Viaje a Islandia

Naturaleza indómita

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Autor: Enrique Domínguez Uceta
Autor Imágenes: Enrique Domínguez Uceta
Fecha Publicación Revista: 01 de septiembre de 2016
Fecha Publicación Web: 31 de agosto de 2016

Adentrarse en un recorrido por el país ofrece vivencias genuinas, propias de un viaje a territorios extremos, sin salir del confort y la calidad de vida de la Europa nórdica, incluyendo la gastronómica. En verano es fácil comprobar que el mapa de Islandia se encuentra colgado en la línea del Círculo Polar Ártico, tangente por el norte a la isla, porque el Sol de Medianoche se contempla claramente desde la costa septentrional, y en todo el país se mantiene la claridad en el cielo incluso durante la noche.

Las largas horas de luz dorada realzan la belleza de las formaciones volcánicas, con más de doscientos conos en una superficie poco mayor que la de Castilla y León. La mayoría de los 330.000 islandeses viven junto a la carretera que rodea la isla, quedando el resto del paisaje salvaje, intacto, con una décima parte cubierta por glaciares, y una meseta central que permanece helada durante meses, aunque el calor del subsuelo permite que el agua corra en los ríos y lagos y salte en una colección de cascadas espectaculares.

La ciudad que nunca duerme

Se entra al país por Reikiavik, que reúne a 190.000 personas en una capital moderna, de casas esponjadas, coronadas por el edificio Perlan, el gran depósito que distribuye el agua caliente central, procedente de energía geotérmica, a toda la ciudad.

El centro urbano es reducido, acogedor, y se prolonga en el pequeño puerto del que salen los barcos de observación de cetáceos, frente a restaurantes que ofrecen pescado fresco de calidad como Fiskfélagið. En un radio de diez minutos caminando se encuentran el moderno Ayuntamiento, la Galería Nacional, el Reykjavik Art Museum, y el moderno edificio Harpa que ganó el premio Mies van der Rohe de arquitectura en 2013.

La calle más animada es Hverfisgata, y muy cerca se levanta la espectacular iglesia de Hallgríms, con silueta de nave espacial. Menos santa es la noche de Reikiavik, con numerosos locales muy animados, que justifican el apodo de la ciudad que nunca duerme. Quizá porque durante el día se relaja en una constelación de cálidas piscinas, ideales para conocer islandeses.

Alta calidad de vida    

La capital disfruta de las cocinas más selectas en un país que tuvo hasta 2008 una de las rentas per cápita más altas del mundo. La crisis financiera hundió su economía, pero ahora se reponen del desastre y la calidad de vida se mantiene. Una dirección recomendable es la del restaurante Grillið, en la planta alta del hotel Radisson Blu Saga, a cargo del chef local más laureado, Denis Grbic, que prepara deliciosos ahumados de trucha ártica y de ciervo, y un sensacional cordero al horno.

El chef Hrefna Sætran ofrece en The Fish Market una mágica fusión de pescados islandeses y técnicas japonesas. En Gallery combinan productos locales con una alta creatividad y reconocimiento internacional. Perlan cuida la materia prima de proximidad y aporta el sofisticado trabajo de su chef, Stefan Stefansson. Allí es posible coincidir con un Funeral Wake, la reunión gastronómica previa a un funeral, propia de los países nórdicos.

Para comprobar la alta reputación del perrito caliente islandés, nada mejor que probarlo en el quiosco Bajarins Beztu Pylsur, en el puerto. La gastronomía islandesa se concentra en un número reducido de productos de muy alta calidad. Con leche de vaca elaboran el skyr, un queso cremoso de bajo contenido graso presente en muchos postres.

Del agua limpia y fría de sus mares procede el marisco, el excelente bacalao de carne blanca y firme que fríen y rebozan de manera prodigiosa, y también la trucha ártica y el salmón, que ahúman con diversas mezclas de madera. Los corderos pastan en libertad en las tierras altas, dando una carne tierna de sabor limpio, y cuentan también con carnes de vacuno y reno. La ballena se encuentra en algunas mesas, al igual que el frailecillo, un ave que pasa el verano en las costas de Islandia.

