Entrevista a Antonio Catalán

El hombre que AC hoteles

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Autor: Maricar de la Sierra
Autor Imágenes: AC Hoteles
Fecha Publicación Revista: 01 de enero de 1970
Fecha Publicación Web: 07 de agosto de 2017

Tiene una mañana de locos, según me confirma su asesora, pero en su despacho moderno y luminoso del AC situado en la urbanización madrileña La Finca, Antonio Catalán parece relajado y resulta un ameno conversador interesado en el mundo que le rodea, no solamente el de sus hoteles. No tiene nada de soberbio, pero algo me dice que sí sabe lo que vale. Sin embargo resulta cercano, sonriente y con gran sentido del humor.

Navarro, de Corella, estudió empresariales, aunque sus resultados no sobresalieron de la media de la clase. Pero por su sangre corría la vena empresarial. Antes de los 30 años abre su primer hotel, la base sobre la que construiría la mayor cadena de hoteles urbanos de España. En 1997 vende todas sus participaciones y, en lugar de retirarse a vivir de las rentas, emprende un nuevo proyecto, AC, con las iniciales de sus tres hijas: Alicia, Alejandra y Carlota, que hoy cuenta con más de 80 establecimientos y un prometedor futuro en Europa y Latinoamérica, tras su alianza hace un año con Marriot. Trabajador incansable, todavía consigue tiempo para sus tres pasiones: la pintura contemporánea, el ciclismo y su Navarra natal.

Club de Gourmets- Su primer hotel a los 29 años y  hoy con más de 80 establecimientos y creciendo. Es mucho para alguien que se autodefine como una “mediocridad bien aprovechada” ¿no?

Antonio Catalán- Históricamente empecé en un momento muy bueno, lo que no tiene mucho mérito. La mayor parte de la gente se hace empresaria por necesidad. En mi caso, se juntaron la educación y la necesidad. Mi padre, recientemente fallecido, primero tenía un taxi, después una gasolinera y después se convirtió en un auténtico cacique. Nos decía que si el padre es pastor, el hijo tiene que ser ganadero. Así que nos obligó a tener estudios; creo que pensó que él no tenía formación, pero que si nosotros parecíamos tan listos como él, ya nos explicaría después qué es ser listos y nos comeríamos el mundo. No había forma de volver a casa sin terminar.

Empecé en Sancho el Fuerte, que era un hotel de carretera donde nos tenía trabajando a los chicos de 8 de la mañana a 10 de la noche, sin vacaciones; solo las chicas se iban de vacaciones. Era la mentalidad de la época. Yo quería independizarme, estaba esperando mi primer hijo y me lancé.

E inaugura el Ciudad de Pamplona...

Sí. Cuando los recursos son escasos, más que una gran dosis de valentía, necesitas un alto nivel de  inconsciencia. Inauguré el Ciudad de Pamplona y fue una especie de milagro de los panes y los peces. Ahí hice mi primer negocio, vendiendo el 30% por diez. No era que fuéramos muy listos, sino que el momento era espectacular porque en España faltaba de todo. Con una gran ventaja, que los competidores estaban durmiendo la siesta.

Yo era un pipiolo pero se me ocurrían algunas ideas como doblar el precio de los hoteles en San Fermín. A los hoteleros clásicos les pareció una buena idea y, desde entonces, se dobla el precio de las habitaciones en esas fechas. Ahí empezó nuestra historia, de uno a dos, de dos a tres…

Consigue montar una cadena de referencia como NH y la vende en 1997 ¿Hay un porqué?

Realmente me la compran. Entra en juego Cofir, un fondo de capital riesgo donde estaban los Albertos, el BBVA, Benedetti –que era como el capo europeo–, los Ibarra, Álvarez Rendueles… y entonces se produjo una especie de disfunción intelectual entre lo que es un empresario y un fondo de capital riesgo. Sus objetivos son puramente financieros, pero los empresarios tenemos otra mentalidad, momentos incluso de locura. He tenido oportunidades de vender AC incluso en los tiempos súper álgidos, pero hay una clase empresarial que se cree lo que hace.

