Sala de Barricas

La Rioja Alta

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Autor: Mayte Díez
Autor Imágenes: La Rioja Alta
Fecha Publicación Revista: 01 de noviembre de 2015
Fecha Publicación Web: 22 de marzo de 2016

Club de Gourmets.– A grandes rasgos, ¿Cuáles han sido los hitos más significativos en La Rioja Alta?

Guillermo de Aranzabal.– En nuestro caso no hubo, como en otras casas, ese momento de dejar los vinos jóvenes porque ya desde el principio la bodega se asoció a vinos de calidad, vinos con crianza en barrica. Luego, en los años 60, fue cuando se produjo la definición de las marcas de la bodega. Se dejó el embotellado del “sexto año” para el Viña Arana, y el “tercer año” para Viña Alberdi; ese paso de darle personalidad a cada marca fue muy importante. En los 80 se tomó otra decisión, la de disponer de uva propia, que representó un cambio sustancial; nosotros ya no compramos uva, pero no sólo en La Rioja Alta, sino en todas nuestras filiales*. Y ya en la década de los 90, fue la apuesta por la exportación.

Se deja la década de los 70.

Ese fue el gran cambio en el desarrollo de la bodega, pero no sólo en nuestra casa, porque en toda La Rioja sucedió algo parecido. Fue cuando las bodegas dejaron de ser hobbies y empezaron a ser negocios, a ser gestionados como empresas, a tener departamento de contabilidad, de exportación, etc.

Empezaron a vender vino en serio.

Algo así, porque hasta entonces las bodegas eran como juguetes. Además, que los propietarios no vivían de eso. Eran inversiones accesorias, iban allí con su familia a pasar la tarde. Yo recuerdo ir de pequeñito con mi abuela y ni ella ni sus hermanos trabajaban en la bodega. Tampoco se les oía hablar de la bodega como negocio, sino como un entretenimiento, algo que habían heredado de sus padres, de sus abuelos, pero nada más. Es en los 70 cuando se profesionaliza.

¿Qué opina sobre la segmentación propuesta por algunos elaboradores de la Rioja Alavesa?

Yo creo que fuera de Rioja el mundo es oscuro y hace mucho frío. Rioja en sí ya es una marca que te facilita sobremanera la entrada en muchos mercados. Ahora bien, no toda Rioja es igual, –y no hablo del tema político–; San Adrián, por ejemplo es distinto de Haro, Tudelilla es diferente de Cenicero... Hay zonas que tienen una fuerte personalidad enológica, una identidad diferente y ahí sí que creo que debiera existir alguna posibilidad de mostrar eso al consumidor, pero siempre dentro de La Rioja, naturalmente.

¿Cree que el consumidor puede apreciar esa segmentación?

Depende de cómo se haga y depende en qué mercados. En Inglaterra, por ejemplo, sería entendible. En Estados Unidos, no. Ya es complicado el hecho de que existan crianzas, reservas y grandes reservas, imagínate con subzonas. Imposible. De explicarlo hay que hacerlo de forma muy sencilla, dar una cierta información adicional, y eso yo creo que sí convendría, que sí sería bueno. En cualquier DO del mundo que tenga una extensión de unos 160 k de un lado a otro, existe algún tipo de segmentación. Y en Rioja no. Te vas a Burdeos, a Borgoña... En fin, creo que debería trabajarse un poco más ese tema, sí.

¿Pesa mucho el adjetivo rioja?

Bueno, Rioja tiene una cierta imagen tradicional, que sigue manteniéndose, de vinos con envejecimientos más o menos largos, muy amables al paladar, redondos, vinos listos para beberse cuando salen al mercado, que no tienes que envejecerlos en la botella. Esa es la imagen, sí.

También dentro de Rioja hay vinos que no tienen esas características.

Claro, son vinos más modernos, más internacionales; vinos potentes, tánicos, y han sido esos vinos los que han hecho que los clásicos cambiemos. Con ellos ha habido un tirón hacia adelante. Como dirían los chavales, “nos han puesto las pilas”.

Ahora la tradición es más moderna y la vanguardia menos arriesgada.

Sí, se ha llegado a un equilibrio. Las casas tradicionales nos hemos actualizado mucho por la existencia de ese nuevo estilo y en el otro extremo, –que en algunos casos ya se elaboraban vinos difíciles de beber– han pisado el freno.

¿Cómo le gusta que definan sus vinos?

Como vinos elegantes, sutiles, placenteros, porque el motivo de hacer vino es dar placer. Y sí, vinos delicados, en el buen sentido; complejos, redondos, fáciles de beber y versátiles. Y como bodega, nos gusta que nos definan como los nuevos clásicos.

¿A qué segmento de mercado quieren conquistar?

Los países donde hay segmentación de productos por precio, o consumo por precio, en los monopolios nórdicos, por ejemplo, o en Estados Unidos, que se saben muy bien las ventas por nivel de precio, nuestros vinos están siempre en el 3% más caro del mercado.

¿Eso es mucho o poco?

Bueno, pongamos que Vega Sicilia estará en el 0,2%; en ese 3% donde nosotros estamos, están todos los vinos de Suecia en una franja de 15 €. Ese es el mercado al que tenemos que ir. Nuestro problema, en muchos países, es como acceder a ese 3%. Porque si queremos vender vino en China ¿cómo haces para entrar en ese mercado del 3%?

¿Qué promedio de edad tienen los consumidores de sus vinos?

En España, para beber nuestros vinos tienes que tener un trabajo y un suelo. La gente que todavía está estudiando no los pide porque no puede costeárselos, o si lo hace, tiene que ser un gran aficionado. Y tener trabajo exige estar entre 35–40 años. Desde ese punto de vista la franja de edad va por ahí. Lo que sí estamos observando es que cada vez son más los jóvenes interesados en el mundo del vino. Ayer –se refiere al evento del 125 aniversario– había aquí mucha gente joven. Los hijos de los socios, que hace 10 años no venían a estas cosas, ahora sí les llama la atención.

¿Qué volumen dedican a la exportación?

Estamos ahora exportando un 55% y el mercado nacional absorbe el 45% restante.

¿Cómo va el mercado nacional?

Notamos un descenso en los años 2008– 2009. Desde entonces, nosotros estamos subiendo un 6, 7, 8% al año, que en cinco años es ya es mucho. Nuestros vinos pueden encontrarse en la restauración media–alta y alta; en tiendas especializadas, algo en supermercados, muy poco, y en las bodegas, a los particulares que las visitan en las rutas enoturísticas. No sé si lo sabes, pero nosotros fuimos la primera bodega de Rioja –y no sé si también de España–, que tuvo equipo propio de cocina y comedor privado a principios de los 80. Y también, la primera bodega de España que tuvo web. Había una de Freixenet, pero era como un anuncio fijo. Nosotros ya teníamos links, información, fichas de cata y todo eso.

Los anuncios modernistas que reproducen en las cajas de vino son bellísimos.

Sí, están teniendo mucho éxito porque hay mucha gente que los colecciona. En aquella época (finales del XIX, principios del XX), eran muchas las bodegas que se anunciaban así. Y eran más transgresores en la publicidad que hoy. En los nuestros, hay un señor que sale con un puro, colorado, un bon vivant; otro está en la plaza San Marcos, que ya indica un turista con cierto nivel... Y señoras estupendas. El vino estaba unido a la buena vida.

Etiquetas: entrevista, Sala de Barricas, La Rioja Alta, vino, bodegas, do, gastronomia,

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