Entrevista a Angelo Gaja

El productor rebelde

Gaja es apellido vinícola en el Piamonte desde 1859. Con el actual patriarca, Angelo Gaja, llegó el escándalo. Su atrevimiento, al cambiar los viejos métodos de elaboración, provocó controversia, pero el tiempo le ha dado la razón y su aportación ha sido fundamental para la calidad de los vinos de la región.

Foto: Bodega Gaja
Foto: Bodega Gaja

Por Mayte Díez

Publicación Revista: 01/10/2014

Revista nº: 462

Publicación Web: 01/10/2014

De las 370.000 botellas que produce anualmente la Bodega Gaja, se exporta el 85%, la mayor parte hacia el mercado norteamericano y alemán. El resto se reparte por 58 países. Algunos de esos vinos –con categoría de míticos, por el aval de la crítica y las tres cifras del precio–, han abandonado las prestigiosas DOC Barbaresco y Barolo para acogerse a Langhe, una denominación regional genérica poco conocida.

Angelo Gaja, presidente-propietario de la bodega, visitó las instalaciones del Grupo Gourmets, donde tuvo lugar esta entrevista. Es un hombre que coquetea con la edad de sus 74 años muy bien llevados, tiene sonrisa fácil, mirada franca, y el talante incorformista de quien acostumbra a encabezar los cambios.

Club de Gourmets.- ¿Por qué descendió la categoría oficial de sus mejores vinos?

Angelo Gaja.- No, nada de bajar. Es una confusión que se suele dar en el mercado y que ha sido malinterpetada, así que es muy útil que pueda aclararlo ahora que usted me lo pregunta. Las DOC Barolo y Barbaresco son de 1966 y obligan a elaborar monovarietales de nebbiolo. Antes de esa fecha, 350 años antes, los productores ponían otras variedades locales, una pequeña cantidad que no superaba el 10%.

Pero en los años 50 y 60, algunos productores –algunos, no muchos, corrige a la traductora– variaban el porcentaje usando barbera, una variedad más barata y poco nebbiolo. El legislador, para contrarrestar el fraude, tomó esa decisión. Yo soy un artesano y quiero seguir haciendo mis vinos, pero siempre dentro de la legislación. Por eso busqué otra denominación que me consienta añadir otras variedades, en un porcentaje máximo que es del 15%, porque para nosotros era muy importante reproducir el vino que hacía nuestro abuelo.

¿No le parecen medidas demasiado restrictivas?

Yo pienso que las denominaciones en Italia, y en concreto en el Piamonte, han hecho algo muy positivo. La Italia del vino ha crecido en calidad e imagen con la introducción de esas leyes. Y ya no tanto para el Barbaresco y el Barolo, sino también para el Chianti y la mayoría de vinos italianos. Sucedió que la Toscana se ha adecuado menos al sistema de las DOC.

El Chianti, que era el vino más importante de la región, se producía originalmente con una mezcla de uvas, un alto porcentaje de sangiovese y una pequeña cantidad de otras variedades. Pero se alteraron los procentajes, menos sanguiovese y mucho trebbiano, casi hasta el 40%, de esa variedad de gran producción y calidad baja. El resultado era un vino fresco, fácil de beber, pero imposible que pudiera ser de calidad con tanta trebbiano.

Cuando entraron en vigor las denominaciones algunos productores, el primero fue Antinori, que tenían la ambición de producir un vino tinto importante, eliminaron el trebbiano, aumentaron la cantidad de sangiovese e introdujeron la cabernet sauvignon, que no se incluía en la legislación. Las denominaciones salvaguardan los vinos históricos, tradicionales, pero no contemplan esa categoría de vinos que ustedes, los periodistas, han bautizado como super toscanos; vinos que se salían del sistema y que al no cumplir los requisitos legales tuvieron que buscar otra clasificación, que era la más básica, Vinos de Mesa. Da la sensación de que los productores de la Toscana han rehusado estar en la denominación, pero si lo han hecho es porque no se les permite elaborar vinos importantes con las variedades autorizadas.

Gaia & Rey, monovarietal de chardonnay, su primer blanco producido para guardar, alcanzó la calificación de 98 puntos en la revista Wine Spectator ¿Dónde radica el secreto?

No se trata tanto de una particularidad de la bodega, porque en la variedad chardonnay son importantísimos el terreno y el clima, factores sobre los que no tengo ningún control. Nosotros, como productores de vinos tintos de largo envejecimiento, teníamos el sueño de elaborar un vino blanco de esas características. En mi zona había poquísimas variedades de vino blanco que producían vinos muy agradables de beber pero de consumo inmediato, por eso elegí la chardonnay, que se comporta muy bien en Borgoña y en Estados Unidos. 

