Vinos del mundo

Turquía y Chipre

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Autor: Helio San Miguel
Fecha Publicación Revista: 01 de septiembre de 2015
Fecha Publicación Web: 09 de octubre de 2015

La historia vinícola de Turquía es milenaria, pues su extremo oriental está en la zona sur del Caúcaso -incluye los países limítrofes Georgia y Armenia-, que se considera la más probable cuna de la viticultura mundial, pues hay rastros de esta actividad de más de ocho mil años.

Durante el largo periodo del Imperio Bizantino (s. IVXV), Constantinopla, estratégicamente situada en la encrucijada entre Oriente y Occidente, era el enclave comercial más importante de la zona, siendo el vino uno de los productos de transacciones e intercambios. Posteriormente, ya bajo el Imperio Otomano, casi llegó a desaparecer la viticultura hasta que en 1925, el propio Kemal Atatürk, presidente de la República de Turquía, fundó la primera bodega.

Sorprendentemente Turquía es el cuarto país del mundo en cuanto a superficie de viñedo con más de medio millón de hectáreas, (prácticamente empatado con China y por encima de Estados Unidos) y sólo por detrás de España, Italia y Francia, aunque la mayor parte de su producción se dedica a uvas de mesa, siendo muy pequeño el porcentaje destinado a elaborar vino.

Cabe indicar que en este país el vino tiene en su contra las prohibiciones islámicas, pues aunque es oficialmente laico, la gran mayoría de la población es musulmana, y o bien tiene una actitud hostil hacia el vino, o simplemente no lo bebe.

La frase “el alcohol no es tu amigo” acompaña a las botellas de vino, latas de cerveza y demás envases que contengan bebidas alcohólicas, una disposición del gobierno turco para limitar su consumo y que, sumado al fuerte incremento anual del impuesto sobre ellas, disuaden a la población. Incluso el raki, el popular licor anisado –parecido al ouzo griego, al rakia búlgaro o al arak libanés– se ha convertido ya en un lujo.

La orilla europea

La producción de vino en Turquía solo está despegando de forma evidente en los últimos años, sobre todo desde el desmantelamiento del monopolio estatal (2004), que ha hecho que se cuadruplique en este corto período, pero que aún así supera tanto a la libanesa como a la israelita. La pequeña parte europea de Turquía, llamada también Tracia, concentra un 40% de la producción y las regiones cercanas al mar Egeo otro 20%, mientras que el resto se reparte por el centro y este del país.

Turquía cuenta con interesantes variedades locales entre las que destacan las blancas emir, plantada en los volcánicos suelos de Capadocia -pues se ha adaptado bien al frío y la altitud de esa región-, y narince (que significa “delicada”), en las zona del mar Negro, donde produce blancos frescos y aromáticos, con algún toque mineral. Entre las negras sobresalen adakarasi, bogaskere, muy tánica (el nombre significa algo así como “quemagargantas”), oküzgözü (“ojo de toro”), y kalecik karasi (“negra del castillito”), que produce tintos suaves y rosados.

Junto con ellas hay un creciente número de viñas de cabernet sauvignon, cariñena, garnacha, garnacha tintorera merlot, syrah, y las blancas chardonnay y sauvignon blanc, que se usan tanto para varietales como para interesantes cuvées con variedades locales. En Turquía también se produce el original “Tatli Sert”, un vino generoso que se elabora tanto con uvas blancas, especialmente narince, como negras, sobre todo con oküzgözü, en un estilo parecido al oporto y envejecido entre siete y diez años antes de salir al mercado.

El blanco tiene un color ambarino y el tinto más cereza con tonos teja en el borde. En cuanto a bodegas, Turquía cuenta hoy con más de cincuenta, pero la mayoría del vino está controlado por tres grandes compañías: Doluca, fundada en los años 20, muy comprometida con la investigación de los terruños turcos y con la exploración del potencial de las variedades locales, sin renunciar a la plantación de cepas extranjeras; Kavaklidere, que en su día contrató a Stephane Derenoncourt de consultor, y Kayra -creada tras el fin del monopolio-, que pertenece a un grupo de inversión norteamericano, posee una escuela de enología en Estambul y elabora interesantes vinos mezclando variedades locales.

Junto con ellas hay una serie de bodegas más pequeñas comprometidas con los vinos de calidad como Büyülübag, Corvus, Idol, Lykia, Kocabag, Pamukkale, Sevilen, Turasan, Urla, Vinkara o Vinolus. En los próximos años los vinos turcos aumentarán con toda seguridad su producción y su calidad, y si los impuestos bajan, también su popularidad.

Chipre

La pequeña isla del este mediterráneo ha tenido una turbulenta historia, pasando de unas manos a otras, hasta llegar al estado actual como miembro de la Unión Europea. Sus vinos son mencionados por historiadores romanos, pero no es hasta la Edad Media cuando alcanzan auténtica notoriedad, sobre todo sus vinos dulces. A finales del siglo XIII los Caballeros de la Orden de Malta se mudaron allí tras ser expulsados de Acre, en el norte de Israel, y establecieron una comandancia.

De allí surgió el nombre del vino Commandaria, una de las joyas vinícolas históricas que aún se conservan, y probablemente el vino que ha tenido una producción ininterrumpida más larga en toda la historia, hoy protegido legalmente desde 1993. Los Commandaria se elaboran con uvas pasificadas de la variedad negra mavro y la blanca xynisteri, provenientes exclusivamente de catorce pueblos de la zona de las montañas de Troodos.

El vino luego se lleva a la ciudad de Limassol (la segunda ciudad del país), donde envejece por al menos dos años, aunque generalmente mucho más. Los vinos Commandaria son oscuros y dulces pues la fermentación se suele completar dejando más o menos un 10% de alcohol y azúcar residual.

Posteriormente se encabezan sin que sobrepasen el 20% de alcohol, aunque normalmente se quedan en el 14% o 15%. Los vinos de Commandaria pueden llevar indicación de añada aunque algunas bodegas utilizan el sistema de soleras. De hecho Commandaria tiene un paso de boca parecido a un oloroso dulce.

El resto del vino chipriota tiene menos interés. La lenta modernización de la industria vinícola no comenzó realmente hasta la década de los 90 y aún presenta serios obstáculos como son el hecho de que la mayor parte de la producción esté en manos de cuatro grandes compañías y la tierra dividida en miles de pequeños propietarios. Además dedicaba grandes cantidades de vino a la exportación a la antigua Unión Soviética y la elaboración de una imitación del jerez, el llamado Cyprus Sherry, ya desaparecido.

La variedad mavro ocupa tres cuartas partes de las viñas, pero el vino tinto que con ella se elabora no tiene mucho color por lo que es muy común el sangrado. La xynisteri produce blancos aromáticos y se mezcla con malvasía grossa y con palomino. Desde los años 60 se han llevado estudios para identificar variedades de uva que se adapten al clima y suelo chipriotas, lo que ha resultado en plantaciones de cabernet sauvignon, garnacha, cariñena, Chardonnay e incluso riesling y a explorar las posibilidades de otras variedades locales como la blanca pomara y las negras opthalmo y maratheftiko.

Esta última es muy prometedora, pero por un lado es poco resistente a enfermedades y por otro presenta la curiosidad de ser una de las pocas variedades no hermafroditas, por lo que requiere estar plantada mezclada con otras pues para que produzca uvas tiene que ser polinizada por ellas. El futuro del vino de Chipre pasa precisamente por estos dos caminos, la revitalización y mejora cualitativa de los vinos de Commandaria y la exploración de nuevos estilos y variedades para los vinos de mesa.

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