El municipio burgalés Sotillo de la Ribera –a 17 km de Aranda de Duero y 68 km de la capital de la provincia–, tiene una larga tradición vitivinícola; los viñedos dibujan el paisaje circundante y en la población existen bodegas que fueron construidas entre los siglos XV-XVIII. Estar en tierra de vinos y dentro de la prestigiosa Denominación de Origen Ribera del Duero motivó a un grupo de socios a fundar una bodega en 1960.
Años después, con el abandono progresivo de los fundadores, Santiago Arroyo adquirió la propiedad en 1994 iniciándose una nueva etapa con un sólido proyecto empresarial.
La nueva bodega
A partir de 1995 se renovaron todas las instalaciones; se construye una gran nave subterránea de crianza de 1.000 m2 con capacidad para más de 4.000 barricas de roble y una sala de embotellado.
Todas las instalaciones están equipadas con modernas tecnologías que junto con la experiencia y la tradición permiten contar con unas inmejorables condiciones para la producción de vinos.
Pagos, variedades, suelos y clima
Presume –y con razón– Santiago Arroyo “de la pasión y dedicación a los viñedos” que primero su padre y después él, plantaron en una de las mejores zonas de la denominación. “Los viñedos están distribuidos en 11 pagos principales que se diferencian sobre todo por la altitud, lo que nos permite una vendimia muy escalonada porque normalmente los viñedos con más altura son los más tardíos en recolección”.
En la zona más septentrional se encuentran los viñedos situados entre 900-950 m; son las cepas más longevas, con una media de edad superior a los 25 años. Orientados al este se localizan los pagos de la variedad tinta del país, cepas de entre 10-20 años y plantados en suelos arcillo-arenosos que producen vinos muy frutales, de mucha complejidad aromática y gran expresividad en boca. La climatología de la Ribera del Duero es de carácter atlántico-continental.
Tiempos del vino

Tras la vendimia a mano, transportada la uva en remolques de 3.500 k (los viñedos más alejados sólo distan 4 km de la bodega), se despalilló y estrujó ligeramente, pasando a la fermentación en depósitos de acero inoxidable de unos 20.000 litros. No se añadieron levaduras comerciales y la temperatura de fermentación osciló entre los 25-28ºC, con remontados diarios durante los 18 días que duró la maceración.
El vino ha tenido una crianza de 24 meses en barricas de roble (40% americano, 60% francés); barricas nuevas durante el primer año y de entre 3 y 5 años en el segundo. Tiene una sola filtración antes del preembotellado y ha permanecido más de 36 meses en botella.
La mano del hombre
“Una de las grandes ventajas de disponer de viñedos propios consiste en conocer de antemano a qué vino va a ser destinada la uva de cada parcela –dice el enólogo Víctor Martínez Mayo–; la decisión la tomamos a pie de campo, mediante la realización de diversas catas de uvas y durante el periodo de maduración; no sólo nos basamos en los datos analíticos, sino que tenemos muy en cuenta los matices que nos aporta la uva durante su degustación; son sensaciones que la analítica, por sí sola, no nos puede ofrecer”.
Componen el equipo humano su presidente Santiago Arroyo de las Heras, los gerentes Fabiola Arroyo Cabañes e Iker Ugarte Arroyo (hija y nieto de Santiago), el encargado José Calcedo Espinosa y el director comercial Carlos Pozo Pozo.
“En nuestra bodega –manifiesta Fabiola Arroyo– nos centramos en la búsqueda del equilibrio entre la tradición y la modernidad; siempre tratamos de elaborar los vinos que demanda el mercado manteniendo las señas de identidad de la DO; hacemos especial hincapie en elaborar vinos amables sin renunciar a la personalidad que otorgan nuestros viñedos y la variedad. También nos parece muy importante mantener una buena relación calidad-precio en todos nuestros vinos”.
Señorío de Sotillo, reserva 2011
Tipo: tinto