Rías Baixas de guarda

La virtud de la longevidad

El albariño de guarda fue una opción discutida y poco entendida cuando, hace cuarenta años, imperaba el joven, fresco y afrutado. Hoy está claro que ha sido un acierto indiscutible que posiciona a Rías Baixas entre los grandes blancos del mundo.

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Por Mar Romero

Publicación Revista: 01/07/2024

Publicación Web: 07/08/2024

El camino no ha sido fácil y mucho menos para los pioneros que decidieron dar otras opciones a la uva albariño que no fuera su consumo a los pocos meses de su vendimia pues el discurso de la juventud supuso que se despreciara cualquier vino que tuviera más de dos años. En las escasas excepciones asisti-mos a lo que son ahora verdaderas joyas enológicas donde el tiempo sólo les ha aportado virtudes, aunque en la mayo-ría de ocasiones la producción haya sido muy limitada, pues no siempre se dan las condiciones ideales de cultivo para poder elaborarlos.

Rompiendo esquemas

En los años 80 y 90 el reglamento del Consejo Regulador de Rías Baixas no contemplaba la posibilidad de un proceso de crianza en roble para los albariños, sin embargo, hubo pioneros y atrevidos que decidieron investigar, sobre todo en el Valle del Salnés, apostando por ver cómo se comportaba la barrica en algunas partidas de sus vinos, al estilo de los blancos de Borgoña. Bien es cierto que en aquellos inicios el aporte de ésta no era precisamente sutil, de ahí que algunos piensen todavía que albariño y madera no sean la pareja ideal. Aun así, hubo marcas que sacudieron el escenario, dejando por los suelos esta teoría como el primer Limousin de la bodega Granbazán o el mítico Albariño de Fefiñanes Gran Reserva, considerado durante mucho tiempo uno de los grandes blancos españoles. Fue precisamente por ese antecedente por lo que su propietario Juan Gil de Araújo, decidió elaborar 1583 Albariño de Fefiñanes en 1995, continuando así la tradición de la madera pero sin olvidar el acero, como demostró en 2004 cuando salió al mercado Albariño de Fefiñanes III Año. Algo más tarde, desde la añada 2009, La Comtesse de Pazo Barrantes ha demostrado el enorme potencial de esta variedad, con una meticulosa elaboración y cuidadoso envejecimiento en tinos de roble. “El año pasado, tomamos la difícil decisión de retirar del mercado nuestro Gran Vino Pazo Barrantes durante dos años para regalarle una crianza más consentida, un embotellado más tardío y un proceso de maduración en botella más reposado. La apuesta por la excelencia ha merecido sin duda la pena” destaca su presidente, Vicente Dalmau Cebrián-Sagarriga.

Sobre lías

Desde sus primeros pasos algunas bodegas apostaron por la espera en el embotellado y hacer una clara concesión al tiempo sin la intervención de la madera, manejando las lías en depósito, como Marisol Bueno, persona clave en el desarrollo y en la proyección de Rías Baixas desde su bodega Pazo de Señoráns. En la vendimia de 1995 dieron el salto con su primera y admirada Selección de Añada, donde el vino madura en los propios depósitos de acero durante treinta meses sin ninguna intervención de la madera y tarda diez años en salir al mercado. “La añada no es una fecha de caducidad, sino un indicador de la complejidad del vino” comenta la que fuera primera presidenta de esta DO. Gerardo Méndez, otro de los grandes impulsores, desde sus inicios hizo una apuesta seria por los vinos de calidad. Su Do Ferreiro Cepas Vellas procedente de las viñas centenarias de su finca Galiñanes al pie de la casa familiar, sólo se elabora en añadas excepcionales; se cría a lo largo de 12 meses en sus lías y sale al mercado en el segundo año posterior a la cosecha. Un portentoso albariño lleno de complejidad y equilibrio que ha roto mitos sobre los blancos. En la subzona Condado de Tea, la bodega La Val, hoy propiedad de CVNE, se encuentra entre los pioneros en la elaboración de los vinos de guarda. Su primera añada de La Val sobre lías en 2003 procede de uvas de una finca seleccionada y una larga estancia con sus propias lías. Esta apuesta se verá magnificada con la añada 2019 que saldrá en breve al mercado con el nuevo nombre de La Val Gran Añada y una edición limitada de 7.000 botellas. En Condes de Albarei, la producción de uva siempre se guardó sin la intervención de la madera, manejando las lías en depósito. Desde que en 2008 se hizo cargo de Pazo Baión, su vino principal nunca sale al mercado antes de uno o dos años desde la vendimia y su vino de parcela, Vides de Fontán, “se elabora parte en tinas de madera de roble francés de pequeña capacidad y parte en huevos de hormigón, donde permanece un año con sus lías, luego se ensambla y permanece en depósito otro año más para ser embotellado en su tercer año”, explica su enólogo Pepe Hidalgo.

Hoy es el tiempo el que les ha dado la razón y cada día son más las bodegas que buscan la complejidad evolutiva en sus vinos, marcando ese camino a la excelencia como la bodega Fillaboa, que desde el año 2000 elabora su albariño con 12 meses de crianza sobre lías, “posteriormente hemos ido realizando crianzas más largas, hasta la salida al mercado, en 2017, de La Fillaboa 1898 añada 2010” cuenta su enóloga Isabel Salgado.

El panorama actual

En los últimos años, se ha aumentado también el volumen de producción y el número de bodegas que se ha incorporado a esta línea supera el centenar con propuestas con las que han visto compensación a través de la espera. Una opción que ha demostrado tener éxito y que el consumidor ha sabido entender y apreciar de manera que la demanda ha crecido. Aunque el debate sobre el vino joven continúa, lo cierto es que las bodegas se han alejado de aquellos aromas exóticos y tropicales y de la excesiva acidez, aún para los que siguen apostando por adelantar fechas. Cuarenta años después de la creación de la DO, está claro que los vinos de Rías Baixas en el mercado se consideran de calidad y la capacidad de envejecimiento del albariño ya no es un motivo de discusión. No obstante, se ha visto que las posibilidades de esta uva son infinitas: el uso de depósitos de madera de otras dimensiones, maderas de acacia, fudres, la crianza en acero, hormigón, granito, la elaboración de espumosos e incluso vinos con botrytis noble.

Cada bodega elige su camino dependiendo del perfil que desea. El consumidor elegirá entre las muchas y diferentes opciones y momentos para disfrutarlo, desde el vino más sencillo con poco reposo en botellas, hasta el vino más complejo que ha requerido una larga espera. Lo cierto es que la albariño ha demostrado que los años le sientan bien.