Viaje Ecuador

Todos los paisajes del mundo

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Autor: Enrique Domínguez Uceta
Autor Imágenes: Enrique Domínguez Uceta
Fecha Publicación Revista: 01 de marzo de 2013
Fecha Publicación Web: 04 de marzo de 2016
Revista nº 443

Sólo hay un país que haya tomado el nombre del meridiano máximo que lo atraviesa. Ecuador se extiende sobre dos hemisferios, y parece haber reunido lo mejor de ambos para mostrar a los viajeros la diversidad de nuestro planeta. Y ahora está de moda, ha sido elegido como uno de los destinos más recomendables del mundo, porque hay consenso en que se trata de uno de los países más hermosos de América, donde todavía es posible relacionarse con su gente sin el control de las empresas turísticas.

Merece la pena recorrerlo tranquilamente, sin miedo y disfrutando de la amabilidad, de la lengua común, de sus cuatro tipos de paisajes espectaculares: la costa, la sierra, el oriente amazónico, y las increíbles islas Galápagos. Y de su gastronomía, porque la cocina ecuatoriana tiene elementos de todos ellos, desde los pescados y mariscos del Pacífico a los peces del Amazonas, con las carnes de los pastos altos del corredor andino, y un repertorio infinito de hierbas aromáticas, frutas y verduras cultivadas a todas las altitudes. Vista la proximidad de los paisajes, la fusión allí es natural.

El viaje empieza en Quito, la capital, con más de dos millones de habitantes, a 2.850 metros de altura, en una repisa entre las montañas, formando un ancho derrame de 8 kilómetros a lo largo de casi 50 de valle, como si hubieran sido arrojadas por el volcán Pichincha, que se eleva sobre la ciudad. El casco antiguo y colonial de Quito está declarado Patrimonio de la Humanidad y, probablemente, se trate del más perfecto del continente. Su corazón es la plaza de la Independencia o plaza Grande, un rectángulo rodeado por la catedral metropolitana, el Palacio Presidencial, el Ayuntamiento y el Palacio Arzobispal, en cuyo centro se levanta la Estatua de la Libertad.

En el Quito colonial la Iglesia plantó templos y conventos en las mejores casillas de la cuadrícula urbana, y todavía se pueden ver joyas arquitectónicas, como la iglesia de la Compañía de Jesús, cuya fachada es una pieza fundamental del estilo barroco en América. El convento de San Francisco nació con la ciudad, en 1534, y es la mayor construcción de Quito, con la iglesia más antigua del continente, levantada sobre el mismo lugar que ocupaba el palacio inca. Si el interior de los templos aparece literalmente recubierto de oro, en la calle se agolpa la vitalidad de la gente con una intensidad espectacular.

El Quito moderno tiene una arquitectura de estilo internacional, con grandes hoteles, bancos y oficinas. Entre todos destaca el edificio cilíndrico del Banco Central, cuyo Museo guarda una formidable colección de piezas arqueológicas que abren la puerta al misterio de las civilizaciones precolombinas, con valiosas piezas de oro procedentes de La Tolita. 

También ofrece arte colonial de la escuela quiteña, cuadros y esculturas barrocos elaborados por indígenas, con las figuras sagradas tocadas con sombreros, similares a los que todavía utilizan. El contrapunto es el Museo Oswaldo Guayasamín, donde se muestra el drama indígena en la obra del más universal de los artistas ecuatorianos del siglo XX.

En el interior del Palacio Arzobispal, en pleno centro, se encuentra el Centro Comercial Pasaje Arzobispal, con un restaurante de nombre curioso, Hasta la vuelta Señor, que ofrece las especialidades más frecuentes en el país, tamales de gallina, empanada de morocho, carne guisada en pasta de maíz, locro de cuero –una sopa con carne de cerdo–, y el yahuarlocro, un plato nacional de sopa de papas con mondongo.

Los camarones y langostinos están en todas las cartas, al igual que la corvina, y entre las carnes, el sabroso seco de chivo, la carne de borrego preparada con uvilla silvestre, y el hornado de pernil, carne de cerdo marinada y asada a baja temperatura.

La capital gastronómica

Los mejores restaurantes del país tienen su sede en Quito. La cocina de alto nivel se presenta en Zazu, cuya capacidad de refinar platos tradicionales como el ceviche y de encontrar el vino idóneo para acompañar cada plato resulta irreprochable. En Theatrum, instalado en la segunda planta del Teatro Sucre, han logrado un ambiente exclusivo, acorde con su buena cocina de vanguardia mediterránea. En Chez Jerôme se logra la excelencia en torno a una cocina francesa con toques de color locales.

