Dom Pérignon ha elegido Casa Balañá, en Sant Vicenç de Montalt, como escenario para presentar tres de sus añadas en una experiencia que va más allá de la degustación tradicional. En este enclave singular se han dado a conocer Dom Pérignon Vintage 2017, Dom Pérignon Vintage 2008 – Plénitude 2 y Dom Pérignon Rosé Vintage 2010, en un formato que propone un diálogo entre vino, gastronomía y espacio.
La experiencia ha contado con la presencia del chef de cave de la Maison, Vincent Chaperon, acompañado por el chef Albert Adrià, miembro de la Dom Pérignon Society. Juntos han construido una propuesta en la que cada elemento se integra dentro de un recorrido pensado para descubrir progresivamente la identidad de cada añada.
Lejos de una simple cata, la propuesta se ha planteado como una exploración sensorial en la que el vino actúa como hilo conductor, apoyándose en otros lenguajes como la gastronomía o la arquitectura para ampliar su interpretación. Esta visión responde a la filosofía de Dom Pérignon, basada en la búsqueda constante de la armonía, entendida como el equilibrio entre el terroir, el clima y el savoir-faire, y desarrollada con el paso del tiempo gracias a la maduración sobre lías.
El lugar elegido no es casual. Casa Balañá, construida en 1974 por el arquitecto Antoni Bonet, es una obra que pone el foco en la experiencia del espacio. Sus cúpulas semiesféricas recubiertas de cerámica mediante la técnica del trencadís crean ambientes envolventes donde la luz, la acústica y la temperatura juegan un papel clave. La vivienda se organiza como una sucesión de espacios conectados que permite un recorrido fluido, en sintonía con la narrativa de descubrimiento planteada por la Maison.
Para acompañar cada una de las añadas, Albert Adrià ha diseñado un menú específico concebido como una extensión sensorial del vino. Cada plato ha sido pensado para dialogar con las características de cada vintage: Dom Pérignon Vintage 2017 se acompaña de una ensalada de bogavante con pesto de pistacho verde; Dom Pérignon Vintage 2008 – Plénitude 2 de guisantes de Llavaneras con salsa de tucupí de cocido y trufa negra; y Dom Pérignon Rosé Vintage 2010 de un solomillo encamisado con alga nori y caviar, seguido de naranja sanguina con AOVE umami. El objetivo es amplificar los matices del vino a través de texturas, temperaturas y contrastes.
Las tres añadas presentadas reflejan distintos momentos en la evolución de Dom Pérignon. Vintage 2017 muestra un equilibrio entre madurez y frescura en un año marcado por condiciones climáticas exigentes. Vintage 2008 – Plénitude 2 representa una fase más avanzada tras años de maduración, con una expresión más profunda y persistente. Por su parte, Rosé Vintage 2010 destaca por su precisión y carácter, con la intensidad de la pinot noir integrada de forma elegante.
Para Dom Pérignon la armonía es un proceso en constante evolución que surge del diálogo entre naturaleza y creación, entre intuición y precisión. Con esta propuesta, la Maison reafirma una manera de entender el champagne que trasciende el producto para convertirse en experiencia.