Tuvimos un momento muy complicado en 2008, no solo era una crisis sectorial, sino un tiempo de cambio en el que hay una crisis multisectorial. Es una encrucijada donde hay que tomar muchas decisiones muy complejas, en cualquier sector. Antes eran las cosas normales, terminabas tu carrera, te ponías a trabajar. Ahora terminas la carrera ¿y qué? Nosotros, por ejemplo, tenemos en la web 57.000 personas que solicitan trabajo.

¿Cómo afecta esta situación a los hoteles?

Los hoteles, durante cincuenta años, han sido lo mismo: una cama, un baño, un servicio. Es verdad que le hemos añadido televisión en color, mando a distancia… pero la actualidad es complicada. Existen muchos establecimientos que no pagan la Seguridad Social, estamos en una competencia extraña.

Hay un momento clave, que se pasa del mercado de la demanda al mercado de la oferta. Éramos un sector muy fácil donde los clientes venían a nosotros. Hoy ya no. Soy muy ciclista y hago esta comparación: ahora te levantas por la mañana y piensas, bueno, hay que subir un puerto de primera categoría. Llegas abajo y te encuentras con otro puerto de primera categoría. El esfuerzo es permanente.

¿En que momento se le ocurre montar AC?

Cuando estaba vendiendo NH pensaba que no podría pasar mucho tiempo sin hacer nada. De hecho, desde que cobré hasta que empezaron las primeras operaciones pasaron solo dos meses. Pero ese lapsus en el que no tenía nada que pagar, fue una experiencia. Tenía claro qué es lo que sé hacer, que entre los millones de errores que había cometido en el primer proyecto, podría tener la oportunidad de emprender uno nuevo, y lo haríamos mejor.

Mantuvo dos hoteles de cinco estrellas en AC, ¿el Santo Mauro es la niña de sus ojos?

Sí, ahora son Autograph, una de las marcas de Marriot. Somos la marca de 4 estrellas de Marriot, el hotel moderno y eficiente. Nuestros competidores ahora, aparte de todo el mundo, son las propias marcas de Marriot, y tenemos que ser más eficaces que ellos.

Estoy encantado porque Marriot es una compañía muy humanizada, donde no vale todo, ni únicamente los resultados. Tienen la misma filosofía, aunque ellos en grande. Voy mucho al Santo Mauro, que es espectacular, pero el primero siempre es el que tiene más historia. Aunque intento no coger cariño a los hoteles.

¿Siempre ha dado mucha importancia a la gastronomía en sus hoteles?

Sí, fui de los primeros en lanzar que los restaurantes de hotel tenían que tener su propia personalidad. Yo monté el tema de Adrià con NH, aunque con otra idea de como terminó siendo. Le había conocido en una boda de un cuñado mío y le ofrecí el Eurobuilding porque en ese momento me pareció todo muy original. Pero ahora la situación es distinta; a la gente le cuesta entender un restaurante de hotel. 

En general, entienden cada vez menos de gastronomía. En España hay un nivel mucho más alto, el fenómeno Adrià, Santamaría,  Arzak, o Ruscadella es magnífico. Aquí se come hoy mejor que en Francia, sin duda, pero la media ha bajado. En los establecimientos te llevas una sorpresa espectacular. ¿Cuál es el plato estrella de un AC de 4****? Una hamburguesa, muy bien montada, eso sí, ensaladas, o albóndigas. En el hotel nadie come y cena cuando no le apetece salir; prefiere ir a un sitio donde haya gente y tomarse unos huevos estrellados, como los extranjeros que se mueren por ir a Lucio.

Sin embargo, los hoteles se están convirtiendo en un refugio para la alta gastronomía

Sí, de alta gastronomía. Nosotros tenemos en el hotel de Gerona a los Roca, a Enrique Martínez en Tudela y L’Escaleta en Alcoy. Pero más que los grandes cocineros estén en los hoteles es que les hemos dejados espacio en los hoteles. Es una operación de marketing, que nadie se equivoque. El hotel mejor donde se come en Madrid es el Santo Mauro, con un magnífico cocinero como Carlos Posadas. Hay otros casos como Kabuki, donde se come fenomenal, pero es Kabuki, no el Wellington.

