La historia de Islay está profundamente entrelazada con su geografía y clima, que han moldeado la vida en la isla durante milenios. Originalmente habitada por los pueblos neolíticos, lugar de asentamientos humanos desde hace al menos 8.000 años, ha sido hogar de celtas y vikingos que han dejando un legado cultural visible en los restos arqueológicos y en la aún utilizada lengua gaélica. La historia moderna está marcada por la producción de whisky, que comenzó en el s. XVIII y ha prosperado gracias al agua pura y al clima único, creando un producto de renombre mundial. Acceder a Islay es parte de la aventura pues se encuentra a unos 40 km de la península de Kintyre y se puede llegar por aire o mar, en caso de elegir esta última opción las vistas de la costa escocesa son un espectáculo impresionante.
La ruta del whisky
Uno de los atractivos principales de la isla son sus nueve destilerías, todas ellas de renombre y con un marcado carácter distintivo. Entre las más famosas se encuentran Lagavulin, Laphroaig y Ardbeg. Muchas de ellas ofrecen visitas guiadas, degustaciones y la oportunidad de aprender sobre el proceso de elaboración. Cada destilería tiene su estilo, influenciado por factores como el uso de turba, el tipo de barricas utilizadas para el envejecimiento y el agua local. Por ejemplo, Laphroaig es conocido por sus whiskies ahumados y medicinales, mientras que Bowmore ofrece un equilibrio más suave y floral. Los visitantes pueden participar en catas guiadas, donde expertos explican las sutilezas de cada destilado. Además, se celebran numerosos eventos, como el Islay Whisky Festival, una fiesta de 10 días en torno a la cultura del whisky.
Naturaleza salvaje
La Reserva Natural de la Sociedad para la Protección de las Aves Loch Gruinart y el Fondo de Historia Natural de Islay en Port Charlotte, son el hogar de una extensa variedad de aves, como la rara chova o el águila de cola blanca. Las zonas marinas cercanas a la costa están habitadas por focas, nutrias, delfines e incluso ballenas, dependiendo de la época. Largas rutas y senderos naturales que recorren colinas ondulantes y playas de arena blanca, como las de Machir Bay y Saligo Bay, ofrecen paisajes impresionantes y son perfectas para paseos tranquilos o simplemente para disfrutar de un entorno sereno. En el interior de la isla, numerosos lagos de agua dulce y abundantes arroyos, algunos de los cuales forman cascadas en las partes más altas del borde costero, son otro de sus atractivos naturales.
La capital
Bowmore alberga y da nombre a una de las destilerías más antiguas de Escocia, fundada en 1779, que es parada obligada junto con la llamativa iglesia de Kilarrow Parish, construida junto al puerto en 1767, de planta circular, diseñada, según dicen, “para evitar que el diablo se esconda en las esquinas”. Estando tan cerca del mar, la zona del faro de Loch Indaal es perfecta para disfrutar de un paseo en kayak o vela y luego relajarse en el Schooner Bar junto a la chimenea con un trago de whisky y una abundante ración de marisco o pasear por su zona comercial, donde The Harbour Inn y Bowmore Distillery Shop, aparte de ofrecer una buena selección de whiskies y productos locales, tienen una excelente vista al puerto cuya actividad cotidiana marca la gastronomía local. Pescados y mariscos son protagonistas, donde destacan la langosta y las ostras, aunque nunca falta el famoso fish and chips –pescado rebozado con patatas fritas–. Gracias a sus extensos y verdes pastos, la ganadería local abastece de embutidos, así como recetas elaboradas con carne de vaca o de cordero. Cabe destacar que en la tradición escocesa, el desayuno es quizá la comida más importante del día, copioso y regenerador, se sirve completo en prácticamente todos los alojamientos y consta de beicon, salchichas, morcilla, haggis –embutido a base de asaduras de cordero con cebolla, harina de avena, hierbas y especias– alubias en salsa de tomate, setas, tomates fritos, tostadas, buñuelos de patata y huevos a la plancha.
Celtas y remolinos
Merece una visita Kildalton Cross, un lugar histórico que alberga una monolítica cruz celta de casi 3 m de alto, tallada en el s. VIII y considerada una de las más antiguas y mejor conservadas de Escocia. Y, para disfrutar de unas impresionantes vistas de la costa, el paseo por Kilnaughton Bay, una playa tranquila que lleva hasta el faro de Carraig Fhada, es obligatorio. Desde Port Ellen Marina salen los barcos de Islay Sea Adventures que realizan excursiones al Área Especial de Conservación de Islay para observar su abundante vida marina y las tres destilerías que cuelgan del acantilado. También se puede visitar el remolino de Corryvreckan, el tercero más grande del mundo, situado entre las islas de Jura y Scarba, se produce por las fuertes corrientes que chocan con una peculiar orografía submarina. Acercarse a este impresionante fenómeno natural no es aconsejable para aquellos que se marean en alta mar, pues la travesía discurre por uno de los tramos más movidos y peligrosos de las Islas Británicas.
Visión histórica
El Museo de Islay, ubicado en Port Charlotte, recoge el recorrido histórico de la isla, una pequeña exposición que ofrece una visión fascinante de la historia natural y cultural, con exposiciones que van desde fósiles prehistóricos hasta artefactos de la época de los vikingos. En este pequeño pueblo se encuentra la destilería Bruichladdich, conocida por sus whiskies innovadores y su enfoque en la producción orgánica y artesanal, cuenta con tours detallados que incluyen una degustación de sus diversos productos. En Port Charlotte Hotel, además de degustar este destilado, se puede probar un exquisito ma-risco fresco como langostas, cangrejos o langostinos. También cuenta con varias playas de arena blanca perfectas para pasear y realizar rutas de senderismo que ofrecen vistas espectaculares de la costa y la campiña circundante.
Los ojos del Atlántico
Situado en el último punto al oeste de Islay, la localidad de Portnahaven y su pequeña isla de Orsay, son famosas por sus colonias de focas grises que descansan en las rocas alrededor del puerto donde, ocasionalmente, también se avistan delfines. La Bahía de Portnahaven es un bonito puerto natural que ofrece vistas panorámicas del Atlántico con pequeñas casas y tabernas como el acogedor An Tigh Seinnse donde disfrutar de la hospitalidad local. Completamos así un recorrido que demuestra que Islay es mucho más que whisky. Es un destino donde la historia antigua se encuentra con la cultura moderna y donde los paisajes naturales se mezclan con la tradición.