Vinos EEUU

Más allá de la Costa Oeste

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Autor: Helio San Miguel
Fecha Publicación Revista: 01 de octubre de 2017
Fecha Publicación Web: 02 de octubre de 2017

El más importante es el estado de Nueva York, que es además el segundo productor del país. Se produce vino en Long Island y en el valle del Hudson, pero la región que más despunta en los últimos años es Finger Lakes, una denominación situada en la parte noroeste del estado, al sur del lago Ontario y Canadá, alrededor de once lagos (trece si se incluyen dos que están algo más alejados) de origen glaciar, largos y estrechos (de ahí el nombre).

Estos lagos son un elemento fundamental del microclima de la región pues son muy profundos, lo que impide que se hielen fácilmente en invierno y hace que aporten frescura en el verano. Finger Lakes cuenta con unas 4.500 ha situadas sobre todo alrededor de cuatro de ellos, Seneca, Cayuga, Canandaigua y Keuka. Los dos primeros son los dos más grandes y también poseen su propia denominación.

La zona tiene un clima realmente frío, lo que es inusual en las regiones vinícolas de Estados Unidos, por lo que variedades como pinot noir o gewürztraminer son muy comunes. Sin embargo la más prometedora es riesling, que se ha ido convirtiendo poco a poco en la variedad principal desde un punto de vista cualitativo con vinos minerales, afrutados y florales que poseen una firme acidez.

Los pioneros

En Finger Lakes se hacía vino en la primera mitad del XIX. A finales de ese siglo se producían espumosos, pero con variedades silvestres e híbridas pues se pensaba que el clima era demasiado frío para la vitis vinífera. En el siglo XX se produjo un abandono de la región de la que la sacó Konstantin Frank, un botánico ucraniano (de Crimea) que se había doctorado en Odessa antes de emigrar a Estados Unidos con una tesis sobre viticultura en climas fríos.

Frank introdujo variedades viníferas y apoyó el abandono de las híbridas y silvestres locales, que aún hoy son mayoría (lo que da idea del gran potencial de crecimiento de la región). Frank estableció la primera bodega moderna de la Costa Este, Dr. Konstantin Frank Vinifera Wine Cellars, conocida simplemente como Dr. Frank Wines, y en 1962 elaboró un Riesling Trockenbeerenauslese, vino seminal e histórico que mostró que los vinos de calidad podían hacerse en la Costa Este. A su muerte en 1985 su hijo se hizo cargo de la bodega y también innovó introduciendo vinos espumosos bajo la marca Château Frank. Konstantin Frank está reconocido como una de las grandes figuras de la viticultura norteamericana y un pionero en los que respecta a la Costa Este y al estado de Nueva York.

Junto con Frank el otro gran pionero es el alemán Hermann J. Wiemer, procedente del Mosela, que plantó riesling hace más de 40 años y fundó la bodega homónima, que es hoy la líder elaborando vinos de calidad mundial. Dada la pobreza varietal de la re­gión, Wiemer también creó su propio vivero que hoy vende no solo a las bodegas de Finger Lakes, sino también a las de la Cos­ta Oeste.

Wiemer se retiró hace casi diez años y vendió la bodega a Fred Merwarth, un graduado por la universidad de Cornell que era su ayudante, quien está llevando a la bodega a cotas aún más altas. Merwarth ha introducido la vendimia por hileras en vez de por parcela, lo que hace que dure muchas más semanas, pero que obtengan uvas de mayor madurez.

Merwarth también elabora vinos con otras variedades como gewürztraminer y cabernet franc y ha introducido los vinos de viña, en especial dos de los mejores blancos de la región, el Magdalena Vineyard, y el HJW Vineyard, ambos de riesling, procediendo este último, que lleva las siglas de la bodega, de la viña más antigua.

Finger Lakes ha explotado realmente en este siglo y cuenta ya con más de cien bodegas, entre las que destacan Anthony Road, Bloomer Creek, Glenora, Heart & Hands, Lamoreaux Landing, Red Newt Cellars, Red Tail Ridge y Ravines, espe­cialmente con su Argetsinger Vineyard, un prometedor vino, que algunos consideran el mejor riesling del país, pues necesita casi una década de envejecimiento.

