Viaje Côte Basque

Azul y verde

Entre prados, montañas y costa, la antigua carretera de la Côte Basque atraviesa paisajes espectaculares y pueblos con mucho encanto en un inolvidable viaje de carretera que combina naturaleza, historia y gastronomía.

Foto

Por Marina Blanco

Publicación Revista: 01/03/2025

Publicación Web: 01/03/2025

La cornisa atlántica de la costa vasco-francesa abarca apenas 50 km para terminar en Las Landas. Este breve recorrido por la antigua carretera atraviesa un paisaje de ensueño donde destacan tres poblaciones míticas; San Juan de Luz, Guéthary y Biarritz. Su opulento pasado de armadores y balleneros, de visitas reales y lugares de recreo para la alta sociedad, ha dejado una inigualable impronta urbanística; majestuosas villas, casonas de corte vasco, pintores-cos puertos y fabulosas playas donde perderse. Su culinaria, vinculada al mar pero también al monte, con el indiscutible sello de la cocina francesa y el ADN vasco, se degusta no sólo en sus interesantes restaurantes, sino también en los comercios que ofertan conservas, quesos, charcutería, panes y, por supuesto, macarons.

San Juan de Luz

Primera parada en este encantador pueblo pesquero donde el aroma a salitre se mezcla con el bullicio de sus calles. Nada más cruzar el Pont Charles de Gaulle, el puerto se despliega ante la vista del viajero con sus coloridas embarcaciones que flotan en calma. Este puerto, considerado uno de los más pintorescos de la región, se enmarca en un fondo de casitas vascas que parecen haber salido de una postal. Dejando atrás el puerto con sus embarcaciones, grúas, redes y gaviotas, llegamos a la Place Louis XIV conocida por ser epicentro de la villa. Entre los edificios históricos que alberga esta concurrida plaza se encuentra la emblemática Maison Louis XIV, codeándose con terrazas de cafés, tiendas y restaurantes. De ella parten callejuelas que discurren en todas las direcciones, como la Rue Gambetta, donde encontrar la histórica pastelería Maison Adam, cuyos macarons se elaboran utilizando la receta original creada para la boda del mismísimo Luis XIV. De visita obligada es la Rue de la République, donde se ubica La Conserverie Belle-Iloise, una conservera especializada en productos de pescado como sardinas, caballa y atún, además de algunos mariscos. Ofrecen verdaderos tesoros, como los lomos de caballa con curry y almendras, la mousse de bogavante al coñac, la crema de salmón al estragón o las sardinillas con pimiento de Espelette, un producto muy apreciado en la zona. Imprescindible visitar la iglesia de San Juan Bautista, lugar donde se casaron Luis XIV y María Teresa de Austria, donde resaltan su retablo barroco y las galerías de madera tan típicas del estilo vasco. Un detalle curioso es el barco en miniatura que cuelga del techo, una ofrenda que refleja la devoción de los pescadores locales por la protección divina en sus travesías por el mar. Tras recorrer sus calles, tiendas y pastelerías, hay que comer en Le Petit Grill Basque, donde el chef Iñaki Aizpitarte, célebre por su paso por el prestigioso Le Chateaubriand de París, ha decidido establecerse. Su propuesta reinterpreta la cocina tradicional vasca con un enfoque innovador y los mejores ingredientes locales.

Guéthary

Con menos de 1.500 habitantes, en Guéthary el tiempo parece detenerse entre playas y acantilados que invitan a la contemplación. Pero antes de llegar a estos lugares, la primera parada indispensable es en Ronde des Pains, una acogedora panadería a la entrada del pueblo donde se hornean cada mañana excelsas napolitanas y croissants de la zona. Después, nada mejor que perderse por sus encantadoras calles, donde descubrir lugares tan singulares como Yaoya, una épicerie –ultramari-nos– vasco-japonesa, o el Providence, una tienda de diseño donde comprar cafés, especias, bolsas de tela y, además, disfrutar de un sabroso desayuno. Desde allí se puede iniciar un agradable paseo hacia Le Vieux Port, el precioso puerto de la localidad que, a pesar de su reducido tamaño, conserva la extensa rampa que se utilizaba para arrastrar y alzar las ballenas. Justo encima se encuentra un frecuentado mirador que ofrece una vista inigualable de la costa. Recomendable visitar el Bar Basque, una encantadora terraza donde disfrutar de un excelente pescado a la plancha acompañado de crujientes patatas fritas y, enfrente, Le Madrid, un acogedor hotel que alberga la mejor terraza del pueblo, ideal para contemplar la puesta de sol con una copa de vino o, lo que es mejor, cenar en su restaurante y probar las rilletes de canard y el entrecote charolaise. La tranquilidad de sus habita-ciones con vistas al océano son también una estupenda opción de alojamiento.

Biarritz

La joya del país vasco francés, una ciudad que combina elegancia y dinamismo en un entorno natural espectacular. Su historia como destino de lujo se remonta a la época de la emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III que la convirtió en su refugio veraniego. La mejor manera de recorrer esta bella ciudad es a pie, hay que aparcar el coche en el Port Vieux y comenzar a explorar la ciudad en cualquier la dirección. Disfrutar de edificios tan imponentes como el Villa Belza, uno de los puntos más emblemáticos ubicado en el acantilado de la Côte des Basques, la Plage du Port Vieux o la Rocher de la Vierge, uno de los lugares más hermosos de la ciudad. A tan solo 10 minutos a pie, la Maison Arostéguy, una histórica épicerie que, desde 1875, deleita a sus visitantes con una cuidada selección de los productos gourmet más exclusivos de la región. Paseando por las calles del centro se llega hasta el majestuoso mercado Les Halles, el alma gastronómica de la ciudad, un lugar para perderse donde la tradición y la frescura se encuentran en cada puesto. La oferta abarca una impresionante selección de productos locales, desde quesos artesanales y charcutería vasca, hasta mariscos frescos recién pescados. Les Halles cuenta con pequeños restaurantes y bares donde disfrutar de las especialidades locales. Destacan las tapas de inspiración vasca que combinan lo mejor de Francia y España, así como los platos elaborados con ingredientes directamente del mercado. Los locales más populares son las ostrerías, donde degustar el bivalvo en toda su frescura con una copa de vino blanco, es común ver a propios y extraños comiendo ostras en horas tan intempestivas como las diez de la mañana. El centro de la ciudad alberga lugares tan icónicos como la librería Bookstore o la famosa chocolatería Henriet, que prepara artesanalmente los chocolates más delicados. No se puede abandonar Biarritz sin visitar el renombrado Casino y el Hôtel du Palais, además de las famosas Galeries Lafayette para darse algún capricho. Desde la serenidad del océano hasta los encantadores pueblecitos pesqueros y la vibrante Biarritz, este roadtrip es la combinación perfecta entre desconexión, excelente gastronomía, cultura y paisajes que cautivan los sentidos. Sin duda, una escapada inolvidable.

Te puede interesar

A pequeña escala

Encanto tradicional, trato humano y patrimonio, en algunos barrios cuyos íntimos locales gastronómicos y tiendas de artesanía muestran el alma cordial de esta impresionante metrópolis