Chile vinícola

Al otro lado de los Andes

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Autor: Alfredo García Reyes
Autor Imágenes: Turismo de Chile
Fecha Publicación Revista: 01 de noviembre de 2017
Fecha Publicación Web: 03 de enero de 2018

Los vinos chilenos han penetrado en Estados Unidos y llegado hasta países tan difíciles, a priori, como Japón (en 2015 el país sudamericano arrebató a Francia la primacía del mercado nipón en exportacio­nes vinícolas).

Pero lo que no todo el mundo sabe es que buena parte de los valles vinícolas se han lanzado a la aventura del enoturis­mo; muchas de sus bodegas muestran a visitantes nacionales e internacionales sus sistemas de cultivo y vinificación y ofrecer catas de algunas de sus mejores etiquetas. La experiencia suele completarse con la posibilidad de alojarse en establecimientos de lo más diverso, muchos de ellos con en­canto o, incluso, de superlujo, que se sitúan junto o formando parte de las propias bo­degas. Además hay que sumar actividades deportivas, lúdicas o culturales, enfocadas a conocer los encantos de cada una de las comarcas vinícolas del país.

Calidad versus cantidad

De lo que no cabe duda alguna es de cada vez hay más productores vinícolas chilenos que apuestan por la calidad antes que por la cantidad. De ahí, la manera en que se miman estos vinos. Conviene tener en cuenta que aquí se habla de varietales, de coupages y sobre todo de quién elabora el vino (es decir, el mayor o menor prestigio de cada bodega), con una importancia rela­tiva a la zona donde se haya etiquetado. De hecho, en Chile no hay denominaciones de origen protegidas, al menos tal y como las concebimos en la Unión Europea. Así, los propios productores se convierten en los garantes de la calidad de sus vinos, como la mejor forma de mantener y aumentar el volumen de sus ventas nacionales y, sobre todo internacionales (la mayor parte del vino que se elabora en Chile es para su exportación).

Carmenere, variedad protagonista

Hacia el sur, a unas dos horas de Santiago, está está Colchagua (lugar de pequeñas lagunas). La ruta enoturística incluye 13 bodegas entre las que destaca Lapostolle (lapostolle.com), por su escenografía (do­mina buena parte del valle de Apalta) y la soberbia arquitectura ultramoderna. Produ­ce vinos tan prestigiosos como Clos Apalta y Cuvée Alexandre, fundamentalmente a base de uva carmenere, protagonista eno­lógica (como nuestra tempranillo) del país. Anejo a la bodega está el que probablemen­te sea el alojamiento vinícola más espec­tacular de Chile: Lapostolle Residence, un Relais & Châteaux con una refinada cocina y vistas a los viñedos.

Camino de la costa

Viña Santa Cruz (vinasantacruz.cl), es como un parque temático (tiene un teleféri­co y un museo etnográfico). Entre sus vinos está Santa Cruz Reserva Especial, al que Wine Spectators le ha otorgado 92 puntos y los Chamán Gran Reserva.

Si entretenida resulta la visita a esta bodega, qué decir de los paseos a caballo o en coche de caballos entre viñedos. Viu Ma­nentes es una bodega familiar desde hace tres generaciones, cuyos vinos icónicos son VIU 1 y El incidente, a los que se suman los de la línea Viu Manent.

En esta ruta bien merece una visita Pi­chilemu, localidad costera célebre entre los amantes del surf por la fuerza de sus olas, pero que también ofrece playas más tran­quilas, como La Puntilla y Punta de Lobos.

El Valle de San Antonio y Casablanca –próximo a la capital– está especializado en la elaboración de vinos blancos aunque cada vez hay más productores que se animan a experimentar (y, muchas veces, también a triunfar) con uvas tintas.

Retorno a lo natural

Matetic (matetic.com) con 150 ha de viñe­dos de influencia marítima sigue las nuevas (o viejas) normas que impone la biodinámi­ca e inspira a los responsables de la empre­sa a ofrecer paseos en bicicleta o a caballo y tras la comida-degustación trasladar a los huéspedes hasta su propio hotel donde reinan el silencio y la paz del campo.

Experiencia similar es la que ofrece Ca­sas del Bosque (casasdelbosque.cl), –per­miten participar en la vendimia los meses de marzo y abril–, un complejo enoturístico que alberga el restaurante Tanino, uno de los más prestigiosos del país.

A unos 40 km se encuentra Valparaíso, la segunda metrópolis en importancia y población del país, con tantas bellezas de la época colonial declarada por la Unesco Patrimonio Mundial en 2003.

En el origen del vino

Maipo es por definición el valle vinícola de Chile. Parece que aquí se plantaron las primeras cepas traídas desde Perú por los conquistadores. Buena parte de las viñas son de cabernet sauvignon, variedad que ha dado al valle una gran relevancia interna­cional. La otra mitad son de carmenere, cabernet franc, malbec, merlot y petit verdot. Entre las principales bodegas de la zona están De Martino (elabora uno de los mejores carmenere del país) y la también reconocida Cousiño Macul.

Casillero del Diablo es una de las más importantes bodegas centenarias de Con­cha y Toro que bien merece una visita como Viña El Principal con vinos que expresan la nobleza de un terroir único.

En el Valle del Aconcagua, muy próxi­mo a la capital, se siguen produciendo vinos (y cultivando las viñas) a la manera tradicional, con bodegas “de guarda” que preservan su estructura clásica y la misma apariencia colonial que tenían en el s. XIX. Es el caso de Errazuriz, cuyo enoteca histó­rica de 1870 (muy impactantes los calados, recubiertos de ladrillo visto) alberga cerca de 400 vinos icónicos de la marca desde sus orígenes.

Completa la ruta una visita a la Serranía del Ciprés para disfrutar de la naturaleza de la abrupta cordillera de los Andes, la monta­ña más elevada del continente americano, accesible en parte en vehículo motorizado y con numerosos senderos con diferentes niveles de dificultad.

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