Vinos y platos

Tintos y rosados

Si se cuenta con una formidable botella, guardada como oro en paño para una ocasión especial, una de dos, o no se come o no se bebe.

Foto

Publicación Web: 01/02/2016

 

Rosados

Arroces.

Aves y carnes blancas de elaboraciones sencillas.

Quesos gallegos de vaca.

Cocinas asiáticas con sabores fuertes.

Tintos

Tintos jóvenes

Ensaladas de suave aliño.

Platos ligeramente ácidos.

Charcutería sin demasiado pimentón.

Quesos de pasta blanda y cremosa.

Carnes blancas cocinadas con salsas cremosas y platos de verduras y legumbres sin muchos componentes grasos.

Tintos con breve crianza

Elaboraciones de pescados en salsa verde, bacalao y guisos de atún.

Legumbres con presencia de carnes y embutidos, cazuelas, empanadas de carnes blancas y verduras, asados de carnes blancas, platos de aves de corral.

Quesos de vaca u oveja de pasta prensada y semicurados.

Tintos reserva y gran reserva

Carnes rojas de vacuno, asados y estofados.

Caza mayor y menor.

Te puede interesar

El vino en la mesa

Hemos pasado, en poco tiempo, de esos vinos poderosos en boca, a otros un poco más equilibrados que permiten saborear tanto a la comida como al propio vino, sin que ninguno haga sombra al otro.

Espumosos y blancos

A nadie se le ocurre preparar un pato salvaje, o cualquiera de sus parientes de pura proteína cinegética, con un perfumado blanco albariño.

Finos, amontillados y moscateles

Sería ilógico utilizar un viejo Pedro Ximénez montillano para cocer una lubina, ya que la delicada fragilidad sápida del pescado desaparecería entre las espesas dulzuras del vino.