Hortalizas bajo cero 

El esfuerzo de los islandeses para acceder a una dieta sana, rica en frutas y verduras es admirable. Han logrado cultivar sus propias hortalizas durante todo el año en granjas tecnológicas del tipo de Friðheimar, donde crecen suculentos tomates incluso en los oscuros días de invierno.

En la misma granja trabaja un restaurante gastronómico que sirve platos sanos elaborados con sus propios productos. Se puede tomar una deliciosa sopa de tomate con salsa de pepino junto a las tomateras, en el propio invernadero geotérmico, bajo la luz artificial que permite los cultivos.

La exaltación de la naturaleza 

Todo el país rebosa de maravillas naturales. Al oeste de la isla se extiende la salvaje península de Vestfirðir, que es un paraíso para las aves marinas. El este muestra paisajes de montañas escarpadas y largos fiordos, con glaciares que inundan de icebergs azules la laguna Jökulsárlón.

Las tierras altas del centro son ásperas y deshabitadas, con panoramas minerales de lavas y volcanes, de hielos y de lagunas de aguas termales, en las que el fuego del magma y los glaciares casi se tocan, en un entorno sin vegetación de belleza desolada.

Las maravillas del sur no están lejos de Reikiavik. Al este de la capital se encuentran el imprescindible Golden Circle formado por Þingvellir, Patrimonio de la Humanidad, Gullfoss, una de las cascadas más bellas del país, y el área de Geysir, donde surgen del suelo altas columnas de vapor provocadas por el encuentro entre el agua y el calor del subsuelo. El lugar ha dado nombre a los geiseres de todo el planeta. Þingvellir no sólo es el escenario natural que acogió el primer parlamento islandés en el año 930, el más antiguo del mundo, también es el lugar en el que se están separando las placas tectónicas de Eurasia y de América, haciendo emerger el magma que alimenta los volcanes de Islandia.

Una extensa depresión entre las paredes que forman el borde de las placas permite caminar sobre el idílico paisaje de la grieta que las separa. Otras cascadas cercanas a la capital, como Seljalands y Skóga, merecen una visita, aunque nada más agradable que bañarse al aire libre en las aguas calientes de la Laguna Azul, en verano o en invierno.

Entre fiordos y volcanes 

Una manera de conocer el país es alquilando un coche; otra posibilidad es realizar un vuelo de 45 minutos desde Reikiavik a Akureyri, en el norte, para descubrir los fiordos de Eijafjörður, Skjálfandi y Öxarfjörður, con vistas al Sol de Medianoche, antes de adentrase en el interior y visitar la región del lago Mývatn.

Akureyri es una ciudad pequeña, (18.000 habitantes) con un fiordo de 70 km, encerrado entre altas laderas. Casas de madera pintadas de colores se agrupan en torno a un centro urbano con una calle comercial, una gran librería, un museo de arte y restaurantes como Strikið, bastante formal, donde probar carne de ballena y hamburguesa de reno, o el más sencillo Akureyri Fish, fish&chips de bacalao. 

En el fiordo vecino se encuentra el diminuto pueblo de Húsavík, especializado en la pesca en el Ártico. Es el mejor lugar para avistar ballenas, a las que dedica un interesante museo. Los barcos de casco de madera logran una imagen intemporal junto a las casas coloridas de los pescadores, una de ellas convertida en el restaurante Gamli Baukur.

La carretera circular se despega de la costa en Akureyri y asciende hasta la meseta del lago Mývatn, en un entorno de escala descomunal, en el que se levantan los volcanes entre humedales que atraen en verano una gran número de aves migratorias. Desde el suelo se elevan altas columnas de vapor, y la lava oscura da forma al laberinto de Dimmuborgir, una ciudad de roca volcánica. La cueva de Grjótagjá, con sus cálidas aguas subterráneas, ha sido escenario de la serie Juego de Tronos, que explota el filón de los sobrecogedores paisajes islandeses rodando a menudo en el país.

