El vocablo experiencia prolifera en torno a nuestra órbita gastronómica. La RAE lo define como “enseñanza que se adquiere con el uso, la práctica o sólo con el uso”. Una interpretación literal que ya había apuntado Curnonsky, apodado el príncipe de los gastrónomos, quien señaló el aforismo “se trata de una buena cocina cuando los alimentos tienen el sabor de lo que son”.
Este preámbulo sirve para adentrarnos en relatar nuestra experiencia / visita al Noma, multilaureado restaurante de Copenhaguen, muy típico de la lista “50 Best” al que podríamos situar en la figura retórica oxímoron, apelativo contradictorio para integrar una cosa y su contraria.
Su menú, configurado al final del pasado otoño, se ciñe a los productos vecinos a su ubicación, así corzo, reno, setas y frutas de los bosques próximos, vertebran su oferta, junto con una presencia significativa de fermentados; es curiosa la ausencia de productos del mar, a pesar de su localización.
La valoración culinaria resulta notable, el marco es excepcional donde la madera trabajada a mano le imprime una calidad y calidez de alto rango; el servicio de sala, multilingüe y buen conocedor del menú que ofrecen y argumentan con suma amabilidad también es excelente.
La bodega, peculiar en su concepción, es típica de este tipo de establecimientos, entiéndase petit vignerons, uvas postergadas y recuperadas, en síntesis, una aventura enológica doctrinal y, hasta cierto punto, discutible.
Como colorario tirando para casa, toda una experiencia de una restauración huérfana de la gran despensa y variedad de productos disponibles en los mercados de Francia, Italia y, sobre todo, en España, donde convendría valorásemos las exquisiteces autóctonas al alcance del consumidor. Y de los precios, mejor pasamos de largo. Repetimos, una vez más, hay que saber vender, dentro y fuera, creernos lo que tenemos.
Refshalevej 96
1432 Copenague K