Bodegas

LAN gran reserva 2010

El gran cuidado de la materia prima, su apuesta por la viticultura sostenible y el fomento del enoturismo definen a Bodegas LAN que elabora vinos excepcionales, elegantes, sutiles y longevos.

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Por Paloma Menéndez-Ondina

Publicación Revista: 01/02/2020

Publicación Web: 01/02/2020

Logroño, Álava y Navarra son las tres provincias que componen el acrónimo de Bodegas LAN, una de las más singulares de la DOCa Rioja. Fundada en 1972 por un grupo de empresarios vascos, con una peculiar visión de la tierra y un gran espíritu pionero, se asienta en Fuenmayor, a tan solo 14 km de Logroño. En la actualidad gestionada por la tercera generación de la familia Guedes, propietarios del grupo vitivinícola portugués Sogrape. Los viñedos propios se encuentran en Viña Lanciano, una finca de 72 hectáreas dividida en 22 parcelas donde se pueden encontrar uvas de las variedades tempranillo, mazuelo, graciano y garnacha tinta de 40 a 60 años de antigüedad. Un enclave privilegiado resguardado por la Sierra de Cantabria, que influye positivamente en la maduración con sus contrastes térmicos entre el día y la noche, y rodeado por un meandro del río Duero que las protege de manera natural de las heladas y los rigores del verano. Las cepas plantadas sobre suelos con abundante presencia de cantos rodados se benefician de las crecidas y estiajes que sufre el río, que aportan matices minerales a los vinos.

La gran apuesta

Una frase: “La enología comienza por la viticultura” les define y el respeto por la materia prima ha sido su prioridad desde la fundación de la bodega. Por eso practican una viticultura sostenible que implica la mínima intervención y el respeto del ciclo natural que fomenta las autodefensas y la luminosidad de la vid. No aplican ningún herbicida químico o insecticidas, solo abonos naturales y cuentan con una estación climática propia que permite controlar el viñedo y elaborar un histórico de cada una de las parcelas para exprimir al máximo su potencial. “Siempre buscamos reflejar en nuestros vinos los viñedos y parcelas de las que proceden. Son un espejo de la viña y siempre perseguimos elaborar vinos muy sinceros. Nos basamos en el respeto máximo del potencial de cada variedad, parcela y origen. La crianza es y debe ser respetuosa para dejar expresarse a la variedad y al terruño, que aportan equilibrio y matices” comenta María Barúa, directora técnica y enóloga de la bodega.

Siempre a mano

En el momento de la vendimia, siempre manual, se tiene en cuenta la parcela y la variedad, y tras una primera clasificación, las uvas se recolectan en pequeños cestos que se envían a la bodega donde solo se escogen las mejores gracias a una doble selección en la mesa: por racimo y por grano. Esta rigurosidad permite que únicamente las óptimas pasen a la fase de fermentación alcohólica que se realiza en depósitos de acero inoxidable a tempera-tura controlada para extraer sus aromas.

Único en el mundo

La sala de barricas destaca por su sistema de apilado, trasiega y climatización que les permite trabajar diferentes tipos de roble –francés, americano, ruso, húngaro, pirenaico y, recientemente, español–. La crianza se realiza por separado dependiendo de la variedad y se agrupan en forma de pirámide teniendo en cuenta su parcela. Finalmente, el vino se afina en botella durante meses hasta que llega el momento adecuado para su consumo.

La virtud de la paciencia

Una de las principales características del vino seleccionado es su larga crianza que lleva a cabo durante 24 meses en barricas de roble americano –procedentes de Ohio y Missouri– que aportan aromas intensos de vainilla, coco y plantas aromáticas, y roble francés que le confiere una buena estructura en boca y contribuye a una gran complejidad aromática. A continuación, descansa 36 meses en botella para su afinado final, dotándole de estructura y un persistente final lleno de matices con una larga vida por delante.