El país más pacífico del planeta

La tradición y la innovación islandesas se dan la mano en nuevos locales cerca del lago Mývatn. En la granja-café y restaurante Vogafjós, sirven platos elaborados con productos de la granja ecológica.

El viaje alrededor del lago Mýtvan se conoce como el Diamond Circle, y no tiene nada que envidiar al Golden Circle del sur.

Asomarse al cráter del volcán Krafla y caminar entre las fumarolas y los barros hirvientes de Hverir puede ser el preámbulo de un delicioso baño en el balneario Jarðböðin, conocido como la Laguna Azul del Norte, desde cuyas aguas calientes, al aire libre, se contemplan los interminables crepúsculos estivales sobre la meseta.

Dos maravillas naturales completan la colección de experiencias, la poderosa cascada Detifoss, considerada la más potente de Europa, y el monumental colapso tectónico del cañón Ásbyrgi, en forma de herradura y con paredes verticales de cien metros de altura, que los antiguos vikingos creían la huella del caballo del dios Odín.

La dureza del paisaje islandés fue campo de entrenamiento de los astronautas que pisaron la Luna, pero también ha influido en el gusto de sus habitantes por humanizar la vida y el trato en su aprecio del confort y la sencillez, y en su apuesta por los productos naturales. Islandia se muestra como uno de los países más sorprendentes del mundo. El que cuenta con menor densidad de habitantes de Europa, el más pacífico del planeta y el número uno en igualdad de género. Diferente y sensacional. 

Guía práctica

Cómo llegar

WOW Air vuela desde Barcelona (390 €) y Alicante (240 €) a Reikiavik.  Islandtours ofrece viajes a Islandia en cualquier época del año.

Dónde comer

Grillið — Reikiavik

En la última planta del hotel Radisson Blu Saga, el chef más laureado del país, Denis Grbic, elabora deliciosos ahumados y un memorable cordero al horno en un marco de excelencia gastronómica. (75 €)

The Fish Market — Reikiavik

Extraordinarios productos naturales y pescados de máxima calidad para la cocina exquisita de la chef Hrefna Sætran. En un sencillo edificio histórico del centro de Reikiavik. (50 €)

Perlan — Reikiavik

Uno de los restaurantes más importantes del país donde Stefan Stefansson, aporta su conocimiento de la cocina francesa. (80 €)

Grillmarkadurinn — Reikiavik

Cocina creativa (filete o mini hamburguesas de ballena)en un edificio art nouveau. (40 €)

Strikið — Akureyri

El chef Robert Hásler ofrece preparaciones de carne de ballena, de reno y de cordero. Agradable terraza en verano. (40 €)

Gamli Baukur — Húsavik

Típico restaurante marinero en el que trabajan con el pescado de sus propios barcos. (25 €)

Vogafjós — Lago Mývatn

Granja-restaurante a orillas del lago con productos propios; ellos mismos ahúman la carne de ovino y bovino.

(30 €)

Dónde dormir

Hotel Radisson Blu Saga  — Reikiavik

Un clásico a diez minutos del centro, con excelentes vistas sobre la ciudad y sobre el mar y la costa. Acogedoras habitaciones, excelente servicio y spa gratuito. Hab. doble 299 €

Center Hotel Arnarhvoll — Reikiavik

Establecimiento muy céntrico inaugurado en 2007, con habitaciones de diseño nórdico, cómodo, funcional y con muy buen servicio. Pertenece a un grupo con varios hoteles en el corazón de la capital. Hab. doble 270 €.

Hotel Laxá — Lago Mývatn

Nuevo hotel de lujo de diseño minimalista abierto en 2014. Integrado en la naturaleza, ofrece vistas únicas del lago y los volcanes desde sus amplias habitaciones. Cuenta con buen restaurante. Hab. doble 266 €

Litli Geysir Hotel Geysir — Haukadalur

Confortable alojamiento en plena naturaleza, inmediato a los geiseres, acogedor y desenfadado. También ofrecen cabañas de dos habitaciones en el entorno del hotel. Hab. doble 142 €

 

Etiquetas: viajes, volcanes, Islandia, Reikiavik,

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