Chequia

Mucho más que Praga

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Autor: Enrique Domínguez Uceta
Autor Imágenes: Enrique Domínguez Uceta
Fecha Publicación Revista: 01 de mayo de 2012
Fecha Publicación Web: 13 de junio de 2016
Revista nº 433

Bella y romántica hasta el máximo, Praga es la mejor expresión de la Europa central, culta y exquisita. El vitalismo del barroco llena sus calles. Los edificios ondulan sus fachadas como si bailaran con las notas que Mozart compuso en la ciudad, y las estatuas parecen actuar en un teatro. En la Edad Media ya se consideraba una de las ciudades más bellas del mundo, y desde entonces no ha dejado de mejorar. El Puente de Carlos es el corazón de Praga, sobre las aguas del río Moldava. Desde él, rodeados de estatuas, pintores y músicos callejeros, se contempla en la orilla derecha la Staré Mesto, la Ciudad Vieja, envuelta en la Nové Mesto, la Ciudad Nueva del siglo XIV.

En la orilla de enfrente se encuentra Malá Strana, la Ciudad Pequeña, al pie de la colina de Hradcany, el barrio del castillo con la catedral de San Vito. Estas son las cuatro partes de Praga, las que hay que recorrer cada una con su propio paso, porque estamos en una ciudad cinematográfica, que necesita el movimiento para disfrutar de las perspectivas que se abren detrás de cada esquina y tras los pasajes cubiertos.

Su arquitectura forma una colección deslumbrante, con edificios notables desde el gótico al barroco, llegando hasta el art nouveau, el art decó y el movimiento moderno. Además de subir a la colina del castillo y de pasear por sus formidables jardines, de recorrer las calles de su Ciudad Vieja, y de navegar en un pequeño crucero por el río Moldava, no hay que perderse los mejores rincones y momentos del día.

En especial la visita del Reloj Astronómico en la Plaza del Ayuntamiento cuando los autómatas salen a dar la hora; o el paseo al anochecer por el Puente de Carlos, con las siluetas de las estatuas recortándose contra el azul ultramar del cielo y las luces del castillo de Hradcany reflejándose en el río.

Es el momento para buscar buenos restaurantes con vistas al Puente de Carlos, en especial Bellevue o Kampa Park, o en la plaza de la Ciudad Vieja, donde el Staromestská Restaurace ofrece buena cocina de Bohemia. Si se buscan las mesas de alta reputación gastronómica, las mejores son las del hotel Radisson Blu Alcron, del Degustation Bohême Bourgeoise, y del Celeste en la terraza del edificio danzante de Frank Gehry. 

El restaurante V Zátisí, en el que preparan un delicioso menú de Bohemia que incluye el tradicional pato crujiente con lombarda y salsa de cominos, alcanza la excelencia sin extremar los precios.

Al menos una noche hay que dedicarla a la cerveza checa. La más famosa en el mundo es la Pilsen, pero hay muchos más tipos que ofrecen en docenas de establecimientos que elaboran sus propias marcas y muestran el proceso de fabricación. Algunas son gigantescas, como U Fleku, donde sirven jarras de medio litro de cerveza negra sin preguntar al cliente. Su popularidad y la música en vivo las convierten en los lugares más animados de la noche.

Música y literatura forman parte de la identidad de Praga. Mozart dijo “Solo los praguenses me entienden”, y Milos Forman, nacido checo, filmó Amadeus, en las calles de Praga.

Cada día hay representaciones en la asequible Ópera de Estado, mientras la Linterna Mágica y las salas de Teatro Negro enlazan música y escena. Algunas historias de la ciudad de Kafka, Rilke y Milan Kundera parecen literarias. La del barrio judío, Josefov, una ciudad hebrea insertada en pleno centro, con su propio ayuntamiento y su cementerio.

La del incomparable Camino Real que seguían los futuros reyes de Bohemia desde la Torre de la Pólvora hasta el castillo cruzando sobre el Puente de Carlos. O la del nacimiento de la conciencia nacional checa expresada en el bello edificio modernista de la Casa Municipal y en la obra del pintor Alfons Mucha.

Brno La segunda ciudad de Chequia por tamaño aparece apiñada al pie del castillo Spilberk con un hermoso casco histórico cuidadosamente conservado. La Plaza de la Libertad acoge el centro comercial, y la Plaza del Mercado sigue ofreciendo puestos tradicionales de flores, frutas y verduras, rodeada por templos tan hermosos como la catedral de San Pedro y San Pablo, la Cripta Capuchina, y las iglesias de Santiago, de Santo Tomás y la Roja, de ladrillo.

Brno fue la capital industrial del país desde el siglo XVIII hasta el final de la II Guerra Mundial. De aquella riqueza y capacidad de iniciativa surgió una ciudad llena de casas modernistas, art decó y funcionalistas de los años 20 y 30 del s. XX que se integran en el caso histórico con naturalidad.