Nadie debe abandonar Quito sin haberse subido al mirador de El Panecillo, al pie de la gran estatua que reproduce la Virgen alada de Legarda, y contemplar a sus pies la cuadrícula de la ciudad colonial. O sin acercarse a la vitalidad del Mercado de Iñaquito, lleno de restaurantes populares donde las “doñas” ofrecen la comida sencilla, popular y limpia que preparan a la vista del público.

Para compras nada mejor que el Mercado Artesanal, donde se agrupan 200 puestos de calidad. A 24 kilómetros al norte de la capital, sobre la línea del Ecuador, ha crecido el complejo La Mitad del Mundo, en el mismo lugar en que la expedición de La Condamine realizó las mediciones científicas para situar el ecuador en esta zona.

Desde el centro del país, se distribuyen los caminos. Casi todos en un excelente estado tras haber sido renovadas las principales carreteras durante la última legislatura. Hacia el norte se puede ir hasta Otavalo e Ibarra, donde viven las comunidades indígenas más prósperas. Sus habitantes son hábiles artesanos, los de San Antonio de Ibarra trabajando con maderas nobles, los de Cotacachi elaborando prendas de cuero y piel, y los de Otavalo dedicados a los tejidos, con su plaza llena de prendas de colores cada día, y atestada los sábados cuando baja al mercado gente de toda la región.

Contraste natural

A más de 2.500 metros de altura, bajo la luz intensa del sol, se contempla la interminable línea de montañas andinas que atraviesa el país de norte a sur, salpicada de volcanes que alcanzan los 6.000 metros de altura. En un ambiente de esplendor natural, los Andes se abren en dos cordones paralelos que bordean un fértil corredor de 70 kilómetros de anchura. Esta formidable cuenca entre montañas maravilló a Humboldt a principios del siglo XIX, y la llamó Avenida de los Volcanes.

En el paisaje nunca faltan volcanes nevados. Desde el Pichincha quiteño, a los dos Illinizas y el gigantesco Cotopaxi, que se acerca a los 4.800 metros y se ha convertido en el volcán activo más alto del mundo. Pronto se llega a Latacunga, la agradable ciudad colonial desde la que parte el camino del Volcán Quilotoa, una de las mejores excursiones andinas, al encuentro de comunidades indígenas que viven a 3.850 metros de altura, en torno al cráter, con un lago de aguas verdes en su fondo.

Un proyecto rural comunitario ofrece cabañas, un pequeño centro artesanal, y un restaurante gestionados por la comunidad, que propone un turismo solidario lleno de interés. Cerca, y a menor altitud, se encuentra el Hotel Mama Hilda en Chugchilán, asomado al espectacular paisaje del río Toachí. A 10 kilómetros de Latacunga se puede ver la finca donde el español Roberto Nevado cultiva rosas orgánicas comestibles.

Volviendo a la carretera Panamericana, se sigue la Avenida de los Volcanes hacia el sur, pasando por Ambato, donde hay que probar los llapingachos, una tortilla de patata molida, con chorizo, aguacate, lechuga y huevo frito. El cuy o cobaya se cría para el consumo, y se prepara asado con patatas. 

Dejando atrás el Chimborazo, el gigante de 6.310 metros que domina el territorio, se llega a la bella ciudad de Riobamba, capital de la provincia más alta, pobre y con mayor proporción de indígenas de todo el país.

Agricultura vertical

Riobamba parece detenida en el tiempo, con una preciosa catedral de fachada repujada. Aquí se toman los trenes de las alturas que atraviesan paisajes hermosos y desolados donde solo viven los indígenas. Vinculado a la agricultura de montaña, el indígena ha permanecido en estas tierras altas de los Andes desde mucho antes de la llegada de los españoles.

Siempre han cultivado las empinadas laderas donde la agricultura tiene un carácter épico, y se comprueba en su dieta actual, tortillas de maíz, choclo cocido en agua y sal, papas, frijoles, y queso fresco. Sus rebaños aprovechan los pastos, y ellos obtienen lana y leche. En las zonas altas se cultivan los altramuces, allí llamados chochos, con los que se prepara preparan ceviches.

Siguiendo la Panamericana se llega a la Cuenca que los españoles hicieron en el Ecuador. Es la tercera ciudad del país, capital del sur, y Patrimonio de la Humanidad por su casco histórico.

La plaza Abdón Calderón sigue siendo el puro centro de Cuenca, un espacio ordenado, presidido por el Ayuntamiento y por la gran mole de la Catedral Nueva, un espléndido edificio del s. XX con varias cúpulas azules que definen el perfil urbano. Los puestos de flores ante la Iglesia de la Asunción, y el mercado de San Francisco, con pimientos, patatas y diferentes clases de maíz, se unen a las frutas exóticas para que el campo se haga presente en la ciudad.

