La mayor y más poblada isla del Mediterráneo, que se convirtió en parte de Italia en el año 1861, ha sido testigo de una historia donde han confluido un sinfín de culturas, intereses y gentes a lo largo de más de 3.000 años. A la alegría del sur de Italia se añade ese carácter insular hospitalario, particular y algo altivo, orgullosos de lo suyo. Y no es para menos, Sicilia puede presumir de acrópolis griegas, bellísimas catedrales, animados barrios y bulliciosos merca-dos con lo mejor del Mediterráneo.
Palermo colosal
La capital de la región ofrece un sinfín de monumentos y lugares interesantes para el visitante. Desde la Plaza de la Pretoria, donde se encuentra la fuente del mismo nombre, conocida también como de la Vergüenza –por la desnudez de sus estatuas– a la maravillosa Capilla Palatina. La fuente, conjunto escultórico traído a la capital siciliana desde Florencia en el siglo XVI, impacta por su belleza artística, donde las estatuas de figuras humanas, monstruos y animales mitológicos confluye con la representación de los cuatro ríos de Palermo; Orieto, Gabriele, Papireto y Maredolce. Por su parte, la Capilla Palatina, dentro del Palacio de los Normandos, está considerada una de las joyas artísticas de la capital siciliana. Tampoco hay que dejar de visitar la majestuosa Catedral construida a partir del s. XII, de estilo normando, con un pórtico de entrada gótico-catalán. El bullicio de Palermo, siempre atestado de visitantes, se encuentra en sus dos calles principales, la Vía Vittorio Emanuele y la Vía Maqueda, que fue un duque español y virrey de Sicilia. En el cruce de las dos calles, la plaza de los Quattro Canti –las Cuatro Esquinas–, es una de las más espectaculares de la ciudad con sus palacios barrocos ricos en ornamentación.
Mercados gastronómicos
En ese paseo por el viejo Palermo no pueden faltar sus mercados; Il Capo, La Vucciria o Ballarò. En el primero –asentado sobre un río subterráneo, el Papireto, que, según cuenta la leyenda, estaba conectado con el Nilo– aún se organiza una rifa popular con un de un pan y bajo un Cristo Pantocrátor que bendice con la mano derecha. Presente también en la cúpula del Duomo de la ciudad, que sigue convocando a miles de peregrinos y turistas que se rinden a los pies de este templo árabe-normando, Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2015.
Monreale es otra cita obligada en la bella y fértil Conca d'Oro, con una maravillosa catedral dominando toda la bahía de Palermo. Fundada en 1172, en su soberbio interior los mosaicos sobre fondos de oro de los siglos XII y XIII producen un efecto sobrecogedor cuando la luz del día entra por las ventanas de la catedral iluminando sus paredes. El claustro es otra maravilla de la arquitectura normanda. Sus portentosos 228 capiteles románicos del siglo XI visibles en un pórtico que se sostiene sobre 104 arcos, fueron creados por albañiles borgoñeses y provenzales y exhiben iconografías que combinan lo religioso y lo pagano, los elementos clásicos y la mitología popular.
Agrícola y marino
En dirección a las provincias de Trapani y Agrigento, la costa siciliana sorprende por sus ruinas griegas y por sus extensos arenales, mientras, en el interior, se descubre esa Sicilia agrícola con carreteras estrechas repletas de pequeños tractores que transportan las mejores olivas del país en un territorio que recuerda a nuestra Andalucía. Es el contraste con esa otra Sicilia marinera que sigue conservando la flota pesquera más importante de Italia y de todo el Mediterráneo con el importante puerto de Sciacca, donde se puede adquirir su afamado coral, único en el mundo por sus tonalidades que van del anaranjado y rojizo al rosa salmón. En Trapani, famosa por sus salinas, la escuela de cocina Nuara, organiza cursos básicos y avanzados para recuperar y mostrar la oferta gastronómica autóctona de la provincia y de toda la isla de Sicilia. Los chefs explican los diferentes sabores en un auténtico laboratorio gastronómico con degustaciones y análisis sensorial de los productos.
La huella griega
En la costa sur de la isla se levantan los más impresionantes yacimientos griegos fuera del país heleno. Selinunte, a orillas del Mar Mediterráneo, fue una de las más importantes ciudades griegas de la antigüedad, 270 ha que contienen restos de la acrópolis, siete templos y el santuario de Deméter Malophoros, diosa de la vegetación y protectora de los agricultores. En el interior de la isla, la Villa romana del Casale, donde destacan sus fantásticos mosaicos que decoran el suelo con gran refinamiento, es otro atractivo e histórico lugar que visitar. Y por último el Valle de los Templos, al sur de Agrigento, que tiene fama mundial por sus nueve templos con el de la Concordia al frente, uno de los edificios sagrados mejor conservados de la antigua Grecia.
Catania
La segunda ciudad más poblada de la isla que también cuenta con aeropuerto internacional se encuentra en la falda del monte Etna, lo que permite descubrir algunos senderos de este volcán activo que llegan hasta la cima. Recomendable la visita a esta ciudad barroca con un toque español donde impresiona el anfiteatro romano y la catedral, dedicada a Santa Águeda o el Teatro Bellini. Imprescindible visitar la popular Pescheria, el antiguo y bullicioso mercado de pescado situado alrededor de la Puerta de Carlos V, es un lugar ideal para despedirse de la isla pues refleja parte de la esencia siciliana; comerciantes pregonando a pleno pulmón las bondades de sus productos, propios y extraños curioseando y comprando y puestos donde se pueden comer ostras o pescado frito.