Fruto de su pasión por la innovación hace casi cien años son sus edificios modernos incluidos en la lista del Patrimonio Mundial. Entre ellos la casa Tugendhat del arquitecto Mies van der Rohe, quizá la residencia moderna más bella del mundo, que, tras una ejemplar restauración, ha abierto de nuevo sus puertas al público en el mes de marzo. La ciudad cuenta con hermosos edificios civiles como el Ayuntamiento Antiguo, con teatros magníficos en el Reduta y el Mahen, y con buenos restaurantes como el tradicional Pod Radnicním Kolem, que ofrece una selección de especialidades y vinos locales.

Ruta de las ciudades Patrimonio de la Humanidad

Una docena de lugares checos han sido incluidos en la lista de la UNESCO, entre ellos varias ciudades con encanto que atesoran edificios medievales, renacentistas y barrocos. Dicen que Olomouc es la ciudad más bella de Chequia, después de la capital. El centro histórico de la capital de Moravia central ha atesorado durante siglos edificios civiles y religiosos formidables. Los obispos y órdenes religiosas, entre ellas la española de los jesuitas, llenaron la ciudad de monumentos.

La catedral de San Wenceslao y el Ayuntamiento adornan la Horní námestí (Plaza Alta), dónde se levanta la Columna de la Santísima Trinidad, un delirio de exaltación teológica con el mayor número de estatuas barrocas en un mismo elemento escultórico en la Europa Central. Una ciudad para perderse paseando entre edificios y jardines barrocos.

El restaurante Moravská, es una excelente elección a mediodía para probar el delicioso escabeche de cerdo ahumado con madera de haya. Para cenar, el Gourmet Restaurant Podkova, y para una copa, los bares y cervecerías de la vieja muralla, siempre animados con la presencia de jóvenes universitarios.

La belleza del palacio de la ciudad de Litomysl, el más hermoso en todo el territorio de los Habsburgo, justifica su inclusión en la exclusiva lista de la UNESCO. Los Reyes de España lo visitaron en 1995, acaso por ser la antigua residencia de Vratislao de Pernestan, casado con una noble española llamada María Manrique de Lara, que llevó a Chequia el famoso Niño Jesús de Praga. Vivieron en el palacio con sus veintidós hijos, y le dieron al viejo castillo la imagen renacentista que justifica su fama.

El edificio guarda un precioso y mínimo teatro barroco que se conserva intacto. Jardines y otros edificios históricos rodean la larga plaza principal formada por casas de gran encanto, en la que se ubica el restaurante Zlatá Hvezda con uno de los menús más extensos del país.

Kromeríz se considera la ciudad de la música por la abundancia de conservatorios y escuelas corales que posee. Fueron los obispos de Olomouc quienes pusieron los medios para que alcanzara la posición de privilegio patrimonial que tienen en la actualidad. El palacio episcopal es una maravilla arquitectónica, con una espectacular biblioteca, salones ostentosos y buenas colecciones de pintura. Su bodega también se puede visitar, y es el mejor lugar para degustar los vinos de Moravia.

Un extenso parque rodea el palacio, pero es el original Jardín de las Flores el que resulta único, con sus avenidas de parterres geométricos, su extensa logia, las cuarenta y cuatro estatuas de la mitología antigua, dos laberintos, y el gran pabellón octogonal en el que se encuentra el péndulo con el que Foucault demostró que la tierra gira sobre su eje. Sin duda el mejor jardín barroco en Chequia. En el restaurante Cerny Orel fabrican su propia cerveza, sin filtrar ni pasteurizar, como muchos otros en un país que alcanza un consumo medio de 150 litros por habitante y año, de los más altos del mundo.

Los habitantes de la ciudad de Telc se rodearon de tres grandes estanques para criar peces, y dejaron su pequeño casco urbano amurallado envuelto en paisajes lacustres. El centro, reconstruido en el siglo XVI en estilo renacimiento, permanece perfectamente conservado. Sólo viven en su interior siete mil personas, orgullosas de residir en un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad.

La plaza Zachariáse de Hradce es encantadora, amplia, rodeada por casas renacentistas de influencia italiana, con soportales bajo las fachadas coloridas, coronadas por elegantes frontones. Anticuarios, cafés y restaurantes rodean el gran espacio urbano que parece un escenario histórico irreal presidido por la barroca Columna de la Virgen, el palacio, y las iglesias del Espíritu Santo y de San Jacobo.

En la lista de la UNESCO se encuentran otros lugares checos que merecen la visita. El espectacular casco histórico medieval de Cesky Krumlov, que este año cumple veinte desde que fue declarado Patrimonio de la Humanidad. El barroco rústico de la aldea de Holasovice, el gran parque romántico de Lednice-Valtice, la iglesia de peregrinación de San Juan Nepomuceno en el Monte Verde, el centro de Kutná Hora con la catedral de Santa Bárbara y las antiguas minas de plata, y Trebíc por su antiguo barrio judío con un emotivo cementerio, y la basílica de San Procopio.

Todos unidos forman un rico patrimonio para un pequeño país de diez millones de personas que pertenece a la Unión Europea sin dejar de utilizar la corona checa, acaso la clave para mantener su excelente relación entre calidad centroeuropea y buenos precios.

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