"Placeres adultos" reza un conocido anuncio que persigue transformar un producto tradicional-mente enfocado a niños en un deleite exclusivo para mayores. Y, es que, pocos alimentos despiertan tanto placer como una onza de chocolate ya sea puro, con leche o, incluso, el controvertido blanco. Sea cual sea la preferencia, su consumo permite un breve, aunque absoluto, instante de evasión tengas la edad que tengas.
Legado milenario
Pero la locura por el chocolate no es una simple moda pasajera. El cacao encierra siglos de historia y, mucho antes de endulzar nuestras vidas, fue un símbolo de nobleza y una ofrenda sagrada para los pueblos que lo veneraban como un regalo de los dioses. Las civilizaciones prehispánicas, como los mayas y aztecas, bebían el cacao en rituales sagrados y lo utilizaban como moneda de cambio, símbolo de su profundo valor social y económico. Según las leyendas, Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, entregó a los hombres el árbol de cacao como un regalo divino. Siglos más tarde, al llegar a Europa, recibió el nombre científico Theobroma cacao, que significa literalmente ‘alimento de los dioses’. Pero el origen de la palabra chocolate proviene del náhuatl, xocoatl, que puede traducirse como ‘agua amarga’. Aquella bebida ancestral, elaborada con cacao molido y especias, sentó las bases del producto que hoy disfrutamos en innumerables versiones.
Como locos a por el oro
En una época en la que el término oro –en un ejercicio de ingenio lingüístico– se asocia a todo lo que posee un valor excepcional, el chocolate no podía ser menos. Así que de los creadores del aguacate como ‘oro verde’, el AOVE como ‘oro líquido’ y el azafrán como ‘oro rojo’, llega el ‘oro marrón’, un uso metafórico menos atractivo, pero que refleja su carácter de lujo atemporal, capaz de traspasar fronteras y generaciones sin perder su encanto. Detrás del chocolate están las manos de quienes lo cultivan, comunidades de África y América Latina para las que el cacao es un recurso económico y un símbolo de identidad, tradición y vínculo con la tierra. Hoy ese tesoro se enfrenta a una realidad incierta. El cambio climático, la propagación de plagas o la crisis de la vaina negra han golpeado duramente las principales zonas productoras, especialmente Ghana y Costa de Marfil. El resultado es un chocolate cada vez más escaso y valioso, que trasciende su papel gastronómico para convertirse en símbolo de resistencia.
En los últimos años, el precio del cacao ha registrado un aumento sin preceden-tes, de 1.800 € por tonelada en 2022 a cerca de 11.000 € en 2024. La culpa es de las condiciones extremas en los países productores que han reducido las cosechas hasta un 30%, mientras que la demanda global sigue creciendo, impulsada por Europa, América y el auge del consumo en Asia. En España también se ha notado. Según datos del INE es actualmente un 25 % más caro que el año anterior. Aunque a pesar del encarecimiento, 2024 fue un año dulce para el chocolate ya que el consumo creció un 7,3% y la facturación alcanzó los 1.952 millones de €, degustando cada español de media 44,9 € al año y ron-dando su consumo medio los 5 kilos, un dato que resume la pasión nacional.
Lujos cotidianos
Hoy en día los consumidores están dispuestos a pagar un poco más por chocolates que combinen calidad, diseño y sostenibilidad. Aunque se puede viajar a Bélgica, Suiza o Francia para encontrarlo, en nuestro país algunos nombres se han convertido en auténticos referentes por su técnica y creatividad. Es el caso de Jesús Quirós, Mejor Choco-latero de España 2025, de la Pastelería La Rosa en Alcázar de San Juan, que nos representará en el World Chocolate Masters de París 2026. Para alzarse con el título, el manchego conquistó al jurado con tres propuestas únicas. Una caja de engranajes de chocolate inspirada en las antiguas máquinas de pastelería; un bombón con base de crema y una tartaleta en cinco texturas, una por cada generación de su negocio centenario.
¿Alguien da más? Sí, Oriol Balaguer, reconocido por sus innovadoras monas de Pascua y sus exquisitos bombones, que ofrece auténticas joyas de cacao combinadas con sabores tan variados como frambuesa, vainilla o wasabi. Y cómo olvidarse de las icónicas palmeras de Moulin Chocolat, donde el hojaldre más fino se funde con el inconfundible chocolate de Ricardo Vélez.
En Casa Cacao, de Jordi Roca, se exploran los orígenes del cacao para transformarlo en chocolates de alta calidad que narran historias de tierras lejanas. Mención especial merecen sus bombones, entre los que destacan los de melocotón con rosa, lavanda y sus exquisitas giandujas —una mezcla cremosa de cacao, azúcar y avellanas molidas— reinterpretadas con sabores tan asombrosos como anacardos con jalapeño, nuez pecana con café o pipas de girasol con limón. Y como broche final, el Gran Bombón, elaborado con choco-late con leche, caramelo perfumado con lima, frutos rojos y un toque exótico de pimienta de Sichuan, simplemente, ¡delicioso!
Artesanos del cacao
En Cacao Sampaka cada haba se tuesta suavemente, a baja temperatura, respetando el ritmo y la identidad de origen. A sus tradicionales trufas se unen sus combinaciones con queso parmesano, gin tonic, yuzu, aceite de oliva o maíz crujiente y especias como azafrán, cardamomo, nuez moscada o clavo. Pancracio, que se convirtió en protagonista de uno de los enlaces más mediáticos –la boda de Tamara Falcó e Íñigo Onieva– ofrece combinaciones de chocolate con chips de sal, frambuesas y rosas, o limón y menta. También sobresalen sus avellanas y pistachos caramelizados cubiertos por una fina capa de chocolate y sus famosas rocas crujientes.
Y mientras el maestro chocolatero Rafa Gorrotxategi, miembro del movimiento Bean to Bar, apuesta por mezclas atrevidas como té matcha, fruta de la pasión, menta o pimiento d’Espelette, Belenguer 1918 sorprende con su Serie Art, una colección de bombones pintados a mano que fue reconocida en el Salón Gourmets 2018 con el premio a la Mejor Presentación.
Bean to bar
Sí han leído bien, porque en el universo del chocolate también triunfan los anglicismos. Uno de los más populares es ‘bean to bar’, que se traduce como del haba a la tableta y se asemeja a otros productos artesanos como el café de especialidad o las cervezas artesanas, donde la clave está en la selección de la materia prima y la habilidad del maestro que la transforma.
En España, la Asociación para el Fomento del Chocolate Bean to Bar de Tueste Artesano reúne a firmas comprometidas con esta filosofía, que merece la pena probar, como Chocolates Artesanos Isabel, Utopick Chocolates, Kankel Bean to Bar, Pangea Chocolate, Chocolate Moro, Caūma Cacao, Maüa Chocolates, el Museu de la Xocolata de Barcelona, entre muchos otros. En estos obradores especializados, cada haba se elige, tuesta, descascarilla, refina y tempera con cuidado para garantizar que el chocolate conserve sus aromas y matices únicos. Y es que el chocolate es fruto del talento y la dedicación de quienes transforman el grano en un viaje de sabor y texturas que invita a descubrir el verdadero potencial de este producto milenario.