Viaje Titicaca y Cuzco

Los pasos del Inca

Un Perú diferente, con islas flotantes, impresionantes yacimientos arqueológicos, ciudades donde la arquitectura inca y barroca se entrelazan y una gastronomía muy particular.

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Por Carlos Rodríguez Zapata

Publicación Revista: 01/02/2025

Publicación Web: 01/02/2025

Del lago navegable más alto del mundo, el Titicaca, emergieron, según las leyendas andinas, Manco Cápac y Mama Ocllo, hijos del dios Sol y fundadores del imperio Inca. Un lago majestuoso con más de 170 km de largo –repartidos entre Perú y Bolivia–, salpicado por diversas islas y que alberga el constante ajetreo de numerosos barcos. Desde la ciudad de Puno, punto de partida común para recorrer el lago, las islas más cercanas son las Uros –nombre de la etnia que lo habita– conocidas mundialmente por ser islas flotantes construidas con juncos de totora, planta que crece en las zonas poco profundas del lago. Sus habitantes tienen que añadir constantemente capas al suelo de la isla, siempre mullido, tejidas con una técnica especial. No sólo su isla está hecha de totora, también sus casas y su bonita artesanía que venden a los turistas. Con su vestimenta de vivos colores y su lengua aimara –una de las 3 oficiales de Perú junto con el español y el quechua–, siguen viviendo de forma tradicional; cazando y pescando. Entre las numerosas islas de tierra firme destaca Taquile –donde predomina el quechua– con sus playas de arena blanca, como la de Collata Suyo, considerada como la más alta del mundo a casi 4.000 m sobre el nivel del mar. La isla es famosa también por los trabajos textiles de colores muy vivos, reconocidos por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Tren de altura

Puno está conectado con Cuzco a través de uno de los trayectos ferroviarios más impresionantes del mundo, aunque son 10 horas de viaje merece la pena para disfrutar de paisajes que alternan montañas, llanuras infinitas, puentes colgantes y pequeños pueblos andinos con encanto. Uno de los momentos cumbre es cuando el tren hace su única parada en Abra La Raya, a 4.335 m, una de las estaciones más altas del mundo. Parada corta, pero suficiente para comprar en el mercadillo artesanal y sobre todo disfrutar del panorama de esta parte de los Andes, un entorno natural de una gran belleza donde destaca el pico Nevado Chimboya.

Inca y barroca

Cuzco, conocida como Capital Arqueológica de América, fue en sus inicios la capital del vasto Imperio Inca, que se extendía desde Ecuador hasta el norte de Chile. Con la llegada y asentamiento de nobles familias hispanas, la ciudad se transformó en un incipiente producto del mestizaje de culturas. La visita comienza por la Plaza de Armas, centro neurálgico de la ciudad desde los tiempos incaicos. A un lado la Catedral, espléndido edificio barroco construido sobre el templo inca de Viracocha. Al otro lado la Iglesia de la Compañía Jesús, sobre lo que fue el palacio de Huaina Capac, que rivaliza y en ciertos aspectos supera a la catedral. Enfrente, se encuentra el lugar donde dicen que vivió Pizarro, ahora ocupado por bellas casas de soportales, que forman un conjunto de gran interés. Bajo ellos se encuentran hoy los mejores ambientes de tabernas y restaurantes donde el viajero tiene asegurados todas las noches unos momentos de alegría, con el fondo de la música de la quena –flauta del altiplano– y los cantos andinos.

Sería interminable describir la gran cantidad de monumentos que posee Cuzco. Baste citar, entre otros, la calle Loreto o la calle Hatun Rumiyoc, en cuyo muro se encuentra la famosa piedra de los doce ángulos, el Templo de Santo Domingo que fue el Qorikancha–patio dorado en quechua– y templo más rico del Imperio Inca y por supuesto el Hotel Monasterio, un antiguo cenobio con dos bellísimos claustros. Mención especial merece el barrio de San Blas, conocido como el barrio de los artistas y famoso por sus estrechas callejuelas adoquinadas, sus puertas azules y abundantes bares, restaurantes y tiendas de artesanos. Desde la plaza de la iglesia de San Blas se disfruta de una bonita vista de toda la ciudad. Y haciéndole la competencia se encuentra el barrio de San Cristóbal, en el que destaca la calle 7 Borreguitos, con sus casas de estilo colonial y sus coloridas puertas y ventanas decoradas con flores, que dan un toque de encanto y calidez a esta calle peatonal.

La gastronomía del Inti Raymi

Como queriendo ser el guardián de Cuzco, se encuentran las ruinas incas de Saqsaywamán, que en quechua significa halcón satisfecho. La fortaleza se yergue como uno de los más imponentes complejos incas, construido con piedras de hasta 5 m de alto y 100 t de peso. Es aquí, donde cada 24 de junio, coincidiendo con el solsticio de invierno, se celebra el Inti Raymi o Fiesta del Sol que es además una fiesta para el paladar donde disfrutar de platos tradicionales que reflejan una rica herencia culinaria. A saber; el chiriuchu, receta emblemática elaborada con ingredientes de diversas regiones del país, como gallina sancochada, tortillas, queso, chorizo; el chairo, una sopa espesa a base de papas, chuño, carne de cordero, carne deshidratada de res y diversas verduras; la pachamanca, elaborada dentro de un hoyo hecho en la tierra; el lechón, muy crujiente, servido con tamales y los anticuchos, brochetas de corazón de res y patatas.

El valle sagrado

En el Valle Sagrado del río Urubamba-Vilcanota, situado 15 km al norte, se podrá disfrutar de encantadores pueblos coloniales y yacimientos arqueológicos de una belleza inigualable. La primera parada está en el complejo arqueológico de Moray un laboratorio agrícola de terrazas circulares donde cada una posee un microclima propio gracias a un sistema de riego y la protección natural de las montañas circundantes, lo que permitió a los incas cultivar diversas semillas. Muy cerca se encuentran las Salineras de Maras, compuesta por miles de pozos de evaporación de sal utilizados desde antes de la época inca que ahora brillan al sol en un espectáculo visual de diversas tonalidades. Ollantaytambo es uno de los sitios arqueológicos más importantes del Valle Sagrado, con templos, terrazas y un impresionante sistema de riego. A sus pies se encuentra el pueblo del mismo nombre, con sus encantadoras casas, sus calles adoquinadas y canales de agua, que convierten esta localidad en un lugar mágico para los visitantes. Tipón, otro destino obligado, es un parque hidráulico inca con un extraordinario sistema de riego. Al término de la visita hay que acercarse a la ciudad, al Rancho del Cuy, para degustar uno de los platos más afamados de la gastronomía peruana; cuy, roedor que a lo largo de los siglos se ha convertido en un alimento básico de esta cocina. Acompañado con las patatas del Parque de la Papa, que alberga más de 1.300 variedades del tubérculo, el lugar ideal para disfrutarlo es la Laguna Huacarpay, bajo la sombra de una carpa con una vista inmejorable.

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