Entrevista Jorge Ordóñez

Embajador del vino

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Autor: Mayte Díez
Autor Imágenes: Jorge Ordóñez
Fecha Publicación Revista: 01 de octubre de 2017
Fecha Publicación Web: 13 de diciembre de 2017

Si conocer es amar, el malagueño Jorge Ordóñez pronto supo de qué iba la distribu­ción de vinos a través del negocio familiar. Y observar la escasa calidad de los blancos españoles que llegaban a Estados Unidos era un despropósito que debía subsanarse.

Aprovechando su visita al Grupo Gourmets –con los mejores 11 vinos de los 27 que ela­bora–, pudimos conversar con él entre cata y cata y reír a carcajadas ante las verdades como puños que soltaba salpimentadas con expresiones “políticamente incorrectas”.

Club de Gourmets– ¿En qué años empezó a exportar a Estados Unidos y por qué?

Jorge Ordóñez– Salvo un par de excepcio­nes, los vinos españoles que había en EEUU eran una porquería; todos muy baratos y muy malos. Se transportaban sin refrigerar, los blancos estaban marrones... Y además había mucho dumping; comprabas un Mon­tecillo más barato en Nueva York que en Haro. Yo pagué 1.500 pesetas por un Jean Leon chardonnay y en Boston lo encuentro a 9 $. Ya me dirás. Y se me ocurrió exportar albariño porque es una uva superior; fui a Rías Baixas, probé unos cuantos y como el que más gustó fue Martín Códax –entonces una bodega microscópica que solo hacía unas 5.000 cajas– empecé a exportarlo en el año 91.

¿Cómo fueron los primeros contactos?

Pues cuando yo iba a los restaurantes ga­llegos en Nueva York, que servían de todo menos cocina gallega, quitando algún pul­po... Unas paellas reconstituidas, gambas ultracongeladas... –su certera descripción del plato deja en cueros la mejor crítica gastronómica–, decían que el vino era de polvos porque en Galicia ya no quedaba albariño.

Pero usted insistía.

Naturalmente, porque sabía lo que llevaba. Así que empecé a vender Martín Códax a 12 dólares cuando los otros se vendían a 5. Un importador de vinos vascos me dijo que estaba totalmente equivocado y que si ven­día las 150 cajas seria afortunado. Luego se dedicó él también a importar albariño.

¿Le levantó el negocio?

Bueno, me ayudó bastante porque yo em­pecé a introducir otras cosas. El primer txacolí, el primer godello, el primer vino de Canarias –El Grifo– que por cierto me fer­mentó en los contenedores..., las primeras garnachas de Aragón…

¿Por qué se esforzaba en llevar variedades que allí desconocían?

Porque el mercado americano estaba copa­do por los vinos de Rioja y con el dumping, era la única forma de hacer algo distinto. Si quieres competir no tienes que ofrecer lo que ya hay, sino buscar algo diferente. Aparte, me di cuenta de que sus vinos blan­cos eran superiores a los nuestros y que la gente allí es muy poco marquista.

Es un mercado curioso que le gusta probar cosas nuevas. Durante 10 años fui el único expor­tador de txacolí; y con godello, que empe­zamos a exportar en el año 95, pasaron 6-7 años hasta que apareciera otro.

¿Cree que la variedad godello está de moda?

Sin lugar a dudas, sí. Cada día está más buscada. Esto va a rachas: antes fue verdejo, luego albariño y ahora, godello. Nosotros, con los viñedos más antiguos de la zona elaboramos Avancia Godello y Avan­cia Cuvée de O Godello; ¡y puedes asegurar que son 100% godello!, que ya sabéis cómo está el patio...

¿...?

A 28 centavos el kilo de palomino y a euro y medio la godello... El año pasado ya se pagó a 2 euros y medio. Y debido a las congela­ciones, las múltiples granizadas... Pues ha habido muy poca uva, apenas nada, pero como la demanda se ha incrementado... Y no todo es godello ¿eh? Yo he visto godellos que están marrones de la palomino. La mejor forma de pillar la palomino es en sep­tiembre, porque es cuando toma control de la nariz un vino. ¡Vamos, que de variedades autóctonas, nada de nada!

¿Y lo permiten los Consejos Reguladores?

