Prince Jardinier

Hay tomate en el castillo

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Autor: Óscar Caballero
Fecha Publicación Revista: 01 de mayo de 2014
Fecha Publicación Web: 11 de marzo de 2016
Revista nº 457

El príncipe Louis-Albert de Broglie promueve la permacultura –paciencia, habrá traducción–. El título pertenece a los de Broglie desde el siglo XVIII. Lo de jardinero lo añadieron sus amigos cuando vieron que la naturaleza se lo llevaba al huerto. Y el avispado noble convirtió la etiqueta en la marca Prince Jardinier que hoy ampara su fabuloso Conservatorio Nacional del tomate –650 variedades–, la colección de útiles de jardinería, su declinación textil –ropa de algodón, cómoda pero capaz de transformar al granjero en dandy–, muebles de jardín y en general, "productos de calidad que resisten al tiempo; que se conservan y transmiten de generación en generación". Normal en el descendiente de una familia de origen piamontés, instalada en Francia desde el XVII y cuya divisa es "Pour l’avenir", para el porvenir.

Hermano del actual duque de Broglie, Louis-Albert se crió en el castillo familiar, entre árboles y plantas. Pero trabajó en un Banco, entre París y la India: "me ocupaba de fusiones, adquisiciones; operaciones financieras de grandes grupos hoteleros".

Verduras, telas y colores

En 1991 decide independizarse en lo que conoce: un hotel. Con otro hermano compra el castillo de La Bourdaisière, construido en el siglo XVI por Francisco I, para su amante. Además del hotel renueva el huerto del siglo XIX, de una hectárea, para resucitar esas verduras olvidadas que se ponían de moda en París. Y porque “además de nutrir, un huerto tienen que deslumbrar”.

El castillo está situado en Montlouissur- Loire, tierra de grandes vinos, con la uva chenin como bandera. Y puestos a elaborar unas botellas ¿por qué no una viña orgánica? Y un espacio para hierbas –de cocina y medicinales– y frutas.

En 1995 registra Prince Jardinier y, “porque la ropa de los jardineros era triste y gris, en lugar de inspirarse en la fabulosa variedad de colores de fauna y flora”, crea su línea de ropa.

Tres años más tarde nace el Conservatorio. Entonces yo creía como todo el mundo que los tomates eran rojos, de tamaño mediano, con un sabor uniforme”. El yan, blanco y regordete, fue la primera sorpresa. Verdes, pero también rosados, violetas, amarillos, naranja; estriados; minúsculos como perlas o variedades que pesan más de un kilo. Amarillo Yellow Bell, negro Black Prince, naranja Verna Orange, blanco Blanche d’Anvers, verde Evergreen... Su libro Les Tomates du Prince Jardinier (Michel Lafon), levanta un panorama exhaustivo, con más de 600 variedades, reproducidas. Y recetas, fotos.

En el castillo crea el Bar à Tomates –otra marca registrada– porque “no hay que olvidar que el tomate es la segunda verdura –fruto, en sentido botánico– más consumida en el mundo, detrás de la patata”. Y que “desde un cóctel o zumo, entrante o plato, hasta el mejor de los postres, la gama de preparaciones es infinita”. Como las variedades. “Hoy, coleccionistas del mundo entero me mandan semillas que son una fuente inagotable de sorpresas”. Y el adjetivo es justo: “el Seed Savers Exchange registra diez mil suertes de tomates”.

Conservar para transmitir

Dato importante: las semillas del Conservatorio, que pueden adquirirse en la tienda del hotel o por correspondencia, son libres. “Es decir, no son tomates híbridos. Pueden ser reproducidos gratuita y naturalmente. Lo contrario del catálogo oficial con sus 432 variedades híbridas, no reproductibles –es decir, desprovistas de tallo, de hojas y de frutos en la segunda generación– desarrolladas por Monsanto, Syngenta o Limagrain”.

En 2008, Louis-Albert compró la parte de su hermano y, ya único propietario, refrescó la decoración de las 26 habitaciones –170/315 €; el hotel forma parte de Châteaux Hôtels Collection, la cadena de Alain Ducasse– y afirmó su condición de vitrina de la biodiversidad.

