Finger Lakes

Entre Lagos

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Autor: Alberto Sanjuan
Fecha Publicación Revista: 01 de octubre de 2013
Fecha Publicación Web: 23 de octubre de 2015
Revista nº 450

Once lagos, extendidos como los dedos de las manos, dan nombre a la región de Finger Lakes, encajada entre el gran lago Ontario y el estado de Pensilvania. A cinco horas de coche o una escasa de avión –muy bien comunicada, con varios vuelos diarios–, la distancia entre Finger Lakes y la ciudad de Nueva York es apenas un tiro de piedra para las dimensiones geográficas de Estados Unidos.

Esta situación de privilegio ha favorecido la distribución de los vinos y, de paso, de otros productos agroalimentarios como quesos, mermeladas, chocolates, embutidos, galletas... elaborados en la zona, que están abasteciendo el insaciable apetito de los neoyorkinos por los productos de proximidad. ¿Y qué hay más próximo a la ciudad que presume de insomnio que los New York Wines, como etiquetan sus vinos algunos bodegueros de Finger Lakes?

Pero antes de aparecer referenciados en el mapa enoturístico y ocupar un sitio en las apretadas y muy codiciadas estanterías de la Gran Manzana, fue preciso realizar una revolución enológica –en algunos casos, también legislativa–, apoyarla con una potente campaña de promoción e información que barriera la mala imagen del pasado: “hasta casi finales de los años 70, los vinos de Finger Lakes estaban asociados a baja calidad, tan dulzones que parecían melaza; se elaboraban con la variedad autóctona ‘vidal’ y por lo general se comercializaban a granel, en bidones de dos litros” –dice la propietaria de la pequeña bodega Standing Stone–. 

Scott Osborn, de la firma Fox Run, tuvo que promover un plebiscito ¡ganado por un solo voto!, para modificar la legislación vigente en ese Condado que expresamente prohibía a los productores la venta y consumo, a pie de bodega, de los vinos que elaboraban.

Como otras bodegas de la zona, Fox Run es un complejo enoturístico cuya oferta incluye degustación y venta de vinos y productos de la región, restaurante y, a veces, hasta parque infantil. Del gran aparcamiento, con espacios reservados para autocares y limusinas, salen grupos bulliciosos –probablemente no sea ésta la primera parada de su excursión enológica– que catan y compran vinos, tal vez coman en el restaurante y adquieran gorras, camisetas, bufandas, llaveros... con el anagrama de la bodega.

“Estamos recibiendo un promedio de unos cien mil visitantes al año” –dice Osborn– para añadir, haciendo un guiño cómplice, que cambiar la ley había merecido la pena. ¡Qué extraña relación amor-odio mantienen los estadounidenses con las bebidas alcohólicas!

Vinos de hielo

Las bodegas –unas 300 hoy, apenas 60 en los años 70– de las que dicen, sólo unas cuarenta están inmersas en la revolución enológica, se sitúan en las inmediaciones de los lagos Canandaigua, Seneca, Cayuga y Keuka, las grandes concentraciones de agua dulce, enormes sería el adjetivo adecuado para las superficies de160-180 km2, profundidades de 145-180 m y longitudes de 60-75 km del Cayuga y el Seneca, a fin de proteger los viñedos bajo el termostato natural de los lagos, una fuente continua de calor. 

No obstante, los termómetros pueden descender hasta los 15ºC bajo cero y helar los frutos, ya pletóricos de azúcar, circunstancia que los productores han aprovechado para elaborar excelentes vinos de hielo como en el vecino Canadá, casi siempre monovarietales de vidal, variedad poseedora de una amplia paleta aromática: frutas exóticas (mango, papaya, piña); cítricos (naranja, pomelo); especias (nuez moscada, canela, vainilla) y toques tostados.

Durante nuestra visita, a finales de septiembre, los viñedos de Hunt Country, en el lago Keuka, ya habían recibido la primera helada y las uvas, sin la protección térmica de las hojas, iniciaban el proceso alternando la congelación con la descongelación, acumulando azúcar hasta el momento de la vendimia, “aunque depende mucho de la temperatura, solemos recoger las uvas a principios de noviembre, siempre por la noche, a unos ocho grados bajo cero” –manifestó Hedy, miembro de la sexta generación de viticultores– mostrando la pequeña prensa donde siguen elaborando hoy, igual que sus antepasados, su reconocido ice wine.

En busca de la variedad

Los ‘nuevos bodegueros’ de Finger Lake –no importa la edad, sino los métodos de vinificación para pertenecer al grupo–, continúan experimentando con variedades blancas y tintas que se adapten a esa climatología. La chardonnay, con las germánicas riesling y gewüztraminer, introducidas éstas por el Dr. Konstantin Frank de la bodega homónima en los años 70, uno de los grandes promotores de la región, están dando buenos resultados, aunque la última, dicen en Hunt Country, se vendía muy mal –significa que muchos han dejado de cultivarla– porque es difícil de pronunciar. También abandonaron la confianza en la pinot noir, ante cuyos encantos –y promoción– cayeron rendidos. Hoy reconocen, entre bromas y veras, que lo peor que le pudo pasar a la pinot noir fue la película ‘Entre copas’.

Las esperanzas están puestas en lemberger, pinot gris, cabernet sauvignon y merlot, variedades presentes en monovarietales o coupages de los nuevos tintos; vinos que, en líneas generales y basándonos en los que catamos, resultan aromáticos, bastante potentes en nariz, algo flojos en boca y demasiado dulzones para el paladar europeo pero que parecen complacer al consumidor norteamericano, podría decirse neoyorkino, su mejor y prácticamente único mercado.

Coincidió nuestra visita cuando el otoño desplegaba sus mejores galas; el paisaje, como una pintura postimpresionista, exhibía toda la gama de verdes, ocres, amarillos y pinceladas de intenso rojo; los lagos, tranquilos como espejos, parecían empañados bajo el vaho del cielo gris. Finger Lakes es el otro pulmón de Nueva York; menos elitista que Long Island y, en consecuencia, económicamente más accesible, favorece la práctica de los deportes al aire libre a los estresados urbanitas. Y sus vinos, en especial rieslings y chardonnays, sin pretender equipararse con el gigante californiano, son el pequeño David que va ensanchando el espacio en el competitivo, exclusivo y deseado mercado neoyorkino.



Etiquetas: vinos nueva york, finger lakes, Nueva York, entre lagos,

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