Corría el año 993 cuando el príncipe vikingo Haakon I regresó a la tierra de sus ancestros para recuperar el trono que le había arrebatado su hermano Erik. Haakon, llegado desde Inglaterra, donde había sido formado durante largos años, fundó el que hoy muchos consideran como el primer templo cristiano de Noruega: la iglesia vieja del pueblo de Moster. Aquel templo sigue en pie, rodeado por el escenográfico cementerio de esa pequeña localidad. Es el mejor testimonio de que los vikingos, más allá de su indomable espíritu guerrero, también se empaparon de buena parte de la cultura de los pueblos conquistados. Ellos fueron también los responsables de que se abrieran numerosas vías de comunicación entre los países de aquella Europa en estado embrionario. Vías que se han mantenido hasta nuestros días y que, por ejemplo, han permitido que lleguen a nuestra dieta alimentos tan lejanos como el bacalao. Un camino de ida y vuelta, claro, que explica la existencia de productos y recetas meramente mediterráneos en la dieta habitual de los noruegos.
La influencia del Golfo
Como homenaje a la epopeya de los vikingos, justo al lado de la iglesia vieja de Moster se ha construido el anfiteatro y museo vikingo Moster Amfi. El auditorio es una imponente construcción al aire libre, realizada en madera, donde tienen lugar representaciones sobre la historia de ese pueblo guerrero. Lógicamente, son en noruego, pero la escenografía y el entorno hacen más que recomendable la visita a este lugar. Moster se encuentra en el archipiélago de Bømlo, en la zona suroeste de Noruega. Unas islas que, como buena parte de la costa de este país, se beneficia de la corriente del Golfo, que trae hasta aquí temperaturas que para sí quisieran en el interior noruego (sobre todo en invierno). La corriente del Golfo también favorece la proliferación de especies marinas como el bacalao, el salmón, el cangrejo real o los bogavantes. Es todo un espectáculo ver cómo capturan estos últimos los pescadores de Bømlo a principios de otoño. Luego, los engordan durante meses en unas particulares nasas de pesca, para venderlos ya en fechas cercanas a la Navidad. Para guiar la navegación de los pescadores locales y, en general, de todos los barcos que hacen cabotaje entre el Sur y el Norte de Noruega, o al revés, el faro de Slåtterøy añade al ya impactante paisaje de esta costa un punto de escenografía impresionante. Se puede llegar hasta aquí con las excursiones que organiza la empresa Brandasund en una lancha neumática, lo que añade aún mayor emoción a la experiencia. Aunque, sin duda, para una navegación emocionante, la que se puede realizar por Lysefjord, es decir el fiordo al que se asoma Preikestolen, el Púlpito. Formación rocosa que es una de las imágenes más icónicas de Noruega. Casi todos ven el fiordo desde las alturas de este impresionante mirador natural, pero recorrerlo en una pequeña embarcación supone disfrutar de una forma más intensa de la apabullante naturaleza de la zona, con decenas de cascadas naturales vertiendo la esencia de las montañas al pro¬pio fiordo. Y, por supuesto, viendo cómo se recortan las crestas montañosas entre una vegetación equiparable a lo selvático. Una empresa de actividades que ofrece esta experiencia es Fjord Events, que recoge y devuelve a los excursionistas en el mismo puerto viejo de Stavanger.
Los encantos de Stavanger
Esta ciudad preserva buena parte de su urbanismo histórico, sobre todo en el barrio situado en torno al puerto viejo: construcciones con fachadas de listones de madera blanca y tejados a dos aguas con un encanto y autenticidad que enamoran. Muy cerca, en el mismo puerto, está la Viking House. Una curiosa y original iniciativa que permite a los visitantes sumergirse (mediante la realidad virtual) en la historia de los vikingos a través del rey Harald Hår-fagre, ganador de la Batalla de Hafrsfjord en el 872. Pero, sin duda, el lugar más llamativo de la ciudad y también el más animado durante el día y buena parte de la noche, es la Øvre Holmegate. Es decir, la calle de colores, conocida de esta forma por sus casas coloreadas, reconvertidas muchas de ellas en bares, restaurantes y tiendas que hacen las delicias de turistas y locales.