Además de las 50 variedades de hierbas medicinales, las 30 de lechugas y las 650 de tomates, de Broglie, con el paisajista Louis Benech, diseñó DahliaColor –marca, también– para magnificar, según líneas muy puras, las 160 variedades –y cuatro mil pies– de la flor guatemalteca que oculta en la tierra un tubérculo comestible. Sin olvidar el vergel: cien árboles frutales de colección. O el Capitulaire de Charlemagne, que funda, por orden del emperador, el registro de plantas alimentarias, medicinales, de tintura, industriales. Y en fin, las singulares esencias del parque: cedros, robles, árbol de pan. O la novedad de un gallinero. La viña, hoy en biodinámica. “En estas horas de estandardización industrial –proclama el príncipe– enseñar la riqueza de la naturaleza es indispensable.

Conservar para transmitir, como un laboratorio para las generaciones futuras”. En 2001, ante el rumor de que Deyrolle, verdadero monumento de entomología y taxidermia –sus planchas pedagógicas tapizaron paredes de escuelas de 160 países, entre 1870 y 1950– desaparecerá, de Broglie lo compra. Frecuentada en su tiempo por pintores (Dalí, Buffet) o escritores (Louise de Vilmorin, el gurú del surrealismo, André Breton) la venerable tienda-museo recupera su plaza en la vida cultural parisina. (Deyrolle aparece en una escena de Medianoche en París, la película de Woody Allen).

El 1 de febrero del 2008 un incendio destruye parte de los locales. Todo es reconstruido fielmente. Pero además, cada elemento es ahora reciclable, incluido el material de las planchas, reproducidas en una imprenta verde.

Y de Broglie precisa que “ningún animal fue sacrificado para exponerlo; los de especies no domésticas provienen de zoológicos, circos o criaderos donde han muerto de viejos. O a causa de una enfermedad. Cada pieza tiene su correspondiente trazabilidad”. Xai en catalán es cordero. Cuando se inauguró la exposición Dalí, en el Pompidou –antes de viajar a Madrid–, el arquitecto y diseñador Oscar Tusquets visitó Deyrolle, la tienda dirigida por Peio Rahola, nativo de Cadaqués. De una conversación surgió la idea de “mobilizar” (transformar en mueble) el cordero daliniano de Estudi per una estable biblioteca (1942). ¿La madre del cordero? Su precio: 72.000 € por el único negro y 36.500 € por cada uno de los 14 xais blancos.

El arte de vivir

Si La Bourdaisière lo confrontó a la práctica, “Deyrolle –reconoce de Broglie– me permitió enriquecer la idea de la biodiversidad con la noción de observación, de comprensión de este ejercicio vital que hoy es base de mi compromiso. Pero sobre todo confortó la idea que siempre tuve sobre la educación. Hoy, con las ediciones Deyrolle pour l’avenir, intentamos enseñar, a través de las imágenes, los desafíos de mañana. La fuerza y la debilidad de la naturaleza son los dos factores que justifican nuestro trabajo”.

Otra desaparición impedida: en 2005, cuando se entera de que van a destruir el viejo mobiliario de hierro de los jardines parisinos del Luxemburgo, las Tullerías y el Palais Royal, recupera sillas y sillones. Los hace restaurar, pintar, combinar. Así nace una línea de sillas confident, hamacas, chaiseslongues. (Todo es visible en la web).

Pero el gran objetivo es “hacer de La Bourdaisière un laboratorio del arte de vivir“. Así, “la renovación del edificio cuatro veces centenario se benefició de técnicas para reducir el consumo energético. Y la imprenta carbono“.

La otra cruzada del príncipe es la permacultura, “término acuñado en 1978 por dos australianos, Bill Mollison y David Holmgren, para definir –enseña– un sistema sostenible, inspirado en la filosofía de Masanobu Fukuoka: Agricultura Natural“. Su teoría: “dado que la homogeneización de prácticas agrícolas degeneró en contaminación del suelo y la napa freática y que los riesgos para la salud humana de ogm y pesticidas no fueron suficientemente evaluados aún, la agroecología aparece como un modelo viable y eficaz. La permaculture propone un método socialmente sostenible y económicamente viable“.

Pero como el movimiento se demuestra andando, de Broglie decidió instalar una micro granja en permacultura. Y analizar su rentabilidad. “El proyecto es que un ciudadano sea formado para crear, en tres años, su propia microgranja. La experiencia será seguida por un grupo de científicos a fin de crear un instrumento interactivo. Y accesible a todos los voluntarios dispuestos a proponer un tipo de agricultura respetuosa del medio, de la salud, de los humanos”.

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