Historias vinícolas

Los mecenas

Nobleza del corcho en historieta; ciento sesenta años de la clasificación de 1855; Faure Brac lleva el vino a Milán; Gordon Ramsay al Grand Hôtel para competir con la Grande Maison; luego dicen que el pescado es caro; los 110 de Taillevent en Vinexpo.

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Por Óscar Caballero

Publicación Revista: 01/06/2015

Publicación Web: 29/07/2016

François Mauriac, gran escritor, católico y propietario vinícola en su Burdeos, acuñó la definición nobleza del corcho para esa sociedad heterogénea que hizo del mayor viñedo de vinos finos del mundo un emblema sostenido por el invento del château: más allá del castillo, jardín inglés delante, viñedo detrás, bodega debajo y en la casa, dos habitaciones principales, el comedor para lucir los vinos y el despacho para venderlos.

¿A quien? Al négociant, un intermediario que tiene la exclusividad de los grandes vinos pero que arriesga su dinero en la riesgosa compra de primeurs. Es decir que en abril se le pone precio al vino vendimiado el otoño anterior. ¿Y si dos años más tarde no corresponde al optimista paladar que intentó adivinarlo? Es el caso tal vez del 2008, extrañamente abundante en la singular degustación con la que Philippe Castéja (presidente del Consejo de los Grands Crus Classés en 1855 Médoc y Sauternes), el editor Jacques Glénat que les ha dedicado un libro y el ministro de relaciones exteriores Laurent Fabius, invitaron a celebrar, en el Quai d’Orsay, sede del ministerio que se que se adjuntó el turismo, la gastronomía y ahora el vino, los 160 años de la clasificación, obra precisamente del négoce.

Dos temas de conversación. A Philippe Faure-Brac, mejor sommelier del mundo y patrón desde hace treinta años del Bistrot du Sommelier, Francia le pidió, en el mayor secreto para evitar influencias, la selección de vinos para la Exposición Universal de Milán. Su exigencia básica: “precios de tienda en el restaurante, para que los vinos sean bebidos”. También, normal, se habló mucho de la cata, en primeur, de un 2014 que sufrió la ausencia, segunda en 33 años, de Robert Parker, el mayor vendedor de Burdeos con sus notas. Después de tres añadas menores, la 2014 cosechó buenos comentarios. Pero nadie tira cohetes.

Otra novedad que llega como vino de mayo: la nobleza del corcho tiene ya historieta. Glénat, pionera del manga con uva, publica Vin, gloire et bonté (vino, gloria y bondad), sátira de la vinocracia bordelesa. La pluma es local. Y enterada: Isabelle Bunisset, doctora en letras, crítica literaria del SudOuest y de vinos en Figaro Magazine, autora ya de Le gourou du vin, libro comentado aquí, en el que prestaba su talento de escritura al paladar de Michel Rolland. Aliada con el dibujante italiano Giuseppe Lotti, narra los tres meses de Annabelle, parisina guapa, encantadora, pelín neurótica, psicoanalizada y a punto de divorciarse y periodista de un gran semanario, en el viñedo bordelés.

Por encargo de su padre, director de la revista, debe redactar un informe de cincuenta páginas. Y del vino lo ignora todo. Burdeos ¿meca gastronómica? “Gordon Ramsey situará Le Pressoir d’Argent (el restaurant del Grand Hôtel, cerrado desde enero del 2014, tras la partida del chef Pascal Nibaudeau) entre las mesas insoslayables de Francia”. El anuncio no fecha la llegada del escocés que ya logró un par de estrellas en el Trianon Palace de Versalles.

Entre tanto, la dirección para gastrónomos es 10, rue Labottière. O sea, el Joël Robuchon Restaurant, en La Grande Maison Bernard Magrez. “Como Alain Afflelou o James Dyson –constata el matutino económico Les Echos– Bernard Magrez se ha transformado en marca”. Enriquecido por un vino de marca –rareza en Burdeos que contribuyó a imponer, junto al Mouton Cadet de Rothschild– y licores de media gama, vendió todo y se transformó en uno de los mayores propietarios de viñedos de calidad en el mundo, asociado en algunos con Gérard Depardieu. Mecenas de arte y pionero de la hotelería de lujo, luego irrumpió en el mundo habitualmente discreto de la alta restauración. Con modales nuevos.

Por ejemplo, anuncios a toda página, en Le Figaro, para proclamar que La Grande Maison “propone, con sus 259 châteaux, entre ellos 172 grands crus classés, la mayor selección mundial de grandes vinos de Burdeos”. Dos alternativas, baratas y marinas: la pescadería, tienda de vinos y restaurante de pescados Petit Commerce, de Fabien Touraille en 22, rue Parlement-Saint-Pierre, de 10 de la mañana a medianoche (20-40 Euros); y Kuzina, menús (18, 21 y 27 Euros) ingreso en restauración de Pauline, hija del excelente Jean-Pierre Xiradakis (Tupina), instalada en la misma calle Porte-de-la-Monnaie que la chimenea del padre, sus carnes, convirtiera en referencia mundial. En su 18 edición, Vinexpo asume más que nunca la relación entre vino y gastronomía con todo tipo de propuestas, del foodtruck a una brasserie fímera, montada por 110 Taillevent.

Sus propietarios, los hermanos Gardinier (Phélan Ségur, en Saint Estèphe, pero también el emblemático Relais & Chateaux Les Crayères, en Reims y Taillevent, en Paris, con su bistrot 110 Taillevent y una tienda de vinos con sucursal en Beirut, propondrán, durante Vinexpo, una “brasserie enológica”. Habrá 110 etiquetas en botella y 40 en copa. Los platos –calamares plancha, risotto de espárragos y jamón, Tbone de ternera...- serán propuestos con el vino correspondiente. Provintech para conservar los vinos abiertos. Y un ticket promedio de 70 euros.

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