¿Por qué confiamos tanto en lo que llega de lejos y tan poco en lo que crece a un paseo de la ciudad? Con esa pregunta de fondo, la DOP Aceite de Madrid ha presentado 'Xenofilia', el vídeo con el que arranca su nueva campaña de comunicación.
La pieza, de estética actual, juega con el significado del título, que alude a la fascinación por lo extranjero, para plantear cómo valoramos nuestros propios productos. Se proyectó por primera vez en julio, en un pase privado para unos pocos periodistas, y ahora se abre al público en dos versiones, una horizontal y otra vertical, listas para descargar.
Lo que cuenta es un cruce de culturas alrededor de la mesa. El aceite madrileño con denominación de origen aparece menos como un producto de la tierra que como un ingrediente viajero: encaja igual en un plato castizo que en las recetas de otras cocinas del planeta, y conserva su personalidad en todas ellas.
Pero hay un mensaje más profundo. Quien ve Madrid como una gran ciudad de asfalto suele olvidar que a su alrededor hay olivos, tractores y pueblos que viven de ellos. Son agricultores de familias que llevan generaciones en el oficio los que sostienen una tradición que se cuenta en siglos.
La campaña no se queda en el vídeo. En redes sociales irán apareciendo piezas breves, muy visuales y fáciles de compartir, con lemas como Madrid es campo, Tradición y tendencia, Madrid sabe o No necesita acento. Cada una desarrolla una idea distinta, y todas juntas forman un relato común.
Detrás hay un propósito claro: que el Aceite de Madrid se reconozca por lo que es, un aceite de oliva virgen extra con sello propio y mucho más que una rareza para curiosos, y que se valore a los agricultores y al territorio que lo hacen posible. La DOP aspira a que, con el tiempo, su aceite figure con naturalidad entre los grandes emblemas gastronómicos de la Comunidad.