La bodega Cuatro Rayas (La Seca, Valladolid) ha inaugurado una serie de pinturas murales sobre los depósitos de hormigón de su nave central realizadas por Carlos Adeva como homenaje a los orígenes de la cooperativa y los viticultores que han formado parte de ella.
Fue en 1938, en plena Guerra Civil y bajo la presidencia de Félix Sanz, cuando los socios de la cooperativa decidieron reunir en grandes tinos de hormigón los vinos blancos que hasta entonces elaboraban de manera tradicional en sus casas, para comercializar conjuntamente el vino de todos. De aquellos primeros pasos surgió también la primera marca de la cooperativa, ‘Fino 61’, que tomó su nombre del depósito número 61, cuya mezcla era considerada, según cuentan, la de mayor calidad.
Carlos Adeva ha sido el encargado de realizar estas obras plasmando diferentes escenas que recuperan el imaginario vitivinícola a través de un lenguaje inspirado en la gráfica popular del siglo XX, en contraste con la austeridad monumental de la arquitectura industrial de los años treinta.
La presentación de los murales se ha celebrado en un acto entrañable en la propia nave central, inmersa estos días en el ritmo frenético de la vendimia 2026, la número 89 que viven estos depósitos desde aquel 1938. Junto a Carlos Adeva han participado socios veteranos de la Comisión Solera de Bodega Cuatro Rayas y miembros del Consejo Rector, en representación de los cerca de 300 socios y socias viticultores que integran la cooperativa.
Un encuentro entre generaciones alrededor de unos tinos que llevan casi nueve décadas ligados a la elaboración del vino y sobre los que ahora quedan plasmados algunos de los momentos, personas y símbolos que han marcado la trayectoria de Cuatro Rayas.