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Bodegas del mes

Dehesa del Carrizal syrah 2015

Elaborar vinos únicos, con singulares matices, de gran calidad y con mucha personalidad es la filosofía de Dehesa del Carrizal, una bodega que busca transmitir en sus elaboraciones la tierra donde nacen.

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Por Paloma Menéndez-Ondina

Publicación Revista: 01/04/2020

Publicación Web: 31/03/2020

En los Montes de Toledo, cerca del Parque Nacional de Cabañeros, entre las cuencas del Tajo y del Guadiana, se encuentra Dehesa del Carrizal, una bodega fundada en 1987 por Marcial Gómez Seiquera. El proyecto, que comenzó con tan solo 8 hectáreas de cabernet sauvignon, poco a poco fue creciendo hasta alcanzar las actuales 26 hectáreas a las que se han incorporado otras variedades como syrah, merlot, tempranillo, chardonnay y petit verdot.

Sembrar y cosechar

En poco más de treinta años esta bodega ha logrado importantes reconocimientos internacionales y altas calificaciones en las guías más prestigiosas del sector, demostrando que la juventud no está reñida con el éxito. El 2006 marca uno de sus hitos más importantes, ya que fue el año en el que obtuvieron el distintivo de Vino de Pago, la más alta calificación que contempla la legislación, por la gran calidad y personalidad que reflejan sus vinos. Una Denominación de Origen Protegida que tan solo ostentan 15 bodegas en la zona. Además, cuatro años más tarde, en 2010, la familia Villar Mir adquirió la bodega y desde 2016 cuentan con la asesoría del enólogo francés Stéphane Derenoncourt.

En armonía con la tierra

La privilegiada ubicación del pago permite una lenta y armoniosa maduración de la uva. No solo por su altura, a 800 metros o su clima templado con influencia atlántica, sino también gracias a sus suelos que han sufrido la erosión del agua, provocando una acumulación de arcillas y cantos cuarcíticos que influyen positivamente en el resultado final de estos singulares vinos.

“Respetamos mucho la tierra y además creemos que es la manera de hacer un buen vino: cuidarla para obtener una materia prima excelente y tratar esa materia con mimo, sin machacar la uva. Sin un respeto por la tierra no conseguiríamos vinos como los nuestros” explica Miguel Ángel Benito, enólogo de la bodega. La orientación del viñedo hacia el noroeste y su cuidadoso emparrado está meticulosamente estudiado para, por un lado, circular mejor entre las filas y, por otro, favorecer la exposición de las uvas al sol y conseguir su perfecta madurez.

Cada paso cuenta

Es en este punto cuando se lleva a cabo uno de los momentos más importantes de cualquier bodega, la vendimia –que en ocasiones se alarga hasta noviembre–. De manera completamente manual las uvas se depositan cuidadosamente en pequeñas cajas y son trasladadas a la bodega.

Aquí realizan la fermentación en su correspondiente cuba –madera francesa, hormigón o acero inoxidable– para, posteriormente, pasar al parque de barricas de roble francés donde descansan hasta el embotellado. “No creo que se haga un gran vino trabajando muy bien la bodega y sin prestar tanta atención al campo o viceversa. El secreto es estar pendiente en ambos lugares. Aquí nos esmeramos en el campo porque consideramos que obtener una uva de calidad es fundamental. Luego hay que trabajar mucho en bodega, por supuesto, pero sin una uva excepcional sería imposible conseguir un vino excepcional. ¿Claves? Elegir el momento de maduración exacto y acertar con los tiempos de maceración” comenta el enólogo.

El elegido

Dehesa del Carrizal syrah 2015, es un claro ejemplo de la excelencia y calidad que profesa la bodega. Una variedad que plantaron en la zona de la finca con el suelo más pobre, pedregoso y menos profundo con el objetivo de obtener toda su personalidad y matices. El resultado es más que satisfactorio y se puede apreciar en este potente monovarietal con gran amplitud y frescor, compañero perfecto de arroces, carnes rojas, caza, aves, estofados y quesos.