Viaje Chicago

Tradición de futuro

La esencia del alma de Chicago no es sólo la belleza de sus rascacielos y su carácter multicultural sino la sabia mirada con la que divisan el futuro desde hace casi 200 años.

Foto: Enrique Domínguez Uceta
Foto: Enrique Domínguez Uceta

Por Enrique Domínguez Uceta

Publicación Revista: 01/03/2026

Publicación Web: 05/10/2026

Hacia 1850, tras abrirse el canal de Illinois y Michigan y la llegada del ferrocarril, Chicago se convirtió en capital de la industria ganadera norteamericana. Sus ciudadanos aprovecharon la oportunidad para ser la puerta de paso imprescindible del ganado del Medio Oeste y de Texas hacia la costa este, levantando gigantescos mataderos para llevar la carne de los grandes rebaños de polvorientas reses hacia las pobladas ciudades del litoral atlántico. La carne moldeó Chicago, que creció imparable hasta que un brutal incendio, en 1871, destruyó 17.000 edificios y obligó a diseñar un nuevo centro de calles perpendiculares donde la ciudad renaciera con rapidez. El desafío atrajo a grandes arquitectos que racionalizaron la construcción de manera casi industrial, con estructuras metálicas y materiales no inflamables, de forma que las exigencias técnicas y económicas generaron el primer estilo funcionalista moderno.

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Metro elevado de Chicago conocido como The Loop.

Innovadores por naturaleza

Con el mismo sentido práctico y de futuro, Chicago fue desde el principio una ciudad de acogida para los emigrantes alemanes e italianos, y también para los esclavos afroamericanos que huían del terror de los estados del sur. Se convirtió en una etapa importante en el Ferrocarril Subterráneo que conducía a los negros fugados de las plantaciones hasta Canadá, y así sus habitantes alcanzaron un privilegiado papel como pioneros de una sociedad más igualitaria y menos racista. Los chicaguenses se especializaron en invertir en productos que todavía no existían, incluyendo los alimentos. En 1848 crearon la Chicago Board of Trade, precursora en contratar futuras remesas de trigo y maíz, luego incorporaron los lácteos, y en 1919 nació la Chicago Mercantile Exchange, que se ha convertido en el mercado de derivados, de opciones y futuros, más grande del mundo. Las próximas cosechas de maíz, soja, rebaños de ganado y productos lácteos ya están en el mercado de Chicago.

Arquitectura

Considerada la ciudad con mejor arquitectura moderna de los Estados Unidos, no hay otro lugar en el planeta en que los viajeros resulten seducidos con tanta intensidad por el espectáculo de altos edificios bellos y extraordinarios. El urbanismo del centro de Chicago levantó los rascacielos en una apretada cuadrícula no muy extensa, a orillas del inmenso lago Michigan, atravesada por la irregular desembocadura del río Chicago. Así lograron una alta densidad que aproxima los espacios de trabajo, y los unieron con un circuito de tren elevado: The Loop. La concentración logra que las aceras estén llenas de gente, especialmente en torno a la Magnificent Mile, la milla del lujo que reúne las tiendas más suntuosas y los mejores hoteles, en el tramo que une la bella Hancock Tower con el puente DuSable sobre el río, donde las torres hacen corro en torno al nuevo edificio casi transparente de Apple. En la otra orilla se puede ver el embarcadero del Chicago Riverwalk, del que parten los cruceros arquitectónicos, justo a los pies del Chicago Architecture Center, que facilita el conocimiento del patrimonio moderno de la ciudad y garantiza la calidad de los tours. Es un placer navegar en el río contemplando los rascacielos desde la cubierta mientras obras de Sullivan, de Mies o de SOM desfilan ante tus ojos, haciendo de la hora y media del recorrido un fascinante caleidoscopio de imágenes urbanas. La densidad del centro contrasta con los extensos barrios residenciales de viviendas unifamiliares del entorno, lugares como Oak Park, que atesora varias villas creadas por Frank Lloyd Wright.

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Escultura Cloud Gate de la artista Anish Kapoor en Millennium Park.

Imprescindibles

Además del crucero, hay tres visitas excepcionales. Subir a la planta alta de la torre Willis, la segunda más elevada del país, y contemplar los rascacielos a vista de pájaro, desde los 413 m de altura de su mirador. Recorrer el Instituto de Arte de Chicago que guarda una abrumadora colección de obras impresionistas y postimpresionistas de Manet, Van Gogh, Matisse o Picasso. Y visitar Millenium Park, que acoge obras maestras de artistas contemporáneos, entre ellas la intrigante Cloud Gate de Anish Kapoor y la magnética Crown Fountain de Jaume Plensa, en el parque moderno más bello del mundo.

Otras buenas opciones incluyen asistir a un concierto de la Orquesta Sinfónica de Chicago, que ha sido dirigida por Daniel Barenboim y Riccardo Muti, o escuchar jazz en Green Mill Cocktail Lounge, en Jazz Showcase o en Andy’s Jazz Club. Los espectáculos del histórico Chicago Theater tienen su contrapunto de moda en el Untitled Supper Club, con actuaciones en directo donde se puede cenar o explorar la mayor selección de whiskies del país. En los muelles del Navy Pier hay una extensa zona de ocio, con restaurantes, tiendas, una noria de grandes dimensiones y la espectacular experiencia de cine dinámico del FlyOver Chicago.

Sabores

Pero el alma de la ciudad se esconde en los restaurantes clásicos, donde Chicago mantiene el perfume de la Europa Central de la que procedían los emigrantes que construyeron el barrio residencial de Pilsen, en recuerdo de su territorio de origen. Sentarse en las mesas de The Berghoff, abierto en 1898, es un homenaje a la cocina bávara alemana, que mantiene platos tradicionales, salchichas, el Wiener Schnitzel austríaco o la carne estofada del Sauerbraten, además de elaborar sus propias cervezas. De inspiración italiana es la cocina de Gene & Georgetti, un clásico desde 1941, con carnes extraordinarias que maduran al vacío. La decoración man-tiene su aspecto original y sus paredes cubiertas de fotos demuestran que es imprescindible en las visitas de famosos y poderosos a la ciudad.

En Harry Cary’s Italian Steakhouse fusionan los cortes de res americanos y la cocina italiana en un ambiente deportivo vinculado al beisbol, el deporte más importante para los chicaguenses. Si un elemento gastronómico local ha logrado fama en todo el país es la Chicago Deep Dish Pizza, una masa alta y crujiente con tres pisos de queso, carne y verduras, cubiertos de salsa de tomate. Merece la pena probarla en Giordano’s, con su cremoso queso mozzarella de Wisconsin generando interminables hebras. Las señas de identidad gastronómicas incluyen también las costillas ahumadas, el pollo frito de Harold's Chicken Shack que combina sabores del sur y de Corea o los Italian Beef, sabrosos bocadillos de rosbif en finas lonchas, aderezados con la típica “giardiniera”. Parte importante del carácter abierto del Chicago actual se debe a la presencia de emigrantes mexicanos que forman una extensa comunidad que ha logrado adaptarse al gélido clima invernal. Su calidez impregna la ciudad y su gastronomía, y aporta un nuevo carácter al muy seguro barrio de Pilsen, donde los restaurantes ofrecen tacos y cuentan con un encantador Museo de la Cultura Mexicana, el primero dedicado a este tema en Estados Unidos.

Chicago es sinónimo de acogida, tanto de modestos trabajadores como de talento llegado de todo el mundo en arquitectura, en música, en industria y en finanzas, y con la suma de todos ellos han dibujado un alma integradora que brilla con luz propia.

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