Mayte Santa Cecilia

Corazón Vinícola

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Autor: Maricar de la Sierra
Autor Imágenes: Ana Valenzuela
Fecha Publicación Revista: 01 de octubre de 2016
Fecha Publicación Web: 11 de agosto de 2017

Creció en los pasillos de la tienda, rodeada de estanterías de vinos y licores. Mientras estudiaba la carrera de Derecho, pasaba las Navidades ayudando a su padre para sacarse un dinerillo para sus gastos. Así le picó el gusanillo por una empresa, Santa Cecilia, que ha cumplido 90 años.

Los orígenes  se remontan a 1922 en una bodega tradicional que regentaba su abuelo. En 1968 su padre, Pedro Santa Cecilia Berlinches, abrió el primer autoservicio especializado en vinos y licores de España.

Desde 1990 en Santa Cecilia, Mayte y su hermano han aprendido todo y más junto a su padre y desde abajo. Muy trabajadora, esta abogada, con un master en Administración de Empresas y sumiller, dirige el Comité de Cata de la empresa y el Club de Clientes, con más de 15.000 socios, desde el que se organizan cursos de cata, viajes enoturísticos o promociones. Lo más importante, contagia la pasión que siente por el mundo del vino.    

Club de Gourmets.- ¿En España hay cultura del vino?

Mayte Santa Cecilia.– Sí, somos un país vitivinícola, hay grandes vinos en todas las zonas, pero deberíamos hacer un gran esfuerzo para que la gente joven llegue a esa cultura mediterránea, que es una forma de comer, de beber y de festejar los momentos especiales; si esa forma de ser se pierde por la globalización y se vuelve diferente, afectará al mundo del vino.

Sin embargo desciende el consumo.

No hemos sabido defender las virtudes del vino. Tenemos que ser capaces de trasladar esa parte cultural y mediterránea que tiene el vino que es un alimento y tenemos que separarlo de lo que es el alcohol en general. El vino tiene muchos beneficios para la salud, beberlo en su justa medida es muy saludable según la OMS y todos los estudios científicos del mundo. Sin embargo, paralelamente, hay otro movimiento de la gente que lo entiende como una parte de su cultura, cada vez le gusta más entender de vinos, los cursos de cata funcionan, el enoturismo, las bodegas cada vez hacen mejores vinos, todo los restaurantes tienen un buen sumiller... pero todo ello hay que coserlo con el consumo real. ¿Por qué no incorporar a diario un hábito tan sano?

¿Hay un cambio de hábitos en los consumidores?

Mucho más interés y los consumidores están mucho más abiertos a probar nuevas cosas, nuevas denominaciones de origen, otras marcas. Porque se consume menos, pero de más calidad.

¿Hay modas en el mundo del vino?

Sí, hay que fijarse en la monastrell, en la garnacha; en su día estuvo muy de moda el Priorato, la verdejo... hay modas para los nombres de los vinos, algunos muy divertidos; el tipo de etiquetas, muy vanguardistas. Además hay modas que van a la par con otros ámbitos, como una cierta vuelta a los clásicos, que vuelven a tener su fuerza, su prestigio y su presencia.

En Santa Cecilia ¿hay un perfil de cliente?

Tenemos un perfil muy abierto de cliente, aunque todos tienen en común el interés por la buena mesa y no solo en vinos, también en licores o en la coctelería. Quieren aprender, formarse, saber qué sucede alrededor del mundo del vino a través de nuestros cursos de cata. Es una empresa muy familiar, nuestros clientes han ido pasando de generación en generación. Se han incorporado las mujeres al mundo del vino y también gente más joven. Hemos logrado que Santa Cecilia sea más que una tienda, un lugar donde vivir experiencias, la gente puede venir, sentarse cómodamente, descorchar un vino a precio de lineal; saben que una vez aquí van a disfrutar.

¿La especialización es la máxima de Santa Cecilia?