En sus hoteles sí se apuesta por los desayunos

En España la gente quiere un desayuno con productos de primera calidad, que haya de todo. El fenómeno de los desayunos es curioso porque varía mucho. De lunes a jueves, la gente tiene prisa, se ha mirado al espejo en pelotas cinco minutos antes de bajar a desayunar y lo hace comprometido a no comer mucho. En fin de semana la gente desayuna fuerte.

Es bastante excepcional que en los AC los minibares sean gratuitos

Sí, absolutamente. La verdad es que el coste no es muy alto. Pero es muy cómodo, si llegas a un hotel ya esperas para hacer el check-in, pero si además tienes que esperar  porque quieres un agua o un refresco, es un rollo. Es puro marketing. Ahora estamos experimentando una nueva fórmula, que descubrí en Marriot en los Estados Unidos: montar un espacio en el lobby donde puedas encontrar un poco de todo, desde comida hasta unas tiritas, lo que necesites.

¿Alguno de sus hijos sigue su estela?

El tema de la sucesión en las empresas familiares resulta muy complicado. Lo que quiero es que mis seis hijos sean felices. Dos están aquí conmigo, el mayor llevando Europa y el segundo como vicepresidente de la rama comercial. Con la operación con Marriot, está claro que mis hijos serán AC Marriot o solo Marriot. No tiene marcha atrás, somos una marca de Marriot para lo bueno y lo malo.

Como buen navarro, ¿cocina vasco-navarra siempre?

Siempre no, me he vuelto más abierto. Pero creo que a la gente, en general, le gusta más la cocina tradicional, el pescado, pescado; y la carne, carne, y a mí también.

Viaja mucho ¿prueba la gastronomía de los países que visita?

Sí. Ahora que voy mucho a Latinoamérica pruebo muchas cosas, en Perú por ejemplo. Soy un mal gastrónomo, pero sí me pueden preguntar sobre los chiringuitos de carretera, dónde se come una buena tortilla de patatas o el mejor pepito de ternera. Pero no me muero por ir a cenar a un sitio.

Algunos de los lugares a los que siempre vuelve

Siempre que voy a Can Roca me encanta y me gusta mucho ir a Arzak. El Bulli me parecía una experiencia, algo casi surrealista, lo más.

Un navarro al que no le gusta el vino, no me diga que tampoco le gustan las verduras

No, no bebo vino y no tengo edad de entrar en el mundo del vino. Mi hijo Ignacio es el que selecciona los vinos, entiende y le gusta la gastronomía. Tengo una buena bodega en casa porque si vienes a cenar, el vino no puede fallar. Me encantan unas verduras bien hechas.

Su gran pasión es la pintura contemporánea, ¿tiene una buena colección?

Sí, es mi pasión, junto al ciclismo y Navarra, claro.
 

¿Sigue haciendo el Camino de Santiago?

Llevo 21 años consecutivos haciéndolo. Con una media entre 160 y 200 km diarios. Hace dos años le dije a mi hija Carlota, que terminó la carrera a los 21 años, es traductora en la ONU y pronto empezará a trabajar en el Tribunal de la Haya: tienes que venir conmigo.

Después de convencer a tanta gente, ella no había venido. Se estuvo preparando y vino ese año con algunas amigas y lo pasaron muy bien. Mis hijas son solidarias, han estado en Perú y eso ha salido muy caro, porque a su vuelta hemos hecho un hospital allá arriba.

Así que está en forma…

Claro. Además, ahora tengo que estar todo el año, porque a los 40  puedes permitirte saltártelo, pero a los 40 y 23 que he cumplido no.

Usted, que es un optimista genético ¿cree que hay una receta para salir de la crisis?

Creo que hay ciclos, pero es muy importante levantarse por la mañana y empujar. Vamos a salir seguro.

Termina la entrevista. Una interesante entrevista para mí y creo que para Antonio Catalán, casi un rato de tranquilidad, en una mañana a contrareloj.

 

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