El tacto ofrece diferentes estadios de información al catador. Podemos destacar dos aspectos: en primer lugar, el concepto de temperatura. Siempre debemos señalar que tendremos que diferenciar el fin de la degustación del vino; un caso es el mero disfrute, acompañando una comida o simplemente por degustar un vino, en la que el catador siempre se acogerá a sus gustos sin más. Otro caso es el de la cata y el análisis de las características de un vino, en la que hay que atenerse a unas temperaturas más concretas. En este análisis táctil del vino podremos diferenciar el concepto de temperatura en dos vertientes, la temperatura física,los grados centígrados a los que se encuentra el vino en sí; por otro la llamada temperatura táctil, o sensación pseudotérmica que produce un vino dependiendo de su composición. En un vino con buena proporción de acidez, sin ser excesiva, aporta sensación de frescor y se define como fresco. Al contrario, la riqueza de alcohol se traduce en un vino cálido, o ardiente, si la presencia alcohólica resulta excesiva.
También revisten gran relevancia las sensaciones puramente táctiles que nos deja el vino en su paso por boca, la mayor o menor suavidad del vino. Un vino con agradable y suave paso de boca se puede definir como de fácil paso, suave, sedoso o aterciopelado, según la sensación táctil que produce. Como defectos, se utilizan otras palabras: áspero, astringente, duro, etc.
Por otra parte, el tacto proporciona información sobre el cuerpo o extracto del vino, es decir, sobre la mayor o menor densidad del vino, definida por la mayor o menor presencia de ciertos elementos, como glicerina, materia colorante, etcétera. Un vino bien estructurado o bien armado manifiesta una potencia de sabores que está sustentada por un buen extracto o cuerpo.
Si quieres ampliar tus conocimientos descubrir como intervienen otros sentidos en las fases de la cata de vino