Para nosotros la máxima especialización es una obsesión, tenemos más de 5.000 referencias lo cual no es ortodoxo financieramente en el caso de algunos vinos, pero hay que tenerlos porque tienen que estar en una tienda especializada. A partir de ahí, el mejor precio y el mejor servicio. Estar siempre en contacto con el cliente. Los buenos precios son importantes,  creemos que para que el cliente incorpore en su rutina diaria el vino, tiene que haber un vino para cada ocasión. Hay vinos de iniciación, que son más baratos y el camino de la gente joven hacia el vino; luego hay vinos para situaciones especiales. Cada vino tiene su circunstancia y para nosotros, especialización no tiene que ver con precios caros.

¿Cuáles son los vinos más fáciles y cuáles los más difíciles de vender?

Los más fáciles son los que el cliente viene buscando; los demás no es que sean difíciles es que como el cliente no los conoce hay que hacer un esfuerzo para presentárselos, todo nuestro personal son sumilleres. Yo misma soy sumiller y mi hermano también. Descubrir a nuestros clientes esas marcas desconocidas que nos han emocionado es una obligación de una tienda especializada, igual que lo es tener todas aquellas marcas que el cliente busca y esa es la dificultad, tenerlo todo y en España hay vinos  muy interesantes a muy buen precio.

Entre más de 5.000 referencias, ¿cuáles son las joyas de la corona?

Si hablamos de zonas, todavía siguen siendo Rioja, Ribera del Duero y Rueda. Para mí la joya es la diversidad, que el cliente pueda acceder casi a cualquier botella de vino, nacional  e internacional, desde una de dos euros, a otra de 5.000 como un Château Petrus, o joyas como son los generosos. Hay que descontextualizar su consumo, un jamón ibérico con manzanilla; en nuestro Club hacemos muchos cursos de armonías y la gente se deja aconsejar.

También tienen una gran selección de destilados, ¿influyen las modas?

Unas mil referencias. Acabamos de pasar la moda de la ginebra; internacionalmente ha despegado fuertemente el vodka, aquí todavía está pendiente. Quizá el tequila o el sake.

¿Qué rotación tienen sus productos?

Todos los años introducimos unas cien referencias nuevas que se presentan en nuestra Feria de Novedades.

Hace 25 años cuando empezó aún había pocas mujeres ¿cómo lo vivió?

Con bastante naturalidad porque yo había crecido en los pasillos de la tienda y en las vacaciones de Navidad empecé ayudando a mi padre para sacarme un dinerillo. Entonces en esta tienda ya había de todo, mi padre era muy vanguardista para aquella época y hacía muchas actividades. Yo veía a las vendedoras con esos licores de Bols de colores e iba preguntando ¿con esto qué se hace? y ya pensaba que ese mundo no tenía fin para formarse, lo mismo que el vino, el  cava o el champagne y me empezó a encantar. Cuando terminé la carrera estuve dos años trabajando fuera y entonces me di cuenta que no tenía sentido irme a otra empresa si ya teníamos la suerte de tener Santa Cecilia.

Hice el curso de sumilleres en la Cámara de Comercio y empecé a trabajar junto a mi padre, que ha sido un maestro impagable. Nosotros somos cuatro hermanos,  soy la única chica y mi padre nunca me diferenció de mis hermanos por ser mujer. De hecho no entré en una parte “femenina” porque empecé en compras, negociando con los proveedores los precios de vino.

¿Y usted qué bebe?

Bebo de todo, siempre bueno, eso me parece fundamental. Aunque me gustan los buenos destilados y la cerveza, lo que más me gusta es el vino, soy una bebedora moderada, pero bebo vino a diario. Mi corazón está con el vino español.

¿Qué aporta Santa Cecilia 2.0 frente a la multitud de páginas de venta de vinos?

Toda la infraestructura que comparte con Santa Cecilia. Una venta online no solo es un catálogo, hay que tener una buena selección, que está bien conservada, trabajamos con los mejores transportistas; hay que tener todo lo que  ofreces y tenerlo de verdad. Los clientes saben que cualquier problema que tengan con una botella, alguien solvente va a responder.

De nuevo en la tienda de Santa Cecilia en Blasco de Garay,  me pierdo entre estantes de cerveza artesanal, vinos de todo el mundo, destilados premium, me siento en la barra para probar un oloroso. Siempre es una delicia pasar un rato allí.

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