Finger Lakes también se beneficia de estar al lado de la Universidad de Cornell, una de las más famosas del país, miembro de la prestigiosa Ivy League, y que cuenta con uno de los más reputados departamentos de viticul­tura y enología, así como un reconocido programa de hostelería.

Los virginianos

Otro estado donde la viticultura cobra una fuerza cada vez mayor es Virginia, que se ha convertido en el quinto productor del país y donde incluso se han establecido enólogos extranjeros. La viticultura en Virgi­nia tiene una larga y accidentada historia. A principios del XVII se decretó la plantación de viñas, pero no se llegó a elaborar vino.

El propio Thomas Jefferson ya intentó, tam­bién sin éxito, hacer vino en su propiedad de Monticello. Las cosas no cambiarían hasta principios del siglo XX en que una bodega llamada Monticello Wine Company creó un vino llamado Virginia Claret que fue un gran éxito. En los años 70 la bodega italiana Zonin se estableció en Virginia dada la similitud con el clima italiano y fundó Barboursville Vineyards.

Al mismo tiempo, la industria vinícola del estado recibió un fuerte impulso legal con la aprobación en 1980 de la Farm Winery Act. Zonin, tras un lento arranque, trajo en los 90 un enólogo piamontés, Luca Paschina, que ha elevado tanto la producción como la calidad llegan­do incluso a producir Octagon, un vino ela­borado con variedades bordelesas y precio de más de 40 euros.

También elabora otros con cepas italianas como nebbiolo y barbe­ra; y es que uno de los rasgos más carac­terísticos de la región es la gran diversidad de variedades con que cuenta. Entre ellas están las más conocidas y populares, pero también destacan, entre otras, las blancas albariño, gewürztraminer, petit manseng, pinot grigio, rkatsiteli, traminette y viognier, y las tintas barbera, chambourcin, nebbiolo, norton, petit verdot, yannat, touriga nacional y zinfandel.

Actualmente cuenta con 7 denominaciones, las principales alrededor de las montañas Blue Ridge, y casi 300 bodegas entre las que sobresalen Homeplace Vineyard, Horton, Linden Vineyards o RdV Vineyards, que produce los vinos más caros del estado. De Virginia proceden los vinos que llevan el nombre de Trump, el presidente norteamericano.

De norte a sur

El estado der Michigan es muy norteño, la mayor parte del cual, donde están sus bodegas, es una península rodeada por lo grandes lagos que separan Estados Unidos de Canadá. En ese clima frío Edward O’Keefe fundó Chateau Grand Traverse e introdujo variedades viníferas en 1974.

Hoy, con poco más de 1.000 ha y más de 120 bodegas, Michigan cuenta con cuatro denominaciones, Fennville, Lake Michigan Shore, Leelanau Peninsula, y Old Mission Peninsula, de las que están surgiendo en los últimos años vinos muy interesantes elaborados con variedades negras como cabernet franc, merlot, pinot noir y syrah, y las blancas chardonnay, gewürztraminer y sobre todo riesling que, como en Finger Lakes, es la variedad estrella. En Michigan se producen también vinos de hielo que han adoptado las estrictas regulaciones alemanas.

Texas por su parte tiene un clima caluroso y seco, donde predominan los tintos de cabernet sauvignon. Cuenta en la actualidad ocho denominaciones, entre las que merecen destacar Texas Hill Country y Texoma. La primera tiene casi 40 bodegas y más de tres millones de hectáreas acogidas, lo que le convierte en la segunda mayor del país, aunque solamente unas 1.500 ha están plantadas de viñedo. Texoma es famosa porque allí fue donde el botánico e investigador Thomas Volney Munson descubrió la cura para la filoxera.

Finalmente, no podemos cerrar sin mencionar que uno de los mejores espumosos del país, Gruet, procede del vecino Nuevo México.

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