Rosa y Francisco Vañó

Paisaje en la botella

Decir Castillo de Canena es sinónimo de grandeza en el mundo de los aceites de oliva, una grandeza ganada y trabajada a pie de olivo en una clara apuesta por la calidad máxima.

Foto: Dani Guereñu
Foto: Dani Guereñu

Por Ana Marcos

Publicación Revista: 01/10/2026

Publicación Web: 01/10/2026

Una empresa de 2.000 hectáreas propias, 1.500 de olivar con 47 pagos diferenciados, que produce –sin graneles– 350.000 litros de aceite virgen extra. Toda una hazaña en esta categoría. Los hermanos Rosa y Francisco Vañó simbolizan la excelencia y así lo certifican los más de 150 premios recibidos por sus productos, entre ellos cinco veces el de Alimentos de España o figurar con 100 puntos –durante años– en el Hall of Fame de la Guía Flos Olei, la más prestigiosa del mundo.

Su historia familiar se remonta dos siglos atrás en Canena, Jaén. Allí, su padre Luis Vañó –germen de esta empresa– comercializaba el producto de una finca de olivos; Castillo de Canena es, además, el nombre de su casa familiar, un castillo renacentista erigido sobre ruinas romanas. Sin embargo, en Rosa y Paco, todo es modernidad y mirada de futuro. Además de la gran calidad de sus aceites, han sabido innovar creando productos nuevos en un mercado ya saturado. Su Primer Día de Cosecha fue revolucionario, pero luego le seguirían los biodinámicos, al humo de roble… incluso dos variantes con plancton y con harissa o Summa Varietalis –una de sus últimas novedades– un coupage de variedades de la cuenca mediterránea. Hablamos en el MOM Culinary Institute, una de las más prestigiosas es-cuelas de cocina de Madrid. Enclavado en un lugar privilegiado –un antiguo palacete en la calle Serrano–, su restaurante, Bancal, es el lugar perfecto para comenzar nuestra charla.

En 2003 erais altos directivos de multinacionales como Coca-Cola y el Banco de Santander. Pero volvisteis al negocio familiar.

Paco. Nuestro padre había engrandecido fuertemente el legado de sus antepasados, pero para él era un hobby, porque era banquero. Cuando llegamos Rosa y yo hace 23 años, el gran cambio cualitativo consistió en profesionalizar la gestión. Fue un salto al vacío.

Ahora sois uno de los líderes mundiales en el sector del AOVE premium y estáis presentes en 60 países.

Rosa. Desde el primer momento nos orientamos a la exportación, de hecho, nuestra primera botella se fue a Dinamarca. Pero empezamos a ganar con-cursos muy significativos como el Best of the Fancy Food de San Francisco, que somos los únicos que lo hemos ganado tres veces, o Der Feinschmecker Olio Award, alemán. Fue un buen comienzo y abrimos mercado en España.

Ciento cincuenta galardones en dos décadas es todo un récord.

P. No nos presentamos desde 2018 a premios que sólo valoren las características organolépticas y sensoriales del aceite. Pero sí nos hemos seguido presentando a esos premios que reconocen internacionalización, marketing, responsabilidad social corporativa, sostenibilidad… aquí ya son empresas, lo que garantiza continuidad y regularidad en la calidad.

Vais a lanzar un AOVE especialmente pensado para gente joven llamado Zummo.

R. En precio y posicionamiento Castillo de Canena quizás se quede un poco lejos de los jóvenes y también nuestra otra marca, Palacio Marqués de Viana. Por eso, pensamos hacer algo divertido, un mestizaje de la modernidad con la experiencia. Su nombre obedece a que es zumo de un fruto: la oliva.

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Rosa Vaño, directora comercial de Castillo de Canena, con el Aceite de Oliva Primero Royal Temprano

¿Qué peso tiene en vuestra empresa la sostenibilidad?

P. Desde el primer momento hemos funcionado sosteniblemente, fuimos muy conscientes de su importancia. Y siempre con certificados Demeter, de una empresa ajena a la nuestra y objetiva. Es muy importante el rigor en este aspecto.

R. El aceite de oliva es sostenibilidad, salud y sabor en un solo producto. Son paisajes en una botella.

¿Es verdad que las fotovoltaicas están haciendo daño al viñedo? Hay opiniones enfrentadas.

P. En nuestro caso no. En 2024 inauguramos la planta fotovoltaica más grande de Andalucía, pero lo hicimos aprovechando una balsa de riego, con pantalanes. Y produce más energía por la humedad. En Andalucía hay miles y miles de hectáreas donde instalar energía fotovoltaica sin menoscabar los olivos.

España es el primer productor mundial, sin embargo, la grasa más consumida sigue siendo el aceite de girasol. ¿No es un contrasentido?

R. Creo que no, porque ellos tienen mucha más libertad para modificar su producto. Nosotros tenemos las manos atadas. Y desgraciadamente, aunque somos el primer productor mundial, la gente en España sigue teniendo poca cultura del aceite de oliva.

¿Cuál creéis que es el futuro del AOVE español de aquí a unos años?

R. Soy optimista por naturaleza, pero además veo en mis viajes por el mundo que España lidera, tiene calidad y reconocimiento. Y las instituciones están volcándose, tanto el Ministerio como el ICEX, lo que es muy importante.

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Francisco Vañó, director general de Castillo de Canena, junto a los aceites recolectados el primer día de la cosecha.

¿Italia sigue siendo nuestro más duro competidor?

P. Italia tiene un problema estructural gravísimo y es que la producción real está en 350.000 toneladas, si tomamos en consideración que tienen un consumo interno cercano a las 600.000, poseen un déficit brutal. Y en España es al revés, producimos mucho más de lo que consumimos. Entonces claro, los aceites italianos son mucho más caros que los españoles, aunque sean exactos organolépticamente. En Italia, importan para reexportar.

Me comentabais que además España importa aceite… ¿No es una contradicción?

P. Es poco entendible. Produjimos un millón cuatrocientas mil toneladas de aceite, según cifras del Ministerio, en la campaña 2025/2026 y consumimos 540.000 toneladas, mucho menos de lo que producimos. Increíblemente, a fecha 1 de junio de este año, España había importado 177.000 toneladas de aceite de terceros países, a final de año llegaremos a las 220.000-250.000 toneladas. El caso de Italia es comprensible, pero el de España no.

¿Y los análisis sanitarios de tanta importación?

R. Prácticamente sin ningún control sanitario. Una noticia de ABC de marzo de este año contaba que, según la COAG –Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos–, en cinco años se analizaron sólo tres muestras de aceite de oliva importa-do en aduana. Europa a nosotros nos pide estar impolutos y ellos entran sin control ni casi regulación. Legislamos contra nosotros mismos y nos sentimos desamparados. Nosotros, y todos, tenemos a la inspectora de Sanidad día sí, día no.

¿Un balance de estos 23 años de Castillo de Canena?

R. Para mí lo más importante ha sido la familia, mi padre, que acaba de sacar un libro de investigación sobre el aceite de oliva virgen extra, ha disfrutado viendo la evolución de lo que él creó, mi madre también, se sienten orgullosos y motivados. Y trabajar con mi hermano es una maravilla. También estar en el mundo de la gastronomía resulta sumamente gratificante porque haces amigos.

P. Hemos viajado juntos, hemos pasado momentos buenos y malos, pero siempre nos hemos respetado. Ahora estamos viendo que tienen que incorporarse nuevas generaciones de la familia. Pero el conjunto es que hemos creado una marca y ha sido algo muy satisfactorio. La empresa familiar siempre es compleja, pero el resultado en nuestro caso ha sido muy positivo.