepcionales referencias de vinos locales.

La despensa

Aunque el paisaje de la Rioja Alta está prácticamente dominado por los campos de vides, también se encuentran los productos típicos de esta región, entre los que destacan aquellos salidos de la huerta. Las riberas de los ríos son los lugares elegidos para cultivar unas hortalizas conocidas por su excepcional calidad. Las patatas, las alcachofas, la coliflor de Calahorra, los pimientos o los espárragos (los tres últimos con I.G.P.) son algunos de ellos.

No hay que olvidar las alubias (las pochas, habichuelas blancas recogidas antes de la maduración, y los caparrones, ya sean de la variedad colorao de Anguiano o negra de Tolosa) con las que se elaboran algunos de los platos riojanos por excelencia, o los champiñones y setas, de los que La Rioja es el primer productor nacional. En carnes, destacan el cordero Chamarito, una raza autóctona de la región, la ternera y el chorizo riojano, con su propia I.G.P. Además del vino, encontramos tres D.O.P.: la pera de Rincón de Soto, el aceite de La Rioja y el queso camerano. Otros productos como ciruelas y nueces completan la cesta con la que se llena la alacena riojana.

Enoturismo

Da igual por dónde caminemos: en la Rioja Alta nuestra vista se topará siempre con un viñedo. Por algo es la zona vitivinícola por excelencia de La Rioja, el lugar donde se desarrolló la cultura del vino de la región y de donde proceden algunos de los riojas más prestigiosos.

Las grandes bodegas, las centenarias, las más modestas o las recién inauguradas... casi todas están abiertas al público y han desarrollado una oferta turística adaptada. En CVNE hay que visitar la nave diseñada por Eiffel; en Muga su Espacio Torre Muga, con bar de vinos, aula de cata, vinoteca y comerdor; en López de Heredia-Viña Tondonia la particular arquitectura, tanto de la antigua bodega como del nuevo espacio diseñado por Zaha Hadid; en Bodegas Bilbaínas su particular viñedo, el más extenso de la Rioja Alta; en Roda, sus calaos, su winebar y las exposiciones de fotografía; en Castillo de Cuzcurrita los ‘cerrados’, viñedos amurallados alrededor del castillo; en Tobelos, su particular e innovadora arquitectura... Son sólo algunas propuestas pero hay muchas más como Dinastía Vivanco, Marqués de Cáceres, Amézola de la Mora, Ramírez de la Piscina, Puelles, La Rioja Alta, Antigua Usanza, Ramón Bilbao, Tobía, Sierra Cantabria…

Además de las bodegas, donde se puede conocer la historia de la región, degustar los vinos y aprender sobre su proceso de elaboración no hay que dejar de visitar los pueblos de la zona en los que encontraremos un rico e interesante patrimonio histórico-artístico. Junto a ellos, un marco natural de gran variedad donde los paisajes de ríos (Ebro, Oja, Tirón y Najerilla) y montañas (Sierra de Cantabria, Sierra de la Demanda) complementan el del viñedo. Una opción es conocerlos en globo. Hay varias empresas de turismo activo que proponen esta actividad. Y en agosto el espectáculo es mayor, con la regata de globos Crianza de Rioja.

Otra manera divertida y muy completa de conocer la zona es siguiendo los itinerarios de los Senderos del Vino, recorridos agrupados por pueblos y diseñados por áreas temáticas como los Antiguos pobladores (dólmenes y ermitas), Arqueología y viñedos (para descubrir los chozos y lagares rupestres) o lo relacionado con el Camino de Santiago.

Más información: Ruta del Vino Rioja Alta, Turismo de La Rioja, La Rioja CapitalConsejo Regulador Denominación de Origen Calificada Rioja.

El carnaval del vino

En tan sólo tres años se ha convertido en uno de los principales eventos turísticos relacionados con el vino en la Rioja Alta. El Carnaval del Vino, que se celebra en Haro, sirve de excusa para presentar las nuevas añadas con la participación de diferentes bodegas de esta localidad.

Junto a ello, un gran espectáculo y baile de máscaras atrae a cientos de personas durante un fin de semana en el que la ciudad se convierte en una pequeña Venecia. 17 y el 18 de febrero de 2012.

Dinastía vivanco

El Museo de la Cultura del Vino de la Fundación Dinastía Vivanco es una de las iniciativas privadas más relevantes sobre el mundo del vino y sus dimensiones económica, social y cultural. Ubicado en la localidad de Briones, en él se puede recorrer la historia y la cultura del vino.

Este museo que todo apasionado del vino debería conocer, es más un centro de interpretación de la cultura vinícola que una sala de exposiciones. En un mismo espacio se reúnen viñedos, bodega, museo, centro de documentación y una fundación, lo que da cuenta de la envergadura del proyecto. 

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