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Adega Ponte da Boga

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Fecha Publicación Revista: 24 de junio de 2016
Fecha Publicación Web: 24 de junio de 2016

A decir de los viticultores de esta zona, para valorar con rigor los vinos de la DO Ribeira Sacra hay que conocer el entorno del que proceden; acercarse a este enclave del río Sil y a su impresionante Cañón, a ser posible durante la época de la vendimia, cuando el trabajo se muestra en toda su dureza.

Desde el Mirador de Cabezoas, en Parada del Sil, provincia de Orense, se pueden ver las caravanas de hombres y mujeres cargados con pesados cestos a la espalda, semejantes a regueros de afanosas hormigas, que van y vienen entre los viñedos; algunos sujetos con arneses para poder alcanzar, sin riesgos, los frutos de algunas cepas plantadas en pendientes del 50%, y otros deberán recoger las uvas empleando botes desde el río, única forma de acceder a los viñedos que crecen rozando las márgenes.

Estos bancales históricos creados por los romanos son un terroir único donde se han adaptado muy bien las variedades autóctonas: mencía, merenzao, brancellao, godello y albariño. Los suelos de pizarra y esquistos, en pendiente y muy drenantes, pueden perforarlos fácilmente las raíces de las vides buscando la humedad en los calurosos meses de estío; la climatología contrastada –intensas lluvias en otoño y primavera, altas temperaturas en verano y amplitud térmica entre el día y la noche–, permiten el buen desarrollo de la vid y la adecuada maduración de las uvas.

Pero clima y suelo, por sí solos, no garantizan las buenas cosechas. Tal vez Ribeira Sacra sea uno de los pocos viñedos del mundo donde más se evidencia el trabajo de los hombres; la práctica de esa viticultura heroica, que muy poco ha cambiado a lo largo de los siglos, ha preservado las viñas. El regalo de estas tierras cultivadas con tanto esfuerzo son unos vinos tintos elegantes, frescos, muy equilibrados, y unos blancos de notable intensidad aromática, minerales y de acertada acidez.

En buenas manos

Adega Ponte da Boga se fundó en 1898 por una familia del municipio de Castro Caldelas (Ourense) que la mantuvo activa durante siete décadas, comercializando los vinos por distintas zonas de Galicia. A principios de los años 70 cesó su actividad y la bodega permaneció cerrada hasta que en 1999 –ya bajo la DO Ribeira Sacra creada en 1996–, un grupo de viticultores y propietarios de viñedos de la región decidió rehabilitarla. La bodega volvió a estar operativa durante siete años –los dos últimos con serias dificultades económicas– hasta que en 2005 Hijos de Rivera se hace con la propiedad.

La nueva etapa de la bodega supondrá una importante mejora en el cultivo del viñedo propio y en el proceso de elaboración de los vinos –nuevos tanques de acero inoxidable con capacidad para 315.000 litros, la pequeña sala de barricas y el moderno tren de embotellado–, así como la incorporación de la consultora enológica Dominique Roujou de Boubée y Rubén Pérez Añón en calidad de director técnico.

Ponte da Boga tiene una tipicidad que Hijos de Rivera desea mantener y exaltar para obtener vinos con personalidad. En su apuesta por la calidad están favoreciendo las variedades nobles autóctonas en detrimento de las foráneas que por diferentes motivos se habían plantado hace años. Se arrancaron las cepas de tempranillo del pago de Costa de Alaïs y las de palomino fino de O Condiño –que restaban personalidad a los vinos de la zona–, para replantar merenzao, mencía y albariño  a fin de devolver la singularidad a estos viñedos; las 8 ha situadas frente a la bodega (Ourense) y las 16 ha plantadas en San Vitorio (Escairon-Lugo), se cultivan según una disciplina de viticultura integrada. La viña no se trata todo el tiempo y de forma preventiva, sino sólo cuando existe un riesgo real de enfermedad; el compromiso es emplear los productos menos agresivos para la fauna auxiliar y para no alterar los predadores naturales de algunas plagas de la vid.

