El queso fresco más emblemático de España da un paso histórico. La Unión Europea ha incorporado oficialmente al Queso de Burgos en el registro de productos con Indicación Geográfica Protegida (IGP), un sello que refuerza su prestigio, protege su origen y garantiza su autenticidad. Este reconocimiento respalda una tradición quesera que hunde sus raíces en siglos de historia y que ha convertido al Queso de Burgos en un alimento imprescindible dentro de la gastronomía española. A partir de ahora, únicamente podrán llevar su nombre aquellas piezas elaboradas bajo los estándares de calidad recogidos en la normativa y producidas en la provincia de Burgos.
Durante años, el uso del nombre “Queso de Burgos” ha sido objeto de debate, al tratarse del único queso fresco vinculado a un territorio en España. Con la obtención de la IGP, se pone fin a esa incertidumbre y se establece un marco legal que permitirá a las empresas acogerse a esta denominación de forma regulada, con un periodo transitorio de tres años. Entre las compañías autorizadas para comercializarlo bajo la IGP figuran nombres como Mantequerías Arias, Grupo Lactalis Iberia, El Gran Cardenal o Palancares Alimentación, entre otros.
De forma cilíndrica y disponible en piezas que van desde los 250 gramos hasta más de dos kilos, el Queso de Burgos se elabora con leche pasteurizada de vaca y oveja, sin maduración, lo que le confiere una textura tierna, un sabor lácteo limpio y una gran versatilidad en la cocina. Su carácter saludable, unido a la tradición y autenticidad que lo respaldan, lo han convertido en un producto icónico que ahora, con la IGP, no solo se preserva frente a imitaciones, sino que también se impulsa en el mercado europeo e internacional.