York es una de las ciudades más bellas del Reino Unido, cuyo patrimonio y encanto están muy por encima de su fama. Además, en la autorizada opinión del rey Jorge VI, “la historia de York es la historia de Inglaterra”. Sin embargo, el nombre del lugar es más conocido por su jamón que por la riqueza de su pasado. El famoso jamón de York es, en realidad, un jamón cocido a la manera en que lo hacía un carnicero local a finales del s. XIX, que alcanzaría popularidad rápidamente porque resultaba fácil de cortar en finas lonchas. Aquí lo usamos generosamente en nuestros sándwiches, pero en York se consume con salsa de vino de Madeira. También encontramos el nombre en la Nueva York americana, que fue holandesa y se llamó Nueva Ámsterdam hasta que en 1674 pasó a manos inglesas y la bautizaron en honor al duque de York, en la Nueva Inglaterra americana.
De nombre vikingo
El York auténtico está en Inglaterra, al norte, en el interior de las Midlands. Es una de las poblaciones más hermosas y dignas de visitar de todo el país, porque reúne calidad monumental, historia y encanto en un formidable casco antiguo sobre el que se eleva la exquisita mole de la catedral más grande de Gran Bretaña, rodeada por un laberinto de estrechos callejones que mantienen la atmósfera de una villa medieval. Es un placer pasear por sus calles repletas de casitas de estilo Tudor típicamente inglesas, de entramado de madera, con tejados en punta y ventanas con cristales emplomados. No es extraño que fueran estos escenarios urbanos los que incitaron a la escritora J.K. Rowling a crear la saga de los libros de Harry Potter. El famoso callejón Diagon parece inspirado en la pintoresca zona de The Sambles, la calle de los carniceros, que se ha llenado de tiendas dedicadas al merchandising del niño mago y es lugar de masiva peregrinación de los admiradores de sus libros y películas. En realidad, la fundación de York fue obra del Imperio romano, que la creó con el nombre de Eboracum en el año 71 d. C., sin pensar que llegaría a ser una de las dos capitales de la Britania romana.
Al principio fue tan sólo un fuerte con empalizada, más tarde se convirtió en un valioso enclave rodeado por una buena muralla de piedra, después llegaron los anglos y le otorgaron la capitalidad del reino de Northumbria, hasta que la conquistaron los vikingos, en 866, y se convirtió en cabeza del reino de Jórvic, origen de su nombre actual.
Vidrieras y chocolate
York conserva su poderosa muralla de cinco kilómetros de longitud, la más larga de Inglaterra, que procede de la romana, reformada por los vikingos y completada en tiempos medievales. La mejor manera de empezar la visita a la ciudad quizá sea recorriendo la muralla por el adarve de su parte alta, una opción gratuita que permite subir y bajar cuantas veces apetezca. Desde cualquier punto de la muralla se contempla siempre el pétreo volumen de la catedral elevándose sobre las casas del casco antiguo. Se trata del templo gótico catedralicio de mayor tamaño en Europa al norte de los Alpes. En su imponente fachada se ha integrado ya una escultura de la reina Isabel II, la primera de la soberana realizada tras su fallecimiento, que fue inaugurada por su hijo, Carlos III, en noviembre de 2022. El interior del templo es un espacio sobrecogedor, enorme, del s. XIII, con una altísima nave central inundada de luz a través de imponentes vidrieras, entre ellas la del Gran Ventanal Este, la mayor del mundo entre las medievales. El centro histórico está siempre animado. En las calles principales o ante la catedral hay grupos interpretando en vivo ritmos celtas o música clásica, pero se oyen también temas británicos de los años 60 y 70 del siglo pasado. Hay mucho que ver en York, incluyendo el fantástico museo vikingo sobre el yacimiento de lo que fue capital de uno de sus reinos, donde se encontraron más de 40.000 utensilios. En el museo del castillo de York se representa la historia de la ciudad, centrada en la memoria de la Casa de York, la dinastía real de la rosa blanca que protagonizó la Guerra de las Dos Rosas en el s. XV contra los Lancaster de la rosa roja y que reinaron en Inglaterra antes de que llegara al trono la Casa Tudor. York fue, además, capital británica de la producción de crema de cacao durante tres siglos, y allí se creó el KitKat, presente ahora en todo el planeta. Una visita a York’s Chocolate Story mezcla historia, taller y degustación de producto. El centro está repleto de heladerías y restaurantes donde probar la carne asada que suelen preparar los fines de semana para el brunch, aunque también se encuentran experiencias gastronómicas de gran calidad como la del singular Roots, que cocina con productos propios transformados y conservados con técnicas tradicionales.
Excursiones
Hay mucho que ver en el entorno de la capital del condado de Yorkshire. Vale la pena visitar el coqueto pueblo de Whitby, en la costa, y el Parque Nacional de los Páramos de North York, aprovechar la oportunidad de subir a un tren de vapor, y pasear por los jardines y el interior de Castle Howard, una de las mejores casas históricas del país donde se rodó la serie Retorno a Brideshead basada en la novela de 1945.
El Parque Nacional de los Dales aparece repleto de cuevas y cascadas, entre colinas siempre verdes, que son los auténticos escenarios rurales de la serie de televisión Todas las criaturas grandes y pequeñas. La factoría Cooper King de York permite conocer la primera destilería de ginebra y whisky del mundo con cero emisiones de carbono, donde las visitas culminan con una amplia degustación.
Su hermana pequeña
La ciudad de Chéster, a casi 200 km al suroeste de York, comparte con ella el encanto medieval y una curiosa arquitectura. Situada cerca de la costa, al sur de Liverpool, en el estuario del río Dee, fue puerto importante hasta el siglo XV, cuando perdió calado por los sedimentos arrastrados por el río y los barcos se fueron a Liverpool. Como York, Chester fue fortaleza romana fundada en el año 79 d. C con el nombre de Deva Victrix y conserva aún el antiguo anfiteatro cerca del río. Con los normandos alcanzó esplendor e independencia como puerto y de aquella riqueza nos ha legado un centro histórico espectacular, con calles como Eastgate, Watergate o la original Bridge Street orillada de "rows", un tipo de soportales abiertos que corren por encima de las tiendas situadas a nivel de la calle. Estos espacios públicos elevados forman un original laberinto de patios y pasadizos que duplican la superficie comercial de los edificios. Si a esto sumamos una larga muralla completa, la bella catedral y los paseos a la orilla del río, encontramos un lugar espléndido para com-probar que el entorno de las ciudades próximas de Mánchester y Liverpool esconde algunos de los lugares más hermosos y menos conocidos desde aquí, ideales para sumergirse en las esencias más auténticas del Reino Unido.