Dos millones de musulmanes en España, entre 5 y 7 en Francia y unos 17 en Europa plebiscitan el alimento halal (lícito, autorizado). Sobre todo durante el Ramadán, nombre del noveno mes del calendario de la Hégira. Y de un ritual considerado el quinto pilar del Corán.
Disciplina: del alba al crepúsculo ayunan; en la oscuridad devoran. Si esa práctica es tradicional, la etiqueta halal es, en cambio, invento de industriales de Occidente y no un imperativo religioso.
Es lógico que haya prosperado en la Francia del Islam como segunda religión, con unos dos millones de practicantes, por lo menos, y 2.450 mezquitas. Si el mercado halal mueve más de 6.000 Mill. € en Francia, su volumen de negocio mundial rozaría los 600.000 Mill. € y en 2021 uno de cada cinco alimentos podría ser halal.
En España, donde el Instituto Halal –creado en 1996– cuenta con 45 empleados, hay unas 400 empresas certificadas, cuyas exportaciones crecieron un 82%. Otro dato español: en 2015 unos dos millones de musulmanes gastaron 2.421 Mill. € en alimentación halal. En Francia, donde son halal frutos secos, alimentos para bebés, verduras y frutas, el fenómeno trasciende la comida. En 2012, cuando apareció el primer dentífrico lícito, un millón de musulmanes compraba ya productos de belleza halal. Explicación: omnipresencia de grasa de cerdo en la cosmética corriente.
Las financias islámicas
Un Corán en lugar de la Biblia y un hotel deviene halal. Y lo es la banca cuando soslaya sectores haram (ilícitos) como alcohol, armamento, pornografía, juegos de azar. Y según el versículo 275, surata 2, comerciar es halal. Especular y cobrar intereses es haram. La Sorbona creó en 2012 un diploma universitario de finanza islámica. En la Francia en la que Qatar está en el fútbol y en los grandes hoteles, junto a Brunei o Emiratos, conviene saber que sukuk es letra de pago islámica, ribá intereses o mudaraba un tipo de contrato. Y se lo puede celebrar con burbujas de Lussory Gold, espumante desalcoholizado, embotellado en Dubai.
Según el estudio Solis, divulgado el 2018 por la revista profesional LSA, hay alimentos halal en las GMS (grandes y medianas superficies) de Francia. Y a las marcas históricas comunitarias (Dounia, Isla Délice, Isla Mondial, Saada, Jumbo...) se suman marcas nacionales: Duc, Fleury Michon, Herta, Knorr, Labeyrie, Liebig... Si el oro y la plata del podio son para Isla Délice –39% del mercado– y Reghalal –10,7%–, el bronce es para el el departamento halal de Fleury Michon (durante 30 años tuvo como garantía de calidad a Robuchon), con el 10,6% del mercado y una progresión del 8,6% anual. Otro estudio fijaba el consumo de carne ritual en más de 70 kg/persona y año. Carne de grandes industriales –Socopa, Doux, Duc, Soviba, Charal–, todos con su departamento halal.
Orientados a la Meca
¿Tradición halal? El Corán distingue halal y haram. La surata 5 prohíbe comer cerdo, beber alcohol y consumir drogas. Tampoco admite el consumo de animales muertos accidentalmente. Y de acuerdo con la Dhabiha –ritual musulmán– el animal a sacrificar ha de ser orientado hacia la Meca, degollado y sangrado por un musulmán.
Pero “la certificación halal, aparecida en los 1980, no es una tradición religiosa sino económica”, recuerda Florence Bergeaud- Brackler (antropóloga del Centro Nacional Francés de Investigaciones Científicas), autora de Le Marché halal ou l’invention d’une tradition (el mercado halal o una tradición inventada; editorial Seuil, 2017), que la considera “fruto de la alianza de neoliberalismo y el fundamentalismo religioso”. O sea, “no es una costumbre antigua. No hay ninguna tradición halal en los países musulmanes. El mercado actual es hijo de las políticas de Thatcher y Reagan en Occidente y la República Islámica de Irán, en 1979”.
Cuando Jomeini toma el poder en Irán prohíbe importar carne de Occidente. Pero ante la amenaza de penuria, envía sus mulás a controlar la producción en las cadenas de carnicería de Australia y Nueva Zelanda. Lo imitan Egipto, Arabia Saudí y Malasia –centro halal en 1990–“con ayuda de ingenieros de Nestlé”. En 1997 aparecen las directivas halal del Codex Alimentarius, “órgano neoliberal que codifica normas alimentarias para permitir el comercio mundial”. Malasia impone el principio de pureza: sólo pueden ser halal alimentos que no contienen productos ilícitos (alcohol, cerdo, proteínas de una matanza haram), lo que excluye la mayor parte de la producción alimentaria occidental. Para rizar el rizo Turquía desarrolla el turismo halal y la moda islámica. Y a partir del 2000, los Emiratos difunden la finanza halal, instrumento único de “una economía islámica global”.
Para Bergeaud-Blecker, “hasta el 2000 era un fenómeno incluyente: cualquiera podía fabricar halal si respetaba la norma. Luego, se pasó de producido para musulmanes a producido por musulmanes. Y a partir de 2007-2008, en Francia, asociaciones de musulmanes pregonan una “ética musulmana del consumo”.
Esto se puede leer también bajo el prisma de la nueva religión occidental, el animalismo. Como además una parte de la industria creó condiciones de apiñamiento de animales de carne, que coartan su crecimiento y obligan al uso masivo de antibióticos, y en medio se coló la moda orgánica, se produjo una extraña coincidencia. Los compradores de orgánico se dejarían tentar por productos halal. Y por los kosher, más coherentes desde el punto de vista religioso porque la etiqueta exige la presencia del rabino en el sacrificio.
Y si la directiva europea 93/119/CEE prescribía la anestesia eléctrica, en el caso de las aves, agitadas por el estrés, su eficacia es tan relativa que algunos industriales aumentan voltaje y el ave muere antes de ser sacrificada. Es la excusa que adujo una rama del Congreso Islámico mundial para prohibir la anestesia eléctrica.
Otro matiz, en este caso, económico: el sacrificio manual (halal), con tres matarifes presentes obligatoriamente, es más caro y lento –4.000 aves/hora-–que la matanza industrial, con electro anestesia: 15.000 pollos/hora.
En fin, si durante seis siglos la norma católica de prohibir carnes terrestres la mitad del año en beneficio de las marinas –surrealista invención de carnes frías y calientes– hizo la fortuna de la Liga Hanseática (bacalao) y de oligarquías andaluzas (atún de almadraba), la tendencia halal también borra fronteras entre productos y Estados. Y tiene, como posibles consumidores cautivos, a 1.500 millones de musulmanes. Es así como halal es grande.