Rías Baixas

Futuro perfecto

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Autor: Cristina Alcalá
Fecha Publicación Revista: 01 de mayo de 2019
Fecha Publicación Web: 03 de junio de 2019

La mayoría representan a la Generación X, nacidos entre 1965 y 1980, los que vieron el nacimiento de las nuevas tecnologías y que los sociólogos definen como participativos, comprometidos, activos, equilibrados y... felices.

En las nuevas caras de Rías Baixas la incógnita X está despejada. Después de unos años delicados, los aires de la DO están cambiando, y no solo han salido airosos de la crisis sino reforzados. Además, el relevo generacional está asegurado. Algunos siguen los pasos de sus padres y otros recogen el testigo de sus abuelos o retornan a su tierra con la ilusión de iniciar su propia andadura.

Jóvenes formados y viajados que comparten un denominador común e ideas similares. Todos expresan el buen ambiente que vive hoy la DO, la buena convivencia entre bodegas y la no rivalidad. Han crecido entre cepas y se sienten partícipes de una generación que se ayuda y comparte información; tienen una mentalidad más abierta y todos tienen como objetivo la calidad y la mirada optimista puesta en el futuro.

Los hijos de…

Llegaron con el trabajo hecho pero ya están demostrando su valía; se sienten tan orgullosos como responsables de ser los “hijos de”. Vicky Mareque tuvo claro que quería trabajar en Pazo de Señoráns. Hija de Marisol Bueno, que fue presidenta del CRDO Rías Baixas durante 21 años, es licenciada en ADE y la actual gerente de la empresa.

“Mi madre me transmitió el valor del esfuerzo del trabajo y la generosidad”. Asegura Vicky que trabaja muy bien con su madre y que juntas se complementan. Creyente en la variedad albariño considera que el futuro de la zona pasa por la profesionalización en el campo, la sostenibilidad y la materia prima, “hay que crecer en valor y no jugar la carta fácil del volumen.”

Mauro Rodríguez, máster en Química Teórica, tampocó dudó cuando su padre le planteó trabajar con él. Hijo de Pepe Rodríguez, uno de los fundadores de Terras Gauda y Adegas Galegas, comparten Gontán Family Wines, una asesoría integral a bodegas. “Admiro a mi padre porque no tiene límites en el cerebro y apuesta por las ideas. Estoy orgulloso de ser su hijo y no me supone ninguna losa”.

Sinceridad y constancia son sus valores heredados y aunque está en bodega le gusta más el campo “es donde realmente se hace el vino” y piensa que el reto de Rías Baixas es la investigación y dar más valor económico al vino.

Frescura generacional

Marta Castro nació en la finca familiar Lagar de Pintos y aunque de joven no le interesaba demasiado, no concibe su vida sin el vino. Estudió Ciencias Políticas y cursó el máster de Viticultura y Enología en Madrid. Desde hace 13 años lleva las riendas de la bodega con “compromiso y honradez”, los valores que le transmitió Pepe, su padre, del que dice tuvo suerte porque pudo hacer lo que quería y siempre la apoyó. “Para mí, el concepto de generación es como un concepto de estado. Heredar no puede ser un lastre pero hay que aportar algo más; hacemos vinos muy jóvenes y tenemos que apostar por los de guarda”.

Su primera añada oficial fue con 24 años y supo que iba a continuar el proyecto de su padre porque “hay capacidad de mejora”. dice Manuel Méndez, hijo de Gerardo Méndez (Do Ferreiro) quien, con su hermana Encarna son los continuadores de la bodega. Estudió el ciclo de Viticultura y Enología en A Granxa (Ponteareas) y dice ser bastante parecido a su padre “la toma de decisiones con él es fácil y siempre empezamos por la cata de uvas; a mi me gusta más la viña porque los vinos personales solo se consiguen con los viñedos y sin esfuerzo en el campo nunca vas a tener recompensa en la bodega”.

Ana Méndez es la directora de exportación y ventas del Grupo Reboreda Morgadío. Estudió ADE pero reconoce que aprendió más viajando por todo el mundo. De su padre, José Luis Méndez, destaca el trabajo y el esfuerzo: “es un apasionado del trabajo, un hombre con el valor de la templanza, aunque trabajar en familia es complicado porque el sector ha cambiado mucho”.