El producto más famoso de Ecuador, el sombrero panamá, lleva el nombre de otro país. Una pieza fabulosa hecha a mano en Cuenca con la flexible paja toquilla que, en el último siglo, generó un importante desarrollo económico. La selva amazónica en Ecuador se conoce como Oriente.

En Coca coinciden las corrientes de tres grandes ríos, el Napo, el Payamino y el Coca, donde, a pesar de los pozos de petróleo, y del aumento de los cultivos de palma, aún queda mucha selva protegida y se desarrollan proyectos de turismo comunitario donde experimentar las sensaciones de la selva densa. Los colonos comen el maito, plato de yuca con carne, pollo o pescado, sazonado y asado en hoja de plátano. En los restaurantes a veces se encuentra guanta asada, un sabroso roedor autóctono.

Productos naturales

Otra experiencia impresionante consiste en recorrer los interminables puertos de carretera que unen las tierras bajas con el corredor andino. Los 40 kilómetros de bajada desde Quito a Esmeraldas resultan espectaculares y permiten acercarse a la costa del Pacífico, de anchas playas abiertas, profundos ríos y abundantes cultivos de excelente cacao, que se considera el mejor del mundo por la calidad e intensidad de su aroma.

En Esmeraldas no hay apenas monumentos, salvo la moderna Iglesia de la Merced, expresionista de hormigón, pero el paisaje, el océano y la oportunidad de degustar sus pescados en los restaurantes del Malecón de Atacames invitan al viaje. Es el lugar ideal para probar productos específicos, solos o en ceviche; el camarón, la concha negra, el cangrejo de manglar, el dorado, la corvina de roca, el atún o la pata de mula.

En la costa, al sur, se encuentra Guayaquil, la ciudad mayor, que supera los tres millones de personas. Es el gran puerto de entrada y salida de mercancías y el motor económico del país. El Malecón 2000, a orillas del rio Guayas, ha ganado espacio sobre el agua para pasear, relajarse y disfrutar. Guayaquil es muy activa, pero cuenta con restaurantes menos sofisticados que Quito, más tradicionales, de excelente pescado. La materia prima de los pescados frescos y el marisco es la clave del éxito de Caracol Azul, y de Lo Nuestro.

Los mejores paisajes de América se condensan en el Ecuador continental. A mil kilómetros de la costa continental, las Islas Galápagos, el cuarto paisaje de Ecuador, escriben su propia historia, diferente a la del resto del país y del planeta.

Guía práctica

Dónde comer

Quito

Zazu

Calidad, creatividad y acertada gestión de la bodega. Ceviches y gran variedad de pescados y carnes. Acogedor, tranquilo y con perfecto servicio.

Chez Jerôme

Calidad gastronómica y perfección en presentaciones y detalles. Jerôme Monteillet elabora cocina francesa con toques ecuatorianos.

Theatrum

Instalación moderna en el elegante teatro Sucre. Cocina mediterránea de vanguardia con materias locales. Interesante menú de degustación ecuatoriano.

Guayaquil

Caracol Azul

Sólido restaurante tradicional de logradas preparaciones de pescados y mariscos.

Lo Nuestro

Comida auténtica de la costa de Ecuador, ambiente evocador y consistente cocina.

Riobamba

El Delirio

Buena cocina tradicional en un local acogedor con servicio muy atento. En la casa donde vivió Simón Bolivar, y escribió “Mi Delirio sobre el Chimborazo”.

Dónde dormir

Quito

Hotel Plaza Grande

El mejor hotel en la ciudad. Elegante edificio ecléctico, sobre la Plaza Grande, la principal en Quito, y junto al palacio arzobispal. 300 € hab/doble

Hotel Boutique Portal de Cantuña

En pleno centro, próximo a la plaza de San Francisco, en edificio histórico con decoración de estilo español. 102 € hab/doble

Guayaquil

Hotel Palace

Excelente opción de cuatro estrellas, junto al malecón, confortable, servicio competente y atento y buen restaurante. 86 € hab/doble

Hotel Oro Verde

De lujo con habitaciones grandes y elegantes, perfectamente equipadas y servicio de cinco estrellas. Notable restauración. 160 € hab/doble

Cuenca

Hotel Oro Verde

El único 5* de la ciudad. Edificio moderno a diez minutos en coche del centro, con excelente atención. 103,98 € hab/doble

San Juan Hotel

Antigua mansión colonial con habitaciones renovadas, en pleno centro. 75 € hab/doble. 

Riobamba

Hotel Hacienda Abraspungo

Situada a las afueras de la ciudad, ofrece decoración colonial, jardines y total tranquilidad. 74 € hab/doble

Quilotoa

Hostal Mama Hilda

Agradable alojamiento de tipo rural cerca del volcán Quilotoa, con habitaciones amplias y acogedoras, jardín, salones, y servicio amable. 35 € hab/doble

 

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