También hay una pequeña aportación nuestra que marcó un hito histórico porque en Italia nunca hasta entonces se había usado la barrica para los vinos blancos. Se elaboraba en grandes botas que tenían 50, 60 años. El concepto de barrica, que se reemplaza cada 3, 4 años, no se utilizaba en Italia. Nosotros disfrutamos de esa primacía y del nombre Gaja, sinónimo de vinos tintos de calidad.

Tenemos una producción muy pequeña 12- 18.000 botellas únicamente, cuando la demanda será hoy de unas 90.000, pero a nosotros no nos interesa crecer, prefiero concentrarme en la variedad autóctona nebbiolo que dilatar la chadonnay. Y lo estamos dejando así, aunque con cierta dificultad porque el mercado está demandando el vino blanco. También sucede que muchas de esas botellas de Gaia & Rey que llegan al mercado y que deberían quedarse en la botella durante 10,15 años, se las beben enseguida. Si me lo permite, quería contar como surgió el nombre de ese vino…

Adelante, está usted en su entrevista

Yo quería dedicar ese vino a mi abuela Clotilde Rey, una persona que ha sido muy importante, con mucho carácter, de gran influencia sobre la familia. Ella siempre me decía que yo debía continuar en este trabajo porque me daría tres monedas: dinero (no mucho, porque la agricultura no crea grandes riquezas y aunque se consiga dinero, siempre se invertirá en el negocio); esperanza, importante en la vida tener un sueño, un deseo, y gloria, la satisfacción, porque ella ya sabía que yo era un poco vanidoso. Pero cuando le dije al diseñador que Clotilde era el nombre para la etiqueta dijo que sonaba a funeral. Rey en cambio es hermoso y se puede pronunciar en todos los idiomas.

Esto también es importante. Buscar un nombre fácil de pronunciar para introducir el vino en el mercado internacional. Entonces mi primera hija Gaia sólo tenía cinco años, ningún derecho para figurar en la etiqueta, pero era nacida en 1979, el año en que plantamos la viña. Así que Gaia & Rey es un vino blanco dedicado a dos mujeres de la familia.

¿Qué opina sobre los métodos de la viticultura biodinámica?

Yo vendo Gaja, vendo vino, tengo un nombre y no quiero vender un método. Gusta mucho el nombre “vino natural”, es como un sueño, porque la gente no tiene ni idea de lo que se hace en el viñedo ni en la bodega, ni cuales son las necesidades. De lo natural, como concepto menos manipulado, más auténtico, sale la biodinámica, lo biológico, y son muchos los que ya hacen ese tipo de elaboraciones. Nosotros, desde hace 15 años, ya estamos dando unos pasos de esa metodología que va incluso más allá de lo biodinámico. Producimos nuestro propio compost, 50 toneladas al año de humus, a través del gusano rojo californiano que come y digiere el compost, muy rico en microorganismos, que le da vida al viñedo.

Lo que hacemos es equilibrar, enriquecer el terreno pobre y empobrecer el terreno rico. Sembramos determinadas especies para controlar las plagas, parásitos que se comen los pulgones… Queremos recuperar en el viñedo la resiliencia, la capacidad de la vid para defenderse sola, sin productos que la ayuden. Si tú coges tres resfriados al año y cada vez tomas penicilina, tu cuerpo no tendrá defensas naturales. ¿Todo esto sirve para hacer un vino mejor? No lo sé. Eso el tiempo lo dirá. Pero hay que saber que muchos de los mejores vinos que están en el mercado, elaborados en los años 70, 80 y hasta 90, la mayor parte se ha producido cultivando el viñedo con una cantidad de productos químicos que da miedo.

Grandes firmas están invirtiendo en otras zonas vinícolas. ¿Han pensado en salir de Italia?

He tenido muchas propuestas, muchas oportunidades de Joint venture; los importadores de China, Brasil, India, me dicen ¿por qué no hacemos alguna cosa en estos mercados emergentes? Pero yo digo que ya tengo 74 años y tendrán que ser mis hijas Gaia y Roisanna, que ya trabajan en la bodega, las que tendrán que decir OK. ¿Ampliamos? ¿Estamos preparadas para elaborar más? Y Angelo Gaja hace el gesto, primero de arremangarse y acto seguido, de lavarse las manos. Será ya la quinta generación de la familia Gaja quien promueva los cambios.

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