Son esos blancos tranquilos nacidos antaño para el consumo en la viña, de escasa graduación alcohólica y con variedades de uva autóctona cuya principal característica es reflejar la personalidad del territorio, esa tierra blanca formada a lo largo de siglos por sedimentación de microfósiles marinos llamada albariza, uno de los grandes elementos diferenciadores del marco de Jerez y uno de los pilares de su identidad.
La variedad es su riqueza
Vinos jóvenes que, incluso, pueden tener un poco de crianza en madera, en acero inoxidable o en tinajas de barro centenarias, bajo velo de flor o no, mostrando la salinidad, la tiza y la mineralidad pura del terruño sin el maquillaje del alcohol añadido. La muestra es un suma y sigue de elaboraciones exitosas de la mano de bodegas, algunas pioneras en la recuperación de estos históricos. Mirabrás de Bodegas Barbadillo con crianza en velo de flor o Alba Bilbaína, criado sobre lías; Socaire Oxidativo de Primitivo Collantes y los blancos de Valdespino que fermentan en botas de roble; Elisa de González Byass que pasa por botas donde antes se alojaron olorosos y amontillados; Muelle de Olaso con asoleo o La Escribana con crianza biológica, ambos de Luis Pérez; los Patrick Murphy de Santiago Jordi con crianzas estáticas en botas de diferentes jereces o el Vara y Pulgar de Alberto Orte, con mezcla de diversas uvas.
“Lejos de competir con los grandes vinos tradicionales del Marco, amplían el relato de la región y demuestran que Jerez puede emocionar desde expresiones muy diferentes, todas ellas profundamente ligadas a su origen”, cuenta Raúl Moreno, un vigneron que explora diferentes tipos de elaboración, buscando la mejor expresión. Su vino Destellos es la cara más artesanal de los nuevos vinos de pasto. Procede de los pagos Miraflores y Pastrana, en este caso con una pequeña cantidad de la variedad arinto que aporta acidez.
“El potencial del Marco va mucho más allá de los blancos, también puede dar lugar a rosados, claretes, tintos de perfil atlántico y vinos de guarda con una personalidad única. Creo que apenas hemos empezado a descubrir todo lo que este paisaje es capaz de ofrecer”.
Territorio Albariza
Este auge de los vinos de albariza gaditanos impulsó la creación en 2021 de Territorio Albariza, una asociación de viticultores y bodegas independientes — Luis Pérez, Antonio de La Riva, Callejuela, Collantes, Forlong, Meridiano Perdido, Muchada-Leclápart, Cota 45 y San Francisco Javier— unidos por una filosofía común basada en la viticultura tradicional en busca de la excelencia a través de selección de viñas y parcelas en los mejores y más emblemáticos pagos, algunos considerados los Grand Cru del Marco de Jerez, como Balbaína, Macharnudo, Miraflores, Pastrana… con cultivos ecológicos y vendimias de precisión buscando frescura y acidez, sin necesidad de una crianza longeva en bodega.
Algunos de estos enólogos como Willy Pérez –hijo de Luis Pérez, uno de los grandes nombres de la historia de Jerez– con el respaldo institucional de figuras como César Saldaña, presidente del Consejo Regulador de las DDOO Jerez-Xérès-Sherry, Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda y Vinagre de Jerez, llevan años defendiendo la recuperación de la identidad de la viña y una menor intervención en bodega. “Realmente, elaborar este o cualquier otro tipo de vino del Marco es una forma de representar quiénes somos y cómo nos relacionamos con nuestro territorio y con nuestra época. Los enólogos nos expresamos a través de un sabor capaz de definir nuestra generación”, explica Willy, que además de su trabajo en la bodega familiar, comparte proyecto con Ramiro Ibáñez en la bodega De La Riva. “Es un proyecto deliberadamente libre, con pocas reglas, que permite asumir riesgos, ensayar ideas y llevar hasta sus últimas consecuencias parcelas, vinos y formas de hacer que forman parte de la memoria de Jerez y que de alguna manera nos han emocionado”, concluye el coautor del vino La Riva San Cayetano 2024, reconocido como el mejor vino español en 2025 por el crítico estadounidense James Suckling y el primer blanco de Jerez en comercializarse en La Place de Bordeaux.
Al amparo normativo
Tras casi tres años de trabajo, en septiembre del pasado año se consensuó un borrador para la creación de la DO Vinos de Albariza. En palabras de César Saldaña “aunque pudiera aceptarse que este tipo de vinos blancos son vinos de Jerez, lo que está muy claro es que no son asimilables al concepto Sherry”. A lo que añade, “sin duda la irrupción de los vinos de pasto ha supuesto un revulsivo excepcional para el Marco, pero creo que todo forma parte de un proceso de reflexión interna y de adaptación, que es parte de la identidad de Jerez. No llevaríamos tantos siglos elaborando vinos de categoría mundial si fuéramos inmovilistas. Cuando a veces se nos acusa de inmovilismo no puedo por menos de pensar que se trata de afirmaciones que son fruto del desconocimiento”. Para Rocío Áspera y Álex Narváez que iniciaron el proyecto de Bodegas Forlong en 2014, encarnando el nuevo viñedo ecológico de El Puerto de Santa María, “estos vinos tranquilos son la herramienta perfecta para revalorizar los pagos y dar a conocer la riqueza de nuestros viñedos a quienes aún no se atreven con los vinos tradicionales. El amparo normativo nos va a dar un marco de calidad y una carta de presentación oficial que el mercado exterior valora mucho”.
El proyecto de pliego de condiciones de la nueva DO está sobre la mesa del Ministerio de Agricultura pendiente de elevarlo a la Comisión Europea para su registro y se espera que suceda en breve.
Un futuro internacional
La visión de todos ellos es más que positiva. Según Alejandro Muchada de la bodega Muchada-Léclapart de Sanlúcar de Barrameda, la única certificada en agricultura y vinificación biodinámica en Andalucía, estos vinos “son un camino hacia el futuro, ya que es la puerta de entrada para comprender la belleza, la complejidad y la riqueza de los vinos tradicionales. Estos vinos blancos hablan un lenguaje contemporáneo, que toda persona de todo lugar entiende: una variedad determinada y un suelo bien cultivado”. Un enfoque que comparten Alberto y Eduardo García –Bodegas Mauro– que se han incorporado recientemente cogiendo el relevo de David Léclapart y manteniendo los valores de sostenibilidad e innovación que han situado sus vinos tranquilos entre los más originales y relevantes del país.
La realidad es que estos vinos ya ocupan un lugar destacado en algunas de las mejores cartas de restaurantes y bares de vino del mundo. Según Willy Pérez, “los vinos de pasto ya están presentes en los mercados internacionales y en las grandes cartas de restaurantes dedica-dos al fine wine. Probablemente, contar con una protección los hará más legítimos, sobre todo en el mercado local”.