Miran para otro lado y puedes hacer lo que quieras. En cambio, te ponen una multa por cualquier tecnicismo. ¡Nos pusieron una multa por echarle agua a un vino con 16º! Lo que pasa es que las máquinas las tienen mal calculadas y el análisis no es correcto, porque si yo microoxigeno el vino, me va a dar oxígeno, pero no es del agua. Si el vino fuera de 13º todavía... Pagué los 4.000 euros.

Es mejor pagar la multa que gastar el tiempo y el dinero en abogados, recursos, papeleo... Y luego, ya te digo. Échale palo­mino, doña maría... y guindas al pavo. Los Consejos Reguladores, desde mi punto de vista, no debían existir.

Nacieron precisamente para regular...

Pero se han convertido en un exceso de burocracia. Todo son papeles y controles absurdos. ¡Tenemos la misma inspección tres veces! Un bodeguero de Navarra me dijo que en su pequeña bodega, de 7 per­sonas, han tenido que contratar a una sólo para rellenar papeles ¿Eso es normal?

¿Por esa burocracia tuvieron que eliminar la palabra verdejo de la etiqueta de su vino?

Pues mira, ese es un ejemplo más de lo que te estoy diciendo. Porque el tío donde etiquetábamos me dijo que se iba de vaca­ciones. O sea, que nos dejó plantados. Y yo dije, vale, pues etiqueto en Valdeorras. Y va y llama al Consejo Regulador para pregun­tar si era legal etiquetar verdejo de Rueda en Valdeorras. Pues a las 10 de la mañana ya estaban los del Consejo investigando. Por aquí hay un vino de Rueda... Al final pagamos 5.000 pavos de multa contra los 40.000 que nos querían poner. Sin embargo, el otro se trae la uva de... en fin; camiones enteros. Lo sabemos, lo saben, es evidente y no pasa nada de nada. Es un asunto que apesta.

Huele mal, sí.

Es como poner al lobo cuidando lobos. Se protegen porque son de la misma camada.

Cambiemos de tercio. ¿Qué opinión le merecen los vinos biodinámicos?

Yo opino que... (Sonríe y se corta). El hecho de que un vino sea biodinámico no significa que sea bueno. Yo probé un verdejo que no llevaba sulfitos en el mes de junio, en Barbate, y no estaba mal. Volví a probar­lo en agosto y el vino había fermentado. Entonces, tú me dirás. Los abuelos hacían vinos naturales y eso tiene sentido, lo de los cuernos no. Pero hacer un pie de cuba natu­ral... ¡eso se ha hecho toda la vida!, no es el invento de los panes y los peces. Los vinos tienen que tener azufre; hay formas cada vez más modernas, porque estamos avan­zando, de reducir la cantidad que se añade, sobre todo si hay dinero para embotellarlos –es una cosa importante, ¿eh?– porque si no embotellas tienes que seguir echándole azufre sí o sí. Y es que todo tiene su justo balance. Cuando un vino está reducido, con sabor a palillo porque está sin despalillar... Pues no hay quien lo beba. Así de sencillo.

Entonces ¿qué es lo ecológico?

Utilizar menos productos químicos en los viñedos: herbicidas, fungicidas... produc­tos más naturales. Es que todo eso te lo bebes. Es mucho más importante volver a la agricultura tradicional que la m... esta de los vinos biodinámicos, naturales y todo eso. Yo creo que debe ser una agricultura natural a la antigua.

¿Qué características tiene ese tipo de agricultura?

La plantación en vaso, que produce menos, crea menos demanda sobre la planta, que como está más fuerte recibe menos ataques, llámale plagas. La espaldera en cambio produce mucho más y como no es un proceso natural, tiene que utilizar más productos químicos. O sea, que no entiendo que alguien trabaje una espaldera de 10.000 kilos y me diga que está haciendo vinos biodinámicos porque eso es mentira. Te vas a los conceptos de elaboración tradi­cional, las lunas y toda la mandanga... pero olvidas que los abuelos nunca producían tanta cantidad ni le echaban agua al vino. A nosotros nos gusta trabajar con viñas viejas, no las regamos y estamos en contra de la viña en espaldera. Es una auténtica regresión en el mundo del vino.

¿Se aprecian ya los efectos del cambio climático en el viñedo?

Precisamente este año en La Axarquía la vendimia* de Botani comenzó por primera vez a finales de julio, nueve días antes de lo que se venía haciendo por efecto de la ola de calor, aunque debo añadir, y eso son buenas noticias, que los viñedos se están adaptando muy bien al cambio climático.

Etiquetas: txacolí, , vino, bodegas, Jorge Ordóñez, albariño,

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