Es la Geria, uno de los paisajes vinícolas más bonitos del planeta, la que nos enseña que la belleza precisa reposo cuando hablamos de la bodega más antigua de Canarias. El Grifo es también una de las diez bodegas más longevas de España. Su año de fundación, 1775, es una fecha memorable porque significa haber sobrevivido a todo en este espacio natural protegido: las latitudes bajas, el clima casi desértico con lluvias escasas, los vientos alisios constantes y la imposible mecanización. Cincuenta hectáreas de viñedos propios –el 75 % de cultivo completamente ecológico– y la producción de más de doscientos pequeños viticultores, con los que mantienen un legado de tradición, suponen un motor de negocio en la isla de Lanzarote.
El legado continúa
Cuando Juan José Otamendi ejercía de abogado en Navarra en los años ochenta del pasado siglo, no pensó que heredaría tan pronto junto a su hermano Fermín la responsabilidad de un legado vinícola de la mano de su madre y su abuela. Esta bodega tiene mucho de empeño y valentía femeninas, algo de lo que Marian Otamendi, representante de la quinta generación de esta tercera familia de propietarios, se siente orgullosa. Desde su cargo de consejera de la bodega, y responsable de las labores de marketing e internacionalización, piensa en su abuela para afrontar los nuevos retos de esta empresa familiar con cuarenta empleados. “Para mí la bodega es mi abuela. La tengo una profunda admiración y me reconozco mucho en ella ya que creo ser una gran ejecutora. Ella era una canaria de rompe y rasga”. En palabras de Juan José Otamendi, propietario de El Grifo junto a su hermano Fermín, “celebrar 250 años de existencia supone sentirse orgulloso del recorrido, iniciado antes por nuestra abuela, continuado por nuestra madre y que tiene relevo en la quinta generación y sobre todo, significa el compromiso por una viticultura respetuosa con el medio, acorde con la idiosincrasia de Lanzarote y poniendo a las personas y los viticultores en el centro”.
Investigación y vanguardia
En este universo donde se exploran posibilidades nuevas como la adaptación a una viticultura regenerativa y se prioriza la restauración de los ecosistemas para la mejora del suelo, su vendimia de invierno supuso un hito histórico que comenzó en 2022, al adelantarla a la última semana de marzo y la primera de abril –en Lanzarote tiene lugar entre julio y agosto– para realizarla antes que en ningún punto del hemisferio norte. Con ella han conseguido ampliar conocimientos sobre viticultura en la isla y conocer el ciclo activo de la viña durante el invierno. El objetivo fue proteger el viñedo frente al cambio climático e intentar mantener unos sistemas de cultivo únicos, prefiloxéricos y patrimonio de la humanidad, además de trabajar en la búsqueda continua de soluciones para los viticultores y crear conocimiento para las generaciones fu-turas. La vendimia de invierno demostró que la sostenibilidad puede lograrse reduciendo el consumo de recursos naturales y a la vez, producir uvas con mayor potencial aromático y frescor. Una alternativa real y esperanzadora.
Variedades centenarias
Sus vinos heroicos nacen de un paisaje devastado, de plantas centenarias que, desde hace al menos dos siglos, sobreviven en la aridez. La filoxera no tocó esta tierra de fuego, como lo demuestran las viñas sin injertar y así crece la moscatel en los chabocos, las hendiduras de la capa lávica, para elaborar un vino natural seco, el Orange Wine; la malvasía volcánica, con la que elaboran el primer espumoso de Lanzarote y el ecológico pét-nat Ancestral, y con la que se produce su Malvasía Seco Colección o su dulce añejo, fruto del ensamblaje de tres partidas de las añadas de 1956, 1970 y 1997, interpretación de los afamados Canari del siglo XVII que se exportaban a Inglaterra. Con la listán negro elaboran su Rosado de Lágrima y el Tinto Colección y su monovarietal de vijariego demuestra toda la riqueza de esta variedad cuyo duro hollejo hace que los conejos la desprecien y resulte además resistente a las enfermedades. El resultado de todas ellas, son vinos frescos, minerales y vibrantes, del mismo modo que el picón aporta frescura y vida a las vides en los majestuosos hoyos de La Geria. Su enóloga, Elisa Ludeña, se enfrenta día a día a las difíciles condiciones climáticas de Lanzarote, donde las precipitaciones son escasas y los trabajos totalmente manuales, un entorno único donde las viñas prefiloxéricas y la ceniza volcánica contribuyen a la singularidad de los vinos que se producen.
Enoturismo, también sostenible
Acorde con un modelo sostenible, al margen de masificaciones, y a través de experiencias ultra cualitativas enfocadas a un perfil de usuario verdaderamente interesado en conocer el ADN de la bodega, su propuesta se puede vivir de lunes a viernes. Y es que la conciliación de las personas que integran el equipo es una de las directrices de la bodega. En línea con su compromiso con la isla y su conservación, en octubre de 2024, firmaron la adquisición del Caserío de Mozaga. Esta propiedad familiar, situada a pocos kilómetros de la bodega, en San Bartolomé, se construyó a finales del siglo XVIII y está catalogada como Patrimonio Histórico de Lanzarote. Permaneció habitada de forma ininterrumpida hasta 1998, cuando inició su actividad como hotel. El Grifo asegura la continuidad de esta histórica propiedad con un restaurante que ha supuesto una de las sorpresas gastronómicas de la isla con una culinaria local de ingredientes próximos y frescos que encuentra en los vinos de la bodega la armonía perfecta. En palabras de Fermín Otamendi, co-propietario de la bodega, “la recuperación del Caserío de Mozaga es un paso clave en la evolución de El Grifo como destino enoturístico. Nuestro objetivo es crear una oferta única que combine nuestra tradición vinícola con la hospitalidad lanzaroteña. Además, Caserío de Mozaga era la casa donde nuestra madre veraneaba cuando era pequeña y por eso tiene un gran valor sentimental para nosotros”.
A pesar de una producción menguada en los últimos dos años por diversos factores junto a los problemas de la idiosincrasia de la isla, el tiempo pasa y la emoción permanece intacta en esta bodega centenaria para seguir contando historias en cada vendimia con un brindis por lo que aún está por venir.