Cocina de lejanas influencias
Stavanger es, desde luego, un buen lugar donde tomarle el pulso a la nueva gastronomía de Noruega. Una cocina que aprovecha las magníficas materias primas que se pescan en estas aguas norteñas, para elaborar preparaciones inspiradas en cocinas internacionales. Algunas tan lejanas como las del restaurante Sabi Omakase, templo culinario de Roger Asakil Joya, un filipino establecido aquí desde hace décadas y que elabora uno de los mejores sushis de toda Europa. Sentarse en la barra de este restaurante y dejarse seducir por sus 18 pases es una experiencia inolvidable, desde luego. Otras veces, con influencias más cercanas. Por ejemplo, los aires ítalo-franceses-nórdicos del restaurante Renaa Maatbaren, parte del grupo gastronómico creado por el genial Sven Erik Renaa. Éste es uno de los cocineros noruegos más premiados a nivel internacional, jurado de Bocuse d’Or y un incesante investigador en las posibilidades culinarias de los productos de su propio país. En este bistró, su equipo de cocina crea un ambiente desenfadado y muy artístico. Algo más modesta, pero no menos suculenta ni auténtica, es la propuesta del restaurante Ostehuset Øst, donde sirven, de forma realmente atractiva y cercana, algunos de los mejores manjares de la cocina noruega. Como su deliciosa crema de calabaza y patata, su tabla de quesos locales y, por supuesto, su interpretación del bacalao. Algo más modesta, pero no menos suculenta ni auténtica, es la propuesta del restaurante Ostehuset Øst, donde sirven, de forma realmente atractiva y cercana, algunos de los mejores manjares de la cocina noruega. Como su deliciosa crema de calabaza y patata, su tabla de quesos locales y, por supuesto, su interpretación del bacalao.
Encantos naturales
Unos 170 kilómetros hacia el norte de Stavanger y en dirección a Bergen, está otra de las principales referencias gastronómicas de la región: Bekkjarvik Gjestgiveri. Este antiguo centro de recepción, transformación y conservación de pescados es hoy un encantador alojamiento. Pero por lo que destaca el establecimiento es por su lujoso restaurante, en el que los hermanos Ørjan y Arnt Johannessen desarrollan toda su creatividad, marcando el ritmo de la gastronomía noruega más actual. ¿Exagerado? En absoluto. Baste un dato para demostrarlo: Ørjan fue el ganador del Bocuse d’Or en el año 2015. Aquí apuestan por la sublimación del producto local, pero con numerosos guiños a la cocina mediterránea (atención a sus menús de tapas) y asiática. Por ejemplo, con un inteligente uso del kale para acompañar sus platos de pescado.
Entre bosques y lagos
Antes de abandonar esta región Suroeste de Noruega merece la pena adentrarse unos kilómetros hacia el interior y conocer su impresionante naturaleza. Por ejemplo, recorriendo la llamada carretera panorámica de Ryfylke. Una vía que discurre entre lagos, impresionantes cascadas, tupidos bosques y altas montañas. Quien se anime a adentrarse a pie o en bicicleta por este maravilloso entorno, tiene una buena opción en la localidad de Sand. Hay diversas rutas de senderismo que recorren estos bosques, encantadores en cualquier época del año. Y, para reponer fuerzas, está la opción de comer en un lavo, tienda de campaña hecha con piel de reno que es la vivienda tradicional de la población sami (los lapones), salmón y verduras asados al fuego de la hoguera, junto con carne de reno seca. Una interesante forma de integrarse en la extraordinaria naturaleza de esta región, que se puede reservar a través de Mo Laksegard.