La práctica de este tipo de disciplina obliga a la constante observación del viñedo, a vigilar la evolución de las condiciones climáticas para evaluar el grado de riesgo, observar diariamente las parcelas a fin de controlar la aparición de enfermedades y plagas y por último, asumir un cierto desarrollo de la enfermedad (el riesgo cero no existe), que no perjudique la calidad del vino antes de activar el tratamiento.

Actuar sobre el terreno

La Ribeira Sacra comprende las tierras bañadas por el Sil –también, pero en menor medida por el Miño–, situadas en la zona del interior de Galicia donde se unen ambos ríos. Antes de desembocar en el Miño, el Sil fluye a lo largo de un profundo cañón creando un paisaje poco común, seña de identidad de este territorio.

Los romanos salvaron el empinado relieve de la zona construyendo terrazas donde cultivar los viñedos  –se dice que aquí se elaboraban los reconocidos vinos de Amandi, presentes en las más importantes mesas de Roma–; y siglos después, en estos mismos parajes, se establecieron diferentes comunidades religiosas –el nombre Ribeira Sacra se atribuye a las numerosas iglesias y monasterios diseminados por la zona– que prosiguieron con el cultivo de las vides y su vinificación.

Poco después de que Hijos de Rivera adquiriera la bodega Ponte de Boga –situada en las privilegiadas “Terras Caldelas”–, el equipo emprendió la ingente tarea de volver a formar los bancales tradicionales, más estrechos que los existentes, a fin de aprovechar mejor el terreno tan abrupto y buscar la mayor integración posible en el entorno. Con la ayuda de una pala mecánica –manejada por profesionales sin asomo de vértigo–, volvieron a hacer bancales de una o dos filas de viña, según las posibilidades de los suelos, con un talud pequeño. Se trataba de huir de los bancales anchos, hechos para favorecer la mecanización del cultivo, que han dejado marcada a la montaña con grandes cicatrices.

Y llegaron los vinos

El compromiso de la bodega con la Denominación de Origen a la que pertenece ha significado una mayor integración en el entorno y el respeto al cultivo de las variedades autóctonas en detrimento de las foráneas que se plantaron con anterioridad, dando como resultado unos vinos que, por su calidad, están cosechando merecidos elogios.

Ponte da Bodega Godello 2013 (89% godello, 9% albariño y 2% doña Blanca), es un gran vino blanco de buena intensidad, con aromas de limón, manzana, melón, pera limonera y chirimoya, con una expresión mineral, sabrosa y persistente, del que se producen 21.000 botellas al año (11,60 €). Ponte da Boga Mencia 2013 (100% mencía), con notas de violeta, de mora, de pimiento y un fondo a tierra húmeda del que la bodega produce 205.000 botellas y 3.000 máqgnums (9,60 €); Capricho de Merenzao 2010, (100% merenzao) es un canto a las uvas autóctonas de la Ribeira Sacra, un concetrado de finura y personalidad como expresión del clima atlántico (20,10 €); Bancales Olvidados 2011 (100% mencía), de limitada producción (sólo 4.782 botellas/15,60 €), es fruto de un proyecto humano en homenaje al ancestral trabajo de unos viticultores que perpetúan el trabajo en unas zonas adversas, manteniendo así el patrimonio que hacen la fuerza y la belleza del viñedo; Porto de Lobos (100% brancellao), se obtiene de una única parcela de minúsculos bancales y alta pendiente, cultivada al estilo clásico sobre un suelo de esquistos como prefiere esta uva autóctona, la ancestral reina de Ribeira Sacra. Salieron al mercado sólo 704 botellas (21,60 €), -agotadas las existencias-, de este vino cuya personalidad y complejidad se irá desarrollando durante los próximos 10 años.

En Adega Ponte Da Boga también elaboran de forma artesanal diferentes licores y aguardientes de primera calidad en los que el 100% de la materia prima procede de la Ribeira Sacra. Quenza Blanco (aguardiente de orujo); Quenza Hierbas (licor de hierbas); Quenzo Café (aguardiente de orujo, azúcar y café), y Quenzo Crema (orujo, crema de leche, canela y azúcar), que representan una de las tradiciones más arraigadas en Galicia.

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