Ella aporta una visión innovadora, un cambio en el estilo de vinos, orientación hacia la calidad y una elaboración de vinos desde el viñedo. Cree que “Rías Baixas siempre está en ebullición y para mantener el ritmo no solo hay que vender una uva sino un conjunto y apostar por el enoturismo”. Emprendedora, Ana Méndez acaba de lanzar su proyecto personal Genus de Vinum, producciones de calidad en otras DDOO.

Ana Méndez es la directora de exportación y ventas del Grupo Reboreda Morgadío. Estudió ADE pero reconoce que aprendió más viajando por todo el mundo. De su padre, José Luis Méndez, destaca el trabajo y el esfuerzo: “es un apasionado del trabajo, un hombre con el valor de la templanza, aunque trabajar en familia es complicado porque el sector ha cambiado mucho”. Ella aporta una visión innovadora, un cambio en el estilo de vinos, orientación hacia la calidad y una elaboración de vinos desde el viñedo. Cree que “Rías Baixas siempre está en ebullición y para mantener el ritmo no solo hay que vender una uva sino un conjunto y apostar por el enoturismo”. Emprendedora, Ana Méndez acaba de lanzar su proyecto personal Genus de Vinum, producciones de calidad en otras DDOO.

Y las nuevas caras

Comprometidos, innovadores y luchadores, dirigen pequeñas bodegas con vinos que son radiografías de un paisaje.

Aunque solo se siente un elaborador, Rodrigo Méndez ha trazado una estela de seguidores sin proponérselo. Pionero en la elabo-ración de vino tinto, hace 18 años conoció al enólogo Raúl Pérez y así nació Forjas del Salnés. Su bodega es una nave experimental que invita a la reflexión. Asegura que el mejor albariño está por llegar y que hay que luchar para ser los mejores. “Mi apuesta fue elaborar vinos que durasen en el tiempo, trabajar con maderas viejas, fudres, tintos con crianza y recuperar variedades autóctonas elaborando no por parámetros sino por intuición porque cada año es distinto”. Elabora vinos de parcela, de pueblo y dice sentirse orgulloso de hacer vinos como lo hacían los paisanos, sin técnica.

Xurxo Alba es Albamar. “Lo mío no era estudiar, eran las uvas así que con 13 años me fui A Granxa (Ponteareas) y luego hice Ingeniería Técnico Agrícola en Lugo”. Comenzó a trabajar en una asesoría de bodegas hasta que en 2013 decidió dedicarse a tiempo completo a su bodega. Sus abuelos tenían viñedos, su padre aún poda las viñas que plantó en los 80. La bodega la comparte con la vivienda familiar “surgió en los 90, cuando la gente iba a la casa a tomar el vino que hacíamos y hasta ahora se mantiene”. Busca vinos sencillos, respetuosos, francos y con carácter, “Rías Baixas es una zona muy agradecida, es un paraíso, pero aún queda mucho por mejorar”.

La fuerza de la tierra

Rosa Pedrosa estudió investigación sobre viticultura en Madrid ( ETSI Agrónomos, El Socorro o proyecto Cenit-Demeter) y volvió a Pontevedra para crear Narupa Vinos junto a Fran y Ruth. Ella es un buen ejemplo de constancia y profesionalidad. Aplicando una viticultura racional recuperó la finca familiar Outeiral y en 2013 elaboró su primer vino, Alalá. “Mis abuelos tenían viñedos en Barrantes y la bodega estaba en casa; lo que busco es identificar vinos que se bebían antes y recuperar la identidad del albariño”. Y sorprenderá en breve con un vino de costa y otro de interior.

Chicho Moldes dejó su profesión de economista para dedicarse a su bodega Fulcro. Trabaja con diferentes tipos de suelos y apuesta por los tintos con el proyecto Aliaxe. “El futuro pasa por bodegas que abastezcan el mercado y por otras más pequeñas orientadas a la calidad; ahora hay mucha demanda pero me da miedo que se pierda la identidad”. Todos se ven igual o mejor dentro de una década, que en el mundo del vino no es nada. El futuro ya está aquí.

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