Entrevista a Cristina Forner

Marquesa del vino

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Autor: Maricar de la Sierra
Autor Imágenes: Marqués de Cáceres
Fecha Publicación Revista: 01 de septiembre de 2014
Fecha Publicación Web: 18 de junio de 2015
Revista nº 461

No le molesta que la llamen marquesa. Licencia para titular. Sonríe suavemente y explica que no lo es, a pesar de que sus vinos llevan hasta en los taninos el título, pero se lo toma como un reconocimiento a su larga carrera en Rioja. Con una imagen impecable, elegantemente vestida, un ligero acento francés denota su crianza en Francia.

Lleva el vino en la sangre. Su bisabuelo fundó en Sagunto, Vinícola Forner; la generación de su abuelo ya exportaba vino en barricas a varios países. Diputado republicano, tras la Guerra Civil se exilió en Francia, donde volvió a empezar de cero. Con dos châteaux en Burdeos, en 1968 su padre decidió volver a España y se instaló en Cenicero, fundando Marqués de Cáceres.

Cristina Forner nació en Saint-Aignan- sur Cher y se crió entre las viñas y châteaux de Burdeos. Allí se graduó en la Escuela Superior de Comercio y Administración de Empresas y realizó cursos de enología. Al terminar, decide instalarse en París y emprender su propio negocio inmobiliario. Hasta que la llamada de su padre le anima a decidirse y, en 1983, con 30 años, llega a Logroño. Allí aprendió mucho, no en vano su padre revolucionó los vinos riojanos.

Maleta en ristre se lanzó a internacionalizar la bodega país por país, ciudad a ciudad. Vuelve a sonreir al recordar aquellos años, cuando no era habitual que una mujer tratara de vino. Logró convertir su bodega en la mayor exportadora de vino de España, presente en 120 países.

Club de Gourmets. – Pionera en Rioja, donde hace 30 años no habría casi mujeres en el mundo del vino.

Cristina Forner.- Sí, fui pionera; y no un poco, sino un mucho. En principio me fui a Rioja para apoyar a mi padre, que ya llevaba 13 años, porque había fundado la bodega en 1970. Llegué a finales de 1983. Cuando terminé la carrera en Burdeos, trabajé un año en un châteaux de Burdeos y decidí marcharme a París a montar mi propio negocio inmobiliario. Me lancé, trabajé y peleé mucho.

Al cabo de 6 años, con mi negocio ya montado, mi padre comenzó a decirme que era una pena que ninguno de los hermanos viniera a Rioja. Mi hermano se encargaba de los châteaux de Burdeos y mi otra hermana se fue a estudiar a Estados Unidos, se casó y se quedó a vivir allí. Por mi padre y toda esa experiencia familiar, me mereció la pena dar ese paso y venir a Rioja. Ese primer año, me di cuenta que había pocas mujeres en el mundo del vino.

¿Cómo vivió ese salto de París a La Rioja?

Fue un gran cambio, las mentalidades eran opuestas. El primer año yo no decía nada, observaba, escuchaba, aprendía. Al año siguiente mi padre me encargó los mercados de exportación. Lo hice durante catorce años en los que viajaba seis meses al año, maleta para aquí, maleta para allá, cajas  de muestras, visitas a importadores, trabajar sobre el terreno con la fuerza de venta de los distribuidores, hacer presentaciones, catas, explicar lo que era Rioja, lo que somos Marqués de Cáceres, las variedades de uva. Todo entonces era muy desconocido, pero a la vez, la gente tenía mucho interés.

¿Su gran aportación a Marqués de Cáceres ha sido la internacionalización de sus vinos?

En España había muy pocas bodegas con vocación exportadora. Nuestro caso fue al revés, no formábamos parte de las bodegas centenarias; a mi padre cuando estaba en Burdeos le llamaban el español y cuando estaba en Rioja le llamaban el francés.

Marqués de Cáceres fue el fruto de la experiencia de mi padre que se vino de Francia a elaborar un vino más estilo Burdeos, con más cuerpo, más fruta, menos barrica. Empezó por seleccionar los mejores viñedos de nuestro pueblo, en vez de mezclar uvas de las tres zonas de Rioja. Fue toda una revolución entonces.

Cuando empezamos a vender nuestros vinos en el mercado nacional, el consumidor español no estaba preparado en ese momento para este tipo de vinos. El Rioja tradicional estaba muy marcado por el roble, los blancos y rosados estaban al borde de la oxidación. Nosotros lanzamos blancos y rosados con fruta y gran vivacidad. Tuvimos que salir fuera a vender nuestros vinos. Salimos en 1974 y hasta 1980 casi no vendimos nada en España.

¿Qué consejos le dio su padre?

Mi padre siempre me dijo que es mejor tener una inteligencia media y trabajar mucho y hacerlo bien, que ser superinteligente y vago. Creo que en la vida profesional hay que tener amor propio para defenderte en momentos complicados, que hay muchos; pero también hay que tener humildad de hacer balance y pensar en dónde tengo que mejorar, de quién puedo aprender, qué ejemplo puedo seguir.

No se puede tener un éxito en un momento dado y pensar que es de por vida, las batallas se ganan todos los días. Hoy en día estamos viviendo en un mundo muy dinámico, donde la competencia es terrorífica, la comunicación es al segundo. En ese dinamismo hay mucha gente que hace las cosas bien, que trata de posicionarse bien y dentro de ese panorama tienes que defender tus signos de identidad.

¿Qué es lo más importante en su empresa hoy?

Nuestra cultura de empresa es la calidad yo diría casi obsesiva, todos los viñedos con los que trabajamos los hemos seleccionado y los seguimos durante todo el año. Durante las vendimias hacemos una primera selección de las uvas, al entrar en la bodega pasan una segunda selección y cuando empezamos a hacer el ensamblaje de los vinos, hay partidas que también descartamos. Este año hemos vendido un millón de litros a granel porque no entran en nuestros coupages. Es el precio que pagamos para conseguir esa calidad. Otras bodegas venden ese vino con otras etiquetas y otras marcas, nosotros no.

¿Cómo ve ese futuro?

Creo que el futuro es primer punto calidad, segundo calidad y tercero calidad. También es importante que dentro de esos parámetros de calidad se defienda la competitividad. Años atrás, cuando la economía estaba muy boyante, había bodegas que tenían cuatro cajas de un vino fantástico aquel año, pues se lanzaban y costaba el precio que quisieran poner. Entonces había mercado para ello. Hoy en día, el mercado es mucho más exigente, tiene mucho más referentes para valorar y, aunque siempre habrá nichos, en el espectro más amplio habrá calidad a un precio mucho más competitivo. Insisto que para mí los precios competitivos no son esos precios tan bajos, se están viendo barbaridades con etiquetas absolutamente desconocidas, con seis días de barrica.

Hay bodegas que están bajando sus precios para entrar en los mercados internacionales, pero no es el caso de Marqués de Cáceres, ¿por qué?

Nos hemos resistido y nos seguimos resistiendo. Nosotros no queremos vender a un precio más bajo para hacernos más vistos, queremos vender para asegurarnos esa calidad y ésta exige seleccionar y hay partidas que tienes que descartar; utilizar las mejores barricas; todos los equipamientos, laboratorio de control… Ese trabajo que se hace con rigor, tenemos la suerte de que, dentro de nuestra producción, nos permite defender esos precios competitivos. Por ejemplo, Gaudium y MC son vinos de producción muy limitada, que proceden de viñas muy viejas, con un rendimiento muy escaso. Es verdad que si fuéramos una bodega que solo produjéramos esos dos vinos, es muy probable que pudieran costar cuatro veces más. Pero como tenemos una producción de una gama bastante amplia y consistente, nos permite amortizar los gastos de estructura.

Gaudium y MC son vinos vanguardistas, ¿un nuevo camino en Marqués de Cáceres?

Sí, el futuro va hacia este tipo de vinos, sin duda. Como también va hacia vinos bien elaborados, de consumo más fácil. Pienso que dentro de un mundo globalizado donde las técnicas de vinificación han mejorado en todos los sitios, lo importante es que el vino tenga su propia identidad, que tenga su carácter, que sea la verdadera expresión de aquel suelo y aquellos viñedos tan singulares. Nosotros recogemos por viñedos y llegamos a separar las vinificaciones, esto es lo más complicado hay que adaptar tu vinificación al carácter de las diferentes parcelas, ese es el futuro, poder dar esa singularidad de cada viñedo.

¿Las novedades?

Tras el Excellens Rosé 2013, un rosado de corte moderno y un Excellens Crianza, está a punto de lanzarse un Marqués de Cáceres Bio. Acabamos de presentar Cuvée Especial de Marqués de Cáceres, con etiqueta de Paco Rabanne. Y la importante inversión en Rueda tiene potencial de futuro.

Nuestro objetivo es producir un blanco singular para canales de distribución exclusivos, realzando el carácter de las variedades de nuestras viñas: el verdejo, por expresar la identidad de la DO y el sauvignon blanc por su mineralidad.

Futuro en ese nuevo vino, que saldrá en la primavera de 2015, Marqués De Cáceres Verdejo. Cristina Forner tiene los pies en la tierra, ahora también en Rueda y la mirada